Recomendaciones
De compras
Tratémonos como a reinas. A Margarita de Navarra, poeta y autora del Heptameron, escrito a la manera de Boccaccio, no sabía vivir sin una buena loncha de ese jamón bayonés que también alabase Rabelais. Compremos pues un buen trozo en la Maison Montauzer (17 de la rue Salie) y tomémonos un vino blanco en el Bar du Palais (junto a la catedral) o comamos en Le Bar du Marché de la rue Des Basques. Aunque acaso nos apetezcan más los pescados y mariscos del Itsaski en el 43 de la avenida de la Capitaine Resplandy.
Peregrinos y bayonetas
En Bayona José Bonaparte redactó en 1808 una constitución para España que hubiera complacido a los padres de la de Cádiz 1812. Es uno de los detalles que hacen de la capital de Iparralde una villa histórica e historiada. En ella empieza la vía de Bayona que lleva a Santiago. Por eso la catedral es Patrimonio de la Humanidad y en su Puerta Norte está labrado un peregrino de piedra. En Saint Esprit nació René Cassin, uno de los inspiradores de la Declaración de los Derechos Humanos cuyo nombre recuerda uno de los premios más prestigiosos del Gobierno vasco. Los vikingos amarraron sus barcazas aquí y en el siglo XVII, los campesinos que repelían incursiones de enemigos sin nombre se vieron escasos de pólvora. Calzaron entonces sus escopetas con cuchillos: había nacido la bayoneta.
Bayona (Francia)
Pase transfronterizo: Un único billete para llegar desde Lasarte o Donostia hasta Bayona haciendo trasbordo en Hendaya. Válido para julio y agosto y los fines de semana del resto del año.
Precio: 7/11 euros. Válido para el trayecto del Topo y los trenes de la SNCF, incluido el TGV (excepto en el ‘Palome Bleue).
Horarios: El Topo sale de Donostia cada media hora.
Más información: 902 543 210 y en www.ter-sncf.com.
Acaba de entrar en vigor el PassBask, el billete que facilita viajar desde Donostia a Bayona cambiando de línea ferroviaria (Euskotren hasta Hendaya, SNCF hasta Bayona) pero sin necesidad de comprar boleto para el Topo guipuzcoano y luego ticket en el TER Aquitaine (los cercanías franceses) para seguir trayecto hasta Bayona. ¿Precio? 11 euros. ¿Validez? Hasta la medianoche del día siguiente a la fecha de validación. ¿Destino? Los TER que parten de Hendaya tienen su primera parada en Les Jumelles, el apeadero que conecta con la playa hendayesa y deja al viajero no demasiado lejos del misterioso castillo encantado, planetarium y torre de las mixtificaciones de Antoine D’Abbadie, explorador, aventurero, inventor y escritor al que la Fortuna nunca le sonrió pero que jamás se rindió a tal evidencia.
Las siguientes estaciones con parada son Ciboure- Saint Jean de Luz, Biarritz (atención, la estación queda alejada del centro de la elegante villa, imprescindible autobús de enlace o taxi) y Bayona. Hemos decidido que hoy nos apeamos en la estación central de la capital de Lapurdi. El trayecto desde la antigua frontera no dura más de 39 minutos, un poco menos si se coge el TGV. Nada más bajar del tren caemos bajo el embrujo canalla y mestizo de la ciudad que constantemente reivindica sus salvajes fiestas de este fin de semana (no por nada está hermanada con Pamplona….) sus corridas de toros (¡J. T. torea en sus maravillosas arenas el 7 de agosto!), su chocolate (placer sin igual llevado a la ciudad amurallada por los judíos en 1496), su jamón (absoluto rival del de York y el de Parma), su rugby (el Aviron Bayonnais es más rudo, terrenal y urbano que el frívolo y achampañado Biarritz Olympique, al que desprecia cualquier buen bayonés), su miel e incluso su sal.
Verduras, txikitos y cómics
La estación se encuentra al otro lado del río. Dos son las corrientes que acaban en el mar a través de Bayona: el Adour y La Nivée. El barrio de Saint Esprit es un prodigio de historias cruzadas: tiene los típicos aires de zona ferroviaria, la sinagoga está próxima a unos cuantos estudios de buenos artistas del tatuaje, hay un puñado de restaurantes árabes (atención al Agadir, maravilloso marroquí en el 3 de la calle de Sainte Catherine) que comparten territorio con dulcerías musulmanas y carnicerías kosher, aparte de con dos salas de cine acogedoras y fascinantes: L’Atalante, en el 7 de Denis Etcheverry, y L’Autre, frente al río mismo, no lejos de los muelles ni del hotel Loustau.
Pero hay que cruzar el puente camino de la catedral. Aunque, seguro, al acabar de hacerlo no tiraremos a la derecha donde está el Hotel de Ville y el Grand Théâtre sino hacia la izquierda, atraídos por el mercado, por Les Halles, situado en el muelle del Comandante Roquebert no lejos de un soberbio salón de té y relativamente cercano al buen café restaurante Victor Hugo. 22 puestos abiertos de 7 de la mañana a 13.30 del mediodía de lunes a domingo. Entre ellos todas las tentaciones son posibles: los yogures, los quesos, las verduras, las ostras…
El barrio de La Petite Bayonne con sus bares de txikitos e ikurriñas queda al otro lado, más allá de los arkupes (arcadas). La catedral, construida en el siglo XIII nos espera arriba pero nos detendremos en una magnífica librería dedicada al cómic (Gribouille, rue Poissonnerie 11) y nos tomaremos un té (atesoran 380 variedades) en la Maison Ramuntcho de la rue Pilori. ¿No perderemos el tren de vuelta? No, los hay hasta las 22.30 y los sábados, domingos y festivos incluso a las 0.24 horas.