¿Es posible encontrar un paraíso natural que nos provea de los más atractivos encantos para el descanso y, a la vez, de las mayores comodidades a las que ya la mayoría de nosotros no sabemos renunciar? ¿Es posible encontrarlo en el litoral andaluz, tan castigado por el abuso del ladrillo y del turismo masivo? Sí, es posible. Ese paraíso existe, se llama El Rompido y es una tranquila aldea de pescadores perteneciente al municipio onubense de Cartaya.
En esas aguas del Atlántico, a la altura del popular muncipio de Lepe, rinde viaje el río Piedras, que dibuja en su desembocadura un singular accidente geográfico: una ría que discurre en paralelo a la costa en dirección oeste-este. Dicen que el maremoto que siguió al gran temblor que destruyó Lisboa en 1755 contribuyó a formar esa lengua de tierra que se conoce como La Flecha y que se extiende a lo largo de doce kilómetros abrazando la ría del Piedras.
A orillas de ésta se asienta el poblado pesquero, algunas de cuyas casas albergan hoy establecimientos hosteleros donde se rinde culto a los productos del mar recién descargados de las pequeñas barcas que cada día salen a por lubinas, doradas y sargos que acabarán en hornos o parrillas. Los mariscadores locales buscan entre las arenas las codiciadas coquinas y muestran como un botín sus capturas de la reina de esas aguas: la majestusa gamba blanca de Huelva, que se sirve cocida y fría.
En barco a la playa
Un barco que cruza la ría nos pone en menos de diez minutos en La Flecha. Cruzarla es sólo un paseo de unas decenas de metros entre barrones, tomillo y retama y al alcanzar la vertiente sur se abre ante nosotros un gigantesco arenal y la inmensidad del océano. ¡El verdadero tesoro de El Rompido! Su larguísima playa de fina arena salpicada de millones de conchas aún sin pulverizar. Un lugar en el que perderse; literalmente, puesto que podemos alejarnos metros y metros de cualquier otra persona. Un espacio salvaje, y protegido para que lo siga siendo. Nada puede construirse ni instalarse allí, ni el más mínimo servicio. ¿Hasta cuándo?
Los encantos de El Rompido se completan para el visitante con un paisaje de marisma que en realidad no es sino una continuación biológica del cercano Parque Nacional de Doñana y que puede recorrerse cómodamente por senderos bien señalizados. A sólo unos minutos en coche, en dirección oeste, se extienden los arenales de La Antilla e Isla Canela y a continuación el puente sobre el Guadiana que nos abre la puerta al precioso Algarve, la costa sur de Portugal.
¿Cómo llegar? Desde el norte de la Península el camino ideal es sin duda recorrer la Ruta de la Plata, desde tierras salmantinas hasta Sevilla y luego seguir la autovía a Huelva. Una recomendación: hacer el camino de vuelta por la impresionante sierra de Aracena y rendir parada en algunos de los pueblos (Cortegana, El Repilado, Cumbres Mayores, el mismísimo Jabugo...) donde se cura el más suculento de los manjares terrenales. El Cordobés se lo resumió un día al maestro Manuel Alcántara en una sola frase. «Manolo, el mejor amigo del hombre no es el perro ¡es el jamón!».