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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Planes

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La combinación perfecta de calorcito, pollo y cerveza se inventó en Vizcaya y ya se está exportando. ¿Muslo o pechuga?
16.11.07 -

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Cerveceras (Vizcaya). El menú del verano
Las cerveceras bullen que da gusto: hay gente de todas las edades, sin prisas y con hambre. Ya se sabe que el aire puro despierta el apetito, sobre todo cuando huele que alimenta. Los asadores no paran de girar, el tiempo vuela y la conversación se anima. Es algo muy propio de Vizcaya: nunca falta un local donde comer al aire libre, con medio pollo delante y una ensaladera hasta los topes.
MARKO (KORTEZUBI)
Al lado del paraíso
Ejerció de alcalde de Kortezubi durante casi tres décadas. Hasta el año pasado. ¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! José Antonio Bastegieta, ‘Marko’, es un personaje popular que habla por los codos y regala botellas de txakoli de dos en dos. Hace 26 años abrió una cervecera en su pueblo y ahí sigue, al pie del cañón contra viento y marea. «La temporada pasada, en julio y agosto, sólo tuvimos unos cinco días ‘sanos’, es decir, con sol desde la mañana hasta la tarde», recuerda con resignación. Normal que, en cuanto salen cuatro rayos, la cervecera se le ponga de bote en bote. «Aquí se lo pasan bien, y luego tienen una oferta de ocio para dar y regalar».

Para empezar, están las cuevas de Santimamiñe, a unos dos kilómetros, y el bosque pintado del valle de Oma, obra de Agustín Ibarrola. «Y algo que muy pocos conocen: tenemos unas vistas maravillosas. Te cuento. Primero, hay que ir de Kortezubi, por Arteaga, hasta la anteiglesia de Ereño. Pues bien, a kilómetro y pico, desde el monte San Miguel de Ereñozar, hay una panorámica IN-CRE-Í-BLE. No hay más que subir unos 200 metros por un camino vecinal y, entonces, ves todo Urdaibai como desde un avión». Apunten, apunten para cuando vayan la próxima vez.

LA GALERNA (BAKIO)
La costera del pollo
Es como embarcarse en un viaje de placer: no hay más que cruzar el umbral. ¡En ‘La Galerna’ todo es tan distinto! El ambiente marino impregna hasta el último rincón y los plataneros le dan un aire caribeño. «Está todo muy cuidadito. Además, tenemos unas campas muy buenas donde la gente se tira como si estuviera en la playa. Ay, qué necesitados estamos de sol», suspira Antonio Ibargüengoitia, dueño del local junto a Rosa María Martiartu. Por eso hay que aprovechar al máximo los días despejados, que el verano no llama a la puerta dos veces. Ahora o nunca. «Si hace bueno, aquí puedes pasar una tarde de cine. El mar está al lado y las vistas son espectaculares. Nos encontramos encima de San Juan de Gaztelugatxe, que es lo máximo que hay en Vizcaya, y el faro de Matxitxako se ve delante. ¡De lujo!».
Antonio coge aliento y suelta de corrido algunos de los encantos que rodean a ‘La Galerna’: «La ermita románica de San Pelaio está muy cerca; y, si quieres ir más lejos, aquí tienes el camino antiguo para ir a San Juan y el que lleva a Bakio por la costa. Puedes hacer todo el senderismo que quieras». Y como broche de oro no hay que olvidarse de Ber­meo, una joyita que siempre deslumbra.

ETXE-ZURI (LANDA)
La playa interior
Haga bueno o malo, en Etxe-Zuri siempre hay movimiento. No le hace falta el ruido de las olas para hipnotizar al personal. «Aquí tenemos nuestra playa interior, estamos al lado del pantano de Ulibarri-Ganboa. Vienen familias, jubilados, moteros...», detalla Igor Basaras, propietario de un restaurante que frecuentan los aficionados a las buenas caminatas. «Se puede hacer una ruta alrededor del embalse que es casi como un maratón. Ahora, lo normal es hacer recorridos de 6 y 7 kilómetros. Y, si vas hasta la presa, ya es un poco más: ida y vuelta te lleva tres horas. Viene muy bien para mantener el colesterol a raya». Otra sugerencia: con la bici, se puede tomar la ruta del antiguo ferrocarril vasco-navarro y enfilar hasta Durana.
Aquí se queman calorías con alegría, así que nada mejor que reponer fuerzas en Etxe-Zuri, donde «se puede comer de todo, desde bocatas hasta pintxos, paellas o platos combinados». La carta es tan variada como los alrededores de Landa. «Hay cinco puertos en 9 kilómetros a la redonda. Pasas de Álava a Guipúzcoa en un abrir y cerrar de ojos. Lo mismo te vas a la Llanada que a Salinas de Leniz a comprar productos artesanales. Y también puedes tirar hacia Otxandiano».
URIZAR (LEMOIZ)
Verano verde
«¡Somos unos privilegiados! Tenemos muy cerca el monte y la costa. Estamos a 25 minutos de Bilbao por la autovía, así que, bueno, la escapadita es muy tentadora», reconoce Ainara Fernández, responsable de la cocina de la cervecera Urizar, en Lemoiz. En los días «potentes» pueden llegar a tener unos cuatrocientos comensales sentados a la mesa o por ahí, tumbados en el césped. Los hay incluso que vienen de Madrid y, por si acaso, nunca se olvidan de llamar «para reservar una ración de chipirones encebollados y ‘goxua’». Vamos, que la buena fama vuela.
No es difícil atraer a propios y ajenos cuando se tiene a tiro de piedra el barrio de Armintza, «chiquitín, con mar y mucho encanto». Y, si uno está embalado, tampoco hay que olvidarse de Plentzia, Barrika, Bakio... Otra opción para descargar adrenalina y disfrutar del paisaje es subir al monte Jata, que en poco más de una hora depara una panorámica espléndida. Ahora bien, si lo que se busca es un remanso de tranquilidad sin sudar la gota gorda, nada mejor que irse al pinar de Gorliz. «Ya ves, toda la zona merece la pena, a pie, en coche o en ‘mountain-bike’».
KOBETAS (BILBAO)
El balcón del Botxo
«Ay, la madre que me parió... ¡Haber nacido en Bilbao y no conocer Bilbao!». Así de claro. Ni más ni menos. Es lo que sueltan muchos cuando se plantan por primera vez en la cervecera de Kobetas. «Las vistas son muy distintas a las de Artxanda. Desde aquí se puede ver toda la margen derecha hasta los picos de Durango», señala Iñaki Beldarrain, gerente del local que fundó su suegro hace 20 años. Es un negocio familiar con tres comedores cubiertos, «además de la calle, que da mucho de sí». Allí fuera, los clientes se refrescan la garganta con una jarra de cerveza «debajo de una parra que da una sombra terrible». Luego, no hay nada como estirar las piernas.
La cervecera de Kobetas es un buen punto de partida para quitarse el estrés: «Desde el parque que tenemos al lado, se puede ir al monte Arraiz y de ahí, al Pagasarri. Y, hombre, no olvidemos que por aquí también pasa el Camino de Santiago». Todo invita a ponerse en marcha... Pero, ojo, si uno prefiere quedarse sentado, tampoco es mala idea. El servicio es muy eficiente: los platos vuelan, se come a gusto y no hay tiempo para ponerse de mal humor. «No es por fardar, pero hay una peña de ciclistas catalanes, de Llavaneres, que nos ha regalado una placa por ser ‘los más rápidos’».

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