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El parque nacional luce en todo su esplendor con la primavera, presto al paseo y la observación
04.05.11 -
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Expovacaciones (Barakaldo). Doñana, explosión de vida
El águila imperial sobrevuela las marismas en busca de comida para sus polluelos, que le esperan en el nido sin dejar de piar. Cigüeñas, garzas y golondrinas reconstruyen su residencia estival, tras pasar el invierno en tierras africanas. El ánade real, el zampullín común y el pato colorado refrescan sus alas y se acicalan en la laguna. Fresnos, sauces, pinos piñoneros y helechos lucen, renovados, su traje verde chillón. Toda esta explosión de vida salvaje es Doñana en primavera, un espacio protegido del tamaño de Álava, formado por marismas de agua dulce, bosques, dunas y extensas playas.
Declarado Patrimonio de la Naturaleza y Reserva de la Biosfera, es uno de los humedales más importantes de Europa. Por allí pasan anualmente miles de especies de aves migratorias del más variado plumaje. Hasta los presidentes del Gobierno, desde González hasta Zapatero, pasando por Aznar, han elegido este lugar para anidar durante sus vacaciones veraniegas.
Doñana era antaño coto de caza de reyes y nobles. Debe su nombre a Ana Gómez de Mendoza y Silva, hija de la princesa de Éboli, que fijó su residencia en esas tierras onubenses, huyendo del bullicio de la Corte. A finales de los años 60 del pasado siglo, un grupo de científicos naturalistas lograron que se declarara espacio protegido, bajo la denominación de Parque Natural.
Doñana ofrece mil imágenes que te dejan sin palabras. Para disfrutar de todas y cada una de ellas, la mejor opción es contactar con alguna de las empresas turísticas que organizan visitas guiadas al parque, ya que el paso de vehículos por el interior está restringido al público general.
Dunas y linces
La zona sur, con infinitas playas de arena blanca, dunas móviles, extensos pinares y el centro del Acebuche, donde el lince ibérico, en peligro de extinción, vive y se reproduce en cautividad; el norte, con sus marismas y bosques en los que habitan infinidad de pájaros y mamíferos; o el cauce fluvial, por el que navega el buque Real Fernando hasta Sanlúcar de Barrameda, componen un mosaico de paisajes y ecosistemas de tal belleza que te harán sentir casi en el paraíso.
Y si prefieres ir a tu aire y estirar las piernas haciendo senderismo, el parque cuenta con una red de centros de información y exposición que te servirán como punto de partida para caminar por diferentes itinerarios señalizados. Los senderos del Acebuche y La Rocina son ideales para la observación de aves. Sólo es necesario estar en silencio y agudizar bien los sentidos para que empiece el espectáculo.
Pies, bicis y caballos
El camino del Acebrón, que parte del palacio del mismo nombre, es un ejemplo de la mejor vegetación del parque. Salen al paso reliquias botánicas de la era terciaria, alcornoques y madroños centenarios, especies trepadoras, como la madreselva o la parra silvestre que sirven de escondrijo a diminutos pajarillos, y plantas aromáticas, como el espino o el romero. También es posible combinar deporte y naturaleza, dando largos paseos a caballo o siguiendo las rutas ciclistas marcadas.
Para completar la visita a Doñana, nada mejor que acercarse a la aldea del Rocío, pasear por sus calles en coche de caballo y visitar la ermita de Virgen conocida como la Blanca Paloma, que cada año por Pentecostés mueve a miles de romeros desde toda Andalucía. Otro sitio que merece la pena conocer es La Rábida para revivir la historia del Descubrimiento de América, con su monasterio, donde se alojó Cristóbal Colón, y la reproducción a escala real de las tres Carabelas. No te resistirás a gritar aquello de «¡Tierra a la vista!» n
Una cueva maravillosa
Aprovecha tu estancia en Huelva para adentrarte en la sierra de Aracena y conocer algunos de los pueblos más bellos y pintorescos de Andalucía. Además de Jabugo, cuna del jamón, descubrirás rincones que te dejarán con la boca abierta, como la Gruta de las Maravillas, en Aracena. Esta cueva cincelada a través de millones de años por el agua y la piedra, forma un paraje subterráneo de retorcidas columnas y altas cortinas adornadas por picudas estalactitas y estalagmitas. En un recorrido por galerías de tres alturas, te adentrarás en un mundo mágico de profundo silencio, sólo roto por el goteo del agua.
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