Sus restaurantes preferidos
Alberto Schommer. Retrospectiva Bilbao
Dónde: Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Fecha: Hasta el 16 de abril de 2010.
Horiario: De martes a domingo, de 10.00 a 20.00 horas.
Precio: 5 euros..
Teléfono: 944 396 137
Web:
Ha recorrido casi todo el planeta con su cámara al hombro, sus imágenes han sido portada de las revistas más prestigiosas, ha expuesto en numerosos países y su personal técnica se estudia en las facultades de Periodismo, pero su amor por el País Vasco permanece intacto, como una foto fija impresa a todo color en su mente. Coincidiendo con la retrospectiva que el Museo de Bellas Artes de Bilbao le dedica hasta el próximo mes de mayo, Alberto Schommer, que sigue en activo a sus 81 años, nos recibe en su refugio de San Sebastián para mostrarnos sus más queridas fotografías de esta tierra y llevarnos, a través del valioso álbum de sus recuerdos, a todos aquellos lugares que marcaron su infancia y juventud. Estampas rurales, marítimas y urbanas llenas de pequeñas historias y anécdotas cotidianas que le brotan con emoción y nostalgia del bien ordenado archivo de su memoria.
Las primeras páginas de este íntimo viaje comienzan en las montañas de Álava. «Mi padre, que era alemán, amaba profundamente la naturaleza y nos llevaba a mis primos y a mí de pequeños a los hayedos de Laminoria y Ullibarri-Jauregui en un tren eléctrico que por aquel entonces hacía el recorrido entre Vitoria y Estella. Nuestra gran diversión era pescar cangrejos de río con las manos. Después, se los dábamos a mi madre para que los pusiera en el arroz que cocinaba allí mismo sobre leña de monte. También cogíamos fresas silvestres y moras y jugábamos a subirnos a los árboles». Aquellos bosques ya no son lo que eran, pero todavía mantienen en buena parte su encanto, por lo que merece la pena recorrerlos a pie o en bicicleta siguiendo la ruta verde que discurre por el antiguo trazado del ferrocarril.
En bicicleta
Otro medio de locomoción en las escapadas de la familia Schommer era la bicicleta. «Éramos los únicos de Vitoria que nos movíamos en bici. Muchas tardes pedaleábamos hasta Durana, a las afueras de Vitoria, y merendábamos sobre la hierba. Más adelante, con 17 años, me compraron una escopeta de aire comprimido y las excursiones consistían en ir a cazar pájaros. Aunque tenía buena puntería, debo reconocer que más de un perdigón acabó en el culo de alguno de mis compañeros de caza», reconoce entre risas. En esos años, Schommer también empezó a sentir los primeros disparos del amor. «Hacíamos chocolatadas con chicas en las campas de Armentia, poníamos un tocadiscos que sonaba dándole cuerda y bailábamos. Yo siempre me quedaba con la más guapa!». De la capital alavesa, se queda con un rincón que despierta todos sus sentidos, el Cantón de la Soledad, que desemboca en la Catedral Nueva. «Es uno de mis paseos favoritos, lo he fotografiado de todas las maneras».
El siguiente capítulo en los recuerdos de Schommer nos lleva hasta la costa guipuzcoana para detenernos en Deba, donde veraneaba de niño con sus padres en el clásico hotel Miramar, actualmente cerrado. «Aquello era el paraíso. Nos bañábamos, andábamos entre las rocas, cogíamos pulpos y quisquillas, dábamos largas caminatas hasta Mutriku, Ondarroa e, incluso, Lekeitio. Todavía ahora, cuando tengo un día tonto, voy a Deba, nado un poco, lleno la cabeza de recuerdos de la niñez y vuelvo a respirar la pureza del mar, de la familia, de la verdadera amistad…».
La devoción del fotógrafo por Guipúzcoa también alcanza San Sebastián, ciudad natal de su mujer, Mercedes, y donde tienen una bonita villa reformada de principios del siglo XX a la que llaman con cariño su txoko. «Para mis sobrinos donostiarras yo siempre he sido el ‘Gran Tío Albert’ porque les llevaba a buscar tesoros a la playa de Ondarreta. Alquilábamos una balsa de goma e íbamos hasta la isla. Entonces, yo me sumergía y sacaba una estrella de mar o alguna pieza dorada que previamente me había encargado de esconder sin que ellos me vieran. Se ponían como locos». Donosti es su particular refugio, su remanso de paz. «Todo es precioso: la parte vieja, con los mejores pintxos del mundo sin discusión posible, el puerto pequeño, el Paseo Nuevo, la zona del Acuario…»
El dolor de Gernika
En la vida del artista, la villa vizcaína de Gernika también ha tenido un significado muy especial. «El bombardeo nos causó un dolor terrible, por nuestro origen alemán. Aquello fue durísimo para nosotros. Se me quedó tan clavado que siempre he procurado volver. Cuando mi padre falleció, empecé a ir con mucha frecuencia a Vitoria para estar con mi madre. Uno de nuestros planes era coger el coche e ir a Gernika a dar un paseo. Luego acabábamos en Bermeo o en la playa de Laida viendo el mar y recordando viejos tiempos».
Otro sitio íntimamente ligado a sus recuerdos es Bilbao, donde de niño acudía a los partidos del Athletic, con la mítica delantera formada por Zarra y Gainza, y ya de adulto a los toros en la plaza de Vista Alegre. En 1999, el fotógrafo publicó un libro dedicado a Bilbao, con imágenes, entre otras, del metro, el Guggenheim y la Ría. «He de reconocer que la Ría me gustaba mucho más antes, cuando estaba hirviendo y llena de fábricas». Una visión muy artística, pero que no le oiga el alcalde, maestro.