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Dresde, la capital de Sajonia, es una ciudad monumental y verde que invita al paseo
04.05.11 -
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Expovacaciones (Barakaldo). Dresde, la joya barroca junto al Elba
¿Te apetece una escapadita a Alemania? Te proponemos un destino diferente: Dresde, la capital del estado de Sajonia. Seguramente relacionas el nombre con el devastador bombardeo que sufrió la ciudad a finales de la II Guerra Mundial y a lo mejor supones que se trata de una urbe nueva, sin gran cosa que ver. Pues te vas a llevar una gran sorpresa, porque conocerás uno de los conjuntos monumentales más bonitos de Europa en una ciudad amable y verde, con una oferta cultural abrumadora.
Lo primero que descubres al llegar a Dresde es que la ciudad cuenta con una estupenda red de tranvías que te llevan hasta cualquier rincón, aunque el centro monumental se puede recorrer a pie sin ningún problema. En seguida verás que si te gusta el barroco esta es tu ciudad. Puedes empezar por el Zwinger, antigua fortaleza de la ciudad. Atención a la corona chapada en oro que remata la puerta sobre el foso, signo de la dignidad real de Augusto II (1670-1733), Elector de Sajonia y Rey de Polonia. Por aquí entras al patio de un palacio barroco, cerrado por dos alas de pabellones y galerías, que albergan sendos museos.
Restos numerados
Uno de ellos, el pabellón del carillón, exhibe la mejor colección de porcelanas del mundo. En este edificio descubrirás un detalle común a todos los monumentos históricos de Dresde. El centro de la ciudad fue arrasado por el bombardeo y ha sido objeto de una reconstrucción minuciosa que aún continúa. Las piedras antiguas, que en algunos casos fueron numeradas y almacenadas durante décadas hasta que pudieron ser devueltas a sus posiciones originales, se distinguen por su color oscuro, casi negro, mientras que las nuevas son de color terroso claro.
Si atraviesas el Zwinger llegas al pasaje a la plaza Schlossplatz, que parece el decorado de una fantasía barroca. A la izquierda verás el precioso palacio de la ópera; a la derecha, la catedral católica. Si entras en ella es muy probable que te encuentres con un concierto de órgano gratuito. Al lado de la catedral, prácticamente adosado, está el Residenzschloss, el palacio de los electores de Sajonia, un edificio renacentista y barroco todavía en reconstrucción que merece una visita pausada, pues alberga varias exposiciones de interés, como la de la Bóveda Verde o cámara del tesoro de los príncipes y electores de Sajonia.Unos gobernantes, por cierto, muy aficionados a acumular joyería y artesanía turca. Hasta tal extremo que el palacio cuenta con una cámara otomana cuya colección es solo comparable a la del palacio de Topkapi en Estambul.
Y hablando de príncipes y electores, podrás verlos retratados a todos por riguroso orden cronológico en el muro de los Príncipes,101 metros de mural sobre placas de porcelana que flanquean una calle entera por la que llegarás a la Frauenkirche, iglesia barroca reconstruida gracias a las aportaciones populares y que se ha convertido en el símbolo del renacimiento de la ciudad.
Desde aquí y flanqueando la Academia de Bellas Artes accederás a las terrazas sobre el Elba, por el que navegan barcos turísticos que te pueden acercar hasta el cercano castillo de Pilnitz o, si te lanzas, hasta Praga. n
Leipzig, la casa de Bach
Leipzig, la urbe más populosa de Sajonia (alrededor de 515.000 habitantes), creció como localidad ferial a partir del siglo XII. Como el comercio no lo es todo, en el siglo XV se fundó aquí la segunda universidad más antigua de Alemania. La ciudad ha sabido mantener ambas vocaciones, la comercial y la universitaria, y se ha convertido en una de las más dinámicas del país.
El núcleo histórico de Leipzig es muy compacto y se concentra en apenas 1 kilómetro cuadrado. Merece pasarse por la plaza del Ayuntamiento antiguo, una joya de la arquitectura civil renacentista alemana. Muy cerca se abre el Barthel Hof, el más antiguo de los llamativos pasajes feriales característicos de la localidad, que ahora alberga un restaurante, tiendas y un teatro.
En otra de estas galerías, el suntuoso Mädler Passage, se encuentra la Auersbachs Keller, bodega en la que Goethe ambientó su 'Fausto'. Casi a la vuelta de la esquina se alza la iglesia de San Nicolás, que además de su valor artístico destaca por ser el lugar en el que se desencadenó la revuelta pacífica de 1989, el inicio de la caída de la RDA.
Leipzig se beneficia de amplias zonas verdes, como el bosque fluvial o Auenwald, un conjunto de parques único en Europa que se extiende por toda la ciudad. Además cuenta con una red de canales por los que es posible pasear en góndolas de verdad, importadas desde Venecia. Junto a algunos de estos canales se levantan antiguos edificios industriales rehabilitados como viviendas o centros culturales.
El visitante descubrirá que todos los grandes nombres de la cultura alemana pasaron por Leipzig: Schiller, Goethe, Mendelssohn... Aquí nació Richard Wagner y en ella compuso Schumann su ’Sinfonía de Primavera‘, pero Leipzig es, sobre todo, la casa de Bach, a quien ha dedicado uno de sus museos. Es de visita obligada la preciosa iglesia de Santo Tomás, de cuyo coro fue director.
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