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Además de visitar sus tesoros naturales, Kenia permite conocer su cultura e implicarse en la cooperación
09.05.11 -
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Expovacaciones (Barakaldo). Kenia, mucho más que un safari
Cuando soñamos con África, imaginamos Kenia. La visión de llanuras salpicadas con baobabs y felinos a la caza de algún tipo de ungulado se corresponde con la vida salvaje en sus grandes parques y reservas naturales. Pero el país es mucho más que el escenario de un documental de La 2. Su geografía física y humana evidencia grandes contrastes y numerosos atractivos. Ahora bien, no se trata de un viaje barato ni tampoco merece ser catalogado como una mera oferta exótica para el verano. Conocer la sabana permite descubrir otra realidad social y, tal vez, establecer un primer contacto con la cooperación internacional. GPS proporciona algunas sugerencias para disfrutar del trópico keniano y sus gentes sin quebrantar demasiado el bolsillo.
Nairobi suele ser el primer contacto con el territorio. La ciudad, una de las grandes urbes africanas, sufre la pésima fama generada por la inseguridad. Para ser justos con Nairobbery, tal y como la apodan, no parece que la delincuencia sea mayor que la de otras capitales del sur. Quizás su mayor inconveniente radique en el caótico tráfico. Elegir el alojamiento ha de tener en cuenta que cada desplazamiento de escasos kilómetros exige permanecer retenidos durante horas en calles estrechas.
Visitas imprescindibles
El centro urbano se puede recorrer a pie y con sensata prudencia, siempre antes de que anochezca, hacia las seis de la tarde. En el distrito financiero y administrativo converge la mayoría negra, la opulenta minoría india (llegada con la anterior Administración británica) y los turistas blancos. Proponemos visitar el Mausoleo Kenyatta, dedicado al padre de la patria, la Mezquita Jamia o el Museo Nacional y gozar de un descanso en el Thorn Tree Café junto a la acacia donde los viajeros aún dejan sus mensajes antes de partir al safari. El color local se advierte en el Central Market y el ansia de comprar se desata en el Village Market, donde acuden vendedoras masais y cabe encontrar una amplia muestra de la artesanía nativa.
Las excursiones a los alrededores pueden conciliar el primer contacto con la naturaleza en el Wolrd Wilde Foundation for Natura Animal Orphanage, un centro para la recuperación de ejemplares heridos o huérfanos, y el Parque Nacional de Nairobi, a 13 kilómetros de la ciudad, con la visita a la casa de la escritora danesa Karen Blixen, autora de ‘Memorias de África’. Si aún nos persigue la visión romántica de Meryl Streep y Robert Redford a la luz crepuscular, lo que procede es una cena en el Hotel Norfolk, quintaesencia del dominio británico.
Suburbios de novela
Pero no todo despide ‘glamour’ colonial. Nairobi, con tres o cuatro millones de habitantes (no hay estadísticas oficiales) es una población de aluvión. Alrededor de su pequeño ‘downtown’ se aglutinan los ‘slums’ o suburbios miserables donde la población se hacina en condiciones inimaginables. Quien también quiera conocer el reverso de Kenia puede contactar con Manos Unidas (www.manosunidas.org), entidad española que trabaja con diversas organizaciones foráneas y locales, laicas y religiosas, en el campo de la sanidad o la educación.
Entre ellas, destacamos la de los misioneros guadalupanos, congregación mexicana que presta asistencia en el mísero barrio de Kibera, escenario de la película ‘El jardinero fiel’ (basada en la novela de John le Carré), un infierno encerrado en el corazón de la ciudad.
En cualquier caso, la naturaleza espera. Si estamos en Kenia, hay que ser ambiciosos e ir por los cinco grandes: leopardo, león, elefante, búfalo y rinoceronte. El territorio cuenta con extensas reservas y parques naturales. Y aunque Nakuru, Samburu, Tsavo o Aberdare, por ejemplo, no defraudan, las vistas del Kilimanjaro desde Amboseli, la contemplación de las grandes migraciones y el atractivo tribal del Masai Mara se antojan imprescindibles.
