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Sería un error limitarse a ver cine: rindamos homenaje a las estrellas y los secundarios del firmamento... hostelero
17.09.09 -

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Zinemaldia (San Sebastián). Móntate tu película
No es conveniente verse las más de 500 películas que se proyectarán en el Zinemaldia. No es conveniente ni justo ni necesario y, además, roza la bulimia cinematográfica. Si está comprobado que el paladar de un ser humano más o menos normal no puede detectar, analizar y asumir más de cinco o seis sabores, aromas, fragancias a la vez (en el calificativo de normal no entran, por supuesto, ni los críticos gastronómicos ni los gargantúas ni los sumilleres ni los ‘narices’ que crean perfumes), está igualmente archicomputado que una criatura más o menos terrícola (se autoexcluyen los lagartos de ‘V’, E.T. y los comentaristas cinematográficos) no deben enfrentarse al peligro mortal de querer deglutir toda la sección oficial, más las perlas de Zabaltegi, las propuestas de la sección ‘Cine en construcción’ y, faltaría más, la proyección en la gigantesca pantalla del velódromo y en 3D de ‘Pesadilla antes de Navidad’.
Sería un craso error venir a Donostia en septiembre sólo a ver cine. Sobre todo cuando ya simplemente del teatro Principal al cine Príncipe hay una densidad de bares por esquina cuadrada que vuelve locos a los estudiosos de la geopolítica social alimenticia. Sería una locura estar en el Kursaal y, primo, no aprovechar que la playa de La Zurriola está al otro lado de los grandes ventanales. ¿Que olvidaron ustedes el traje de baño? Tranquilidad, aquí se admite con liberal indiferencia a los nudistas.
Pero ahora, vístanse y entren en el barrio de Gros, territorio a conquistar con una copa y un tenedor en la mano. No crean que si van andando del Principal a los cines Antiguo Berri han de mirar continuamente al océano y la bahía. Cierto que se acercan las mareas vivas de San Miguel y la mar está rebelde con causa, pero, si miran al otro lado, en la cuesta de Miraconcha se encontrarán con el bar Resaca, del que vamos a hablar en unas líneas. Un poco más arriba, por si desean continuar el peregrinaje cinematográfico, en una villa inquietante y cubierta por la hiedra, vive Iván Zulueta, el maestro vampírico de ‘Arrebato’.
Sean bienvenidos a Donostia, pero no se vean las 520 películas. Y, si han de aguardar hoy horas y horas sobre la alfombra estelar por ver a Brad Pitt, llévense en un termo un poco de vermú tal como lo prepara Roberto en su bar de General Arteche. Ahora mismo se lo contamos todo.
Descanso, cambio de bobina
Tampoco sería sagaz por su parte llegar a San Sebastián y perderse cualquier película por entrar en los más conocidos bares de la ciudad, esos que aparecen (con muchísima razón) en las guías gastronómicas de toda la Vía Láctea. A estas alturas ustedes ya saben de los hongos del Ganbara (calle San Jerónimo), de las huevas de merluza del Martínez (calle 31 de Agosto) y de los bocadillos de jamón de Casa Alcalde (calle Mayor) o La Cepa (31 de Agosto). Sin olvidar las maravillas de la plaza de la Consti: el Txistu, el Tamboril. Han probado las anchoas con coco del Txepetxa y la galleta de micuit del Zeruko (ambos en Pescadería), así que esta va a ser la edición del Festival de Cine que ustedes recordarán porque descubrieron sitios que no están en las guías para visitantes primerizos. O que, si lo están, resisten una segunda mirada. Y una tercera. Hasta una cuarta. Este año puede ser aquel en que se maravillaron con la película ‘Mother’, se compraron el guión de ‘Malditos bastardos’, alucinaron con ‘Vengeance’ de Johnnie To y… se tomaron una ensalada de tomate en el Néstor (también en Pescadería).
A más: no fueron del Principal al Príncipe por la calle Mayor y 31 de Agosto, que es lo que ordena Lonely Planet, sino que desde la plaza de la Trinidad entraron por la vereda más veneciana de esta ciudad: Santa Corda. Estrecha, misteriosa, arábiga, en ella se oculta un bar del siglo XXI en el que todo es posible, hasta comer crestas de gallo. Nos referimos a La Cuchara de San Telmo, cuyo origen se encuentra en una divina casa de comidas regentada antiguamente por una gran señora de Lo Viejo, Sorkunde. Por cierto, la cuchara, aparte de confitar manjares infinitos, tiene una página web impresionante que sólo se puede comparar a la creada por la pandilla internacionalmente reconocida de A Fuego Negro (31 de Agosto, por supuesto). En ella, por poder, se puede hasta escuchar a los músicos que luego se pinchan en el local. Porque recuerden, A Fuego Negro es un bar ab-so-lu-ta-men-te cool. No hay música comprimida en un ordenador sino puros ejercicios de scratch y otras técnicas de DJs con clase. En A Fuego Negro los principiantes piden una ventresca-txuleta de atún (buen ojo, novatos) y el que sabe más se compra el libro/comic de cocina ‘Pintxos y viñetas’, premiado en lo dos hemisferios.
Cambio de plano
Al otro lado del río, más allá del Kursaal, hay un par de bares conocidos por los lectores del New York Times: el Aloña Berri (calle Birmingham) y el Bergara. Pero nosotros estamos de descubierta etílico-gastronómica. El Bergara da a una calle alegremente peatonalizada donde en un local minúsculo Roberto prepara, ya lo hemos dicho, vermús estratosféricos con aroma a naranja, perfume a limón y dos aceitunas, 2.
El café mejor lo tomamos en la Avenida: en Iturralde lo ofrecen con el punto de espuma, canela y azúcar preciso. Si aún hay hambre, el mismísimo Lord Sandwich recomendaría el de ensalada de marisco y pera o el de puerro con apio y jamón. Acaso ahora sí deberíamos ir a ver una película. Por hacer tiempo para subir al Resaca a por el gin tonic, pura ambrosía de bayas de enebro…. Y después, también: vuelvan al cine. A la sesión mágica de la medianoche. Mañana nos vamos de excursión a San Pedro, uno de los tres Pasajes (San Juan, Antxo, San Pedro). En el Bodegón San Pedro hay botellas de licor de chocolate, matamoscas, transistores, manís de Virginia, barricas y las anchoas mejor aliñadas de cualquier puerto de mar…. Vivan su película en el Zinemaldia 2009.

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