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Pasión Viviente (Castro). En buenas manos
Los hermanos Acebal, que encarnan a Jesús y María, se convierten en guías de excepción por la localidad cántabra
16.11.07 -

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Pasión Viviente (Castro). En buenas manos
Juan Pedro Acebal, pescador de oficio, lleva 23 de sus 47 años participando en la Pasión. En realidad, tenía que haber hecho de Jesús el año pasado, pero un accidente de moto se lo impidió. Para su hermana mayor, Pilar, que trabaja en el servicio de la limpieza del Ayuntamiento, es sólo la tercera representación. Eso sí, ambos están tan «emocionados» como si fuera la primera vez.
La Pasión Viviente de Castro es, por su impactante realismo, una de las representaciones religiosas de Semana Santa que más público atraen de todo el norte de España. Miles de personas se dejan llevar por cada una de las escenas a través del bello corazón del municipio costero, un entorno privilegiado que, sin duda, constituye uno de los puntos fuertes de la obra. Juan Pedro Acebal y su hermana Pilar encarnarán los papeles de Jesús y María en la XXIV edición de esta cita religiosa, que se celebrará el próximo viernes. Los Acebal han crecido sumergidos en el casco histórico de la localidad y esa zona es, precisamente, su favorita. ¿Quiénes mejor que ellos para guiar a aquellos que deseen descubrir los mejores secretos del rincón más oriental de Cantabria?
Aunque Juan Pedro está estos días «a régimen» para ajustar su aspecto lo máximo posible al que presentaba Cristo en sus últimas horas –ha perdido 9 kilos y aún espera adelgazar otros dos–, no ve la hora de volver a disfrutar de los pintxos del bar La Correría o de La Cierbanata, junto a la plaza del Ayuntamiento. «No hay mejor forma de empezar el día que con una buena tapa de bacalao con tomate y un café. Y, si es fin de semana, unas rabas o unas anchoas rebozadas acompañadas de un buen marianito y con unas maravillosas vistas al mar», sugiere con entusiasmo.
Los hermanos Acebal coinciden en que el paseo por el puerto es un ritual casi obligado. «Uno de los mejores itinerarios es recorrer el municipio bien pegado a la costa». Para sentarse a leer un buen libro o simplemente con poco de paz, el «inigualable» entorno de la iglesia de Santa María o El Pedregal son los lugares predilectos de Juan Pedro y Pilar.
A la hora de comer, a Pilar le tira más el pescado fresco de La Marina o La Goleta. «Lo cocinan según sale del mar», alaba. Su hermano, sin embargo, se pirra por un buen plato de legumbres y un buen filete. Para él, tanto la Sidrería Marcelo como la casa Los Olivos, en la pedanía de Lusa, sirven las «mejores carnes a la brasa». Carnívoro de pro, sólo lamenta que no podrá poner el broche al día de la Pasión Viviente comiéndose un buen chuletón. «Ya sabes, es que cae en Viernes Santo», recuerda este pescador de 43 años con buen humor.
El Quinto Pino
Llevan semanas de ensayos junto a las otras 560 personas que participarán en la Pasión de este año. Cada tarde, antes de meterse en la piel de Jesús y María, los hermanos Acebal tienen la costumbre de tomarse un café en El Quinto Pino de la calle La Rúa, situado muy cerca de los locales donde estos días graban los textos de la representación. Ya a la salida, suelen dejarse caer por el barrio de Los Marineros para disfrutar de un zurito y de una buena conversación. Es la mejor forma de cerrar el día.
En caso de que se tercie acabar la jornada con una buena cena, la sidrería Marcelo y sus afamados chuletones o algún plato de degustación en La Correría figuran entre sus opciones favoritas. Y, si se trata de salir de fiesta, nada mejor que las calles La Rúa, Ardigales y Artiñano, centro neurálgico de la marcha en la localidad. «¡Hay un ambientazo!», aseguran. Allí están el Meneses, el 69 y el Dolce Vita, aunque Juan Pedro prefiere ir a los bares de la plaza de La Barrera o a El Faro, donde se toma «un cubata de ron». Al fin y al cabo, la penitencia por ese pequeño exceso ya la tiene asegurada.
La idea del Padre Sandalio

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