Mixtura junto al Índico
También hay otras opciones menos usuales como la posibilidad de hacer trekking en Monte Kenia tras cruzar y fotografiarse en el poste indicador del paso del Ecuador. Cabe solicitar información vía internet (http://kenya.safari.co.za) o contratar in situ con touroperadores locales. El país de las jacarandas y buganvillas, la foresta y la sabana, lagos y desiertos, se baña en el Océano Índico siguiendo una línea de costa de más de 500 kilómetros.
Aunque Seychelles y Mauricio son referencias en el turismo exquisito de la región, el litoral keniano, como el tanzano, presenta una personalidad singular, fruto de la colonización árabe y europea, con pequeñas localidades, poblados nativos e increíbles paisajes. Un recorrido por Mombasa, Watamu o Malindi permite comprobar esa mixtura entre viejas ciudadelas de impronta islámica, fortines, asentamientos bantúes y una infraestructura hotelera no agresiva con el entorno. Así, resorts y residencias particulares acostumbran a cubrirse con hojas de palmera o makuti.
Además de disfrutar de extensas playas festoneadas de arrecifes, las posibles actividades de ocio incluyen la práctica de snorkel para conocer la fauna y flora submarinas. Existen varias opciones para recorrer sus parques oceánicos. Las travesías recurren a catamaranes, hay embarcaciones de suelo de cristal o se puede navegar en el dhow, el velero tradicional.
En el capítulo arquitectónico destaca Lamu, una población con construcciones de piedra de los siglos XVII y XIX y que constituye el mejor ejemplo de la fusión entre cultura swahili y la influencia islámica. Cerca de esta ciudad sin coches se encuentran la aldea Takwa, las islas de Manda y Pate, provistas de restos arqueológicos, y tres reservas naturales. Quien quiera escapar de los más concurridos espacios turísticos, monopolizados por los italianos, encontrará sosiego en la depresión de Marafa o Hell’s Kitchen, un cañón excavado por el agua y el viento cercano a Malindi.
Por su parte, quienes pretendan conocer la realidad de muchas familias sin medios pueden contactar con Manos Unidas, una entidad que ha fomentado la renovación de escuelas con escasos recursos, a menudo enclavadas en entornos de gran belleza. También es posible acercarse a la casa de acogida de la ONG Anidan (www.anidan.org) en Lamu, un proyecto español destinado a huérfanos y niños de madres solteras.
Los blancos arenales exigen una indumentaria apropiada. Olvídense de pareos y opten por los masculinos kikois y femeninos kangas, en todas las gamas cromáticas y múltiples modalidades. Las tiendas y mercados también disponen de artesanía árabe, escultura filiforme o makondé, o artículos de joyería y cestería.
Camas caras y baratas
Comer en Kenia resulta asequible, dormir, no tanto. La infraestructura hotelera es abundante pero sus precios resultan muy elevados ya que muchos establecimientos están dirigidos a una elite de turistas, empresarios y altos funcionarios que trabajan en las numerosas organizaciones internacionales que utilizan su capital como plataforma para toda África. Una opción más asequible consiste en las 'guest house', alojamientos en régimen ‘bed and breakfast’, baratos y numerosos.
También existe la posibilidad de recurrir a las residencias de congregaciones religiosas y parroquiales diseminadas por todo el país, generalmente espartanas, pero funcionales, y usualmente ligadas a proyectos de cooperación. En Nairobi se precisa un alojamiento cercano al centro si se pretende permanecer unos días en la ciudad dada la complejidad de cualquier traslado y, asimismo, localizar un modo de transporte de confianza.
Nuestra recomendación en la capital es el albergue de la orden de Consolata. Destaca su ubicación en el barrio de Westlands, una de la zonas pujantes de Nairobi, segura y bien comunicada.
Las estancias en el interior tampoco escatiman en lujos, caso de los ‘lodges’ con toda clase de lujos y reminiscencias coloniales o nativas en su arquitectura. En el interior de los parques y reservas naturales la fórmula habitual son los ‘tented camps’, campamentos formados por tiendas de campaña dotados con servicios comunes que suelen ofertar safaris nocturnos, entre otros servicios. En el corazón del Masai Mara incluso existe uno, el Cheetah Tented Camp (cheetahtentedcamp.com) gestionado por españoles.
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