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Entre dunas y ruinas romanas, la aldea es ideal para relajarse cuando ya no quedan veraneantes

10.10.11 -
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Playa de Bolonia (Tarifa). De azul y oro
Si quieres aprovechar los últimos rayos de sol antes de que el invierno se instale definitivamente en el calendario, pon rumbo al sur, a la pequeña localidad de Bolonia, situada en el municipio de Tarifa, allá donde se abrazan el Mediterráneo y el Atlántico. Tras la marcha de veraneantes en septiembre, esta aldea que apenas aparece en los mapas recupera su esencia y entra en un suave letargo de paz y silencio, sólo roto por el batir de las olas y el viento.
Las templadas temperaturas que aún se registran en esta época del año invitan a dar largos paseos por su salvaje playa de arena fina y dorada, coronada por una enorme duna declarada Patrimonio Natural, ver bonitos atardeceres y dejar caer la noche sobre un cielo plagado de estrellas. Bolonia es un pueblecito de unos 500 habitantes, rodeado de extensas praderas donde pastan en libertad manadas de vacas, caballos y burros. Es uno de los pocos rincones de la costa andaluza que no ha sido urbanizado, por estar dentro del parque natural del Estrecho.
Al llegar allí, da la sensación de que el tiempo se hubiera detenido hace 50 años y todo hubiera permanecido igual hasta hoy. En días claros, se divisa en el horizonte la silueta del continente africano, a tan sólo 14 kilómetros. Junto a la gran duna, se encuentran las ruinas romanas de Baelo Claudia. En el siglo I antes de Cristo, Bolonia fue un importante enclave comercial del Imperio, dedicado al salazón y a la fabricación de ‘garum’, una salsa elaborada con vísceras de pescado que las clases altas de Roma consideraban afrodisíaca. Aún quedan restos de los depósitos de conservas, las fuentes termales, el teatro, el foro y el cementerio.
Además de disfrutar de la tranquilidad de este encantador lugar, en la vecina Tarifa podrás hacer montón de planes para aprovechar al máximo tu estancia en tierras gaditanas, como salidas en barco para ver ballenas y delfines, rutas en quads y a caballo por las dunas de Punta Paloma, o paseos en bicicleta por bosques de pinos y alcornoques hasta llegar a uno de los parques eólicos más grandes de España.
La vieja ciudad árabe
El casco histórico de Tarifa es una visita obligada para conocer la herencia que los árabes dejaron en Andalucía. Sus callejuelas en forma de laberinto y sus casas decoradas con arcos y mosaicos de vivos colores reflejan ese legado. Junto al puerto pesquero se levanta el castillo de Guzmán el Bueno, una fortaleza presidida por la estatua del rey Sancho IV, que lideró la reconquista de la ciudad. En el pueblo hay, además, bonitas tiendas de ropa, decoración y bisutería para hacer compras y una amplia oferta gastronómica.
Otro colorido espectáculo digno de verse es el baile de velas y cometas de kitesurf sobre el mar en las playas de Los Lances y Valdevaqueros. En otoño, los cursos de windsurf o ‘kite’ son bastante más económicos que en verano. Eso sí, hay que atreverse a meter los pies en el agua. Y si aún te queda tiempo, no dudes en coger el ferry que sale del puerto de Tarifa y, en apenas 35 minutos, saltar al otro continente, para conocer Tánger, una de las ciudades más típicas de Marruecos, con bazares, teterías y rincones idílicos, como los jardines del Sultán.
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