> Información
Dónde comer
Blanco y negro. Comida tradicional y senegalesa comparten carta en este acogedor y moderno restaurante. No salgan sin probar la brocheta de rape. Calle del Agua 23. 947 300 152.
Dónde dormir
Casa Rural Camino Condal. Edificación de mediados del XIX en pleno caso urbano, decorada con exquisito gusto y toques étnicos. Reserven el desayuno –4 euros–, copioso y variado. Se lo servirán en un patio cubierto muy cuco, acompañado con fondo musical. 24 €/persona. C/ Padre Cereceda, 6. 947 300 014.
> A la sombra de los Obarenes
Oña no es sólo un monasterio. Localizada a orillas del río Oca al abrigo de los Montes Obarenes, la naturaleza que rodea esta villa ha formado parte de la espectacularidad de sus dominios y del devenir de sus gentes, que también han sobrevivido apoyándose en la tradición resinera, recordada ahora para que su memoria no se pierda en el museo de la Torre de San Juan, desde donde la vista confirma la excepcionalidad del entorno. Para recorrerlo caminando está habilitado el Paseo de Oca –2,5 kilómetros, unos 40 minutos–, estrecho sendero que discurre cómodamente entre la carretera y el abrupto desfiladero, dominado por paredes rocosas y repleto de vegetación.
Dos poderes, el eclesiástico y el económico, ayudados por un tercero, el nobiliario, unieron sus fuerzas para transformar Oña en un bastión desde donde dirigir la espiritualidad y las haciendas de un amplio territorio. Fue el conde castellano don Sancho García quien sembró la semilla de este florecimiento en el año 1011, fundando el monasterio de San Salvador, que con el tiempo acaparó bajo su tutela a más de 300 iglesias y 200 villas, extendiendo sus posesiones desde el Cantábrico hasta el Arlanzón y del Pisuerga a Huesca.
A sólo 12 kilómetros de Poza de la Sal se levanta el monumental edificio. Parece imposible que una localidad tan pequeña acoja en su seno una muestra arquitectónica y artística tan grande, impresionante tanto por su belleza como por su robustez. Hogar de monjes y monjas primero, reservado a hombres a partir de 1033, fue ese año cuando el rey Sancho el Mayor lo convierte en la abadía más importante de Castilla, recibiendo, además de fervientes donaciones, derechos de carácter administrativo, tributario, judicial e incluso militar propios de un monarca.
El abad pasaba de ser tutor religioso a director de un señorío, envidiado especialmente desde el Obispado de Burgos, con quien mantuvo continuas disputas durante los siglos XII y XIII en las que debieron mediar incluso Papas. No era para menos: los beneficios económicos obtenidos a través de diezmos pesaban tanto como las piedras de sus muros.
Explicaciones
La localidad se desarrolló en paralelo al devenir monacal. El Centro de Interpretación del Medievo de Oña explica este proceso a través de paneles, maquetas y audiovisuales que muestran el funcionamiento del monasterio y aspectos históricos de la villa. Desde el siglo XVI al XVIII los benedictinos, cómodamente instalados, detentaron multitud de propiedades. Un ejemplo clarificador: en 1544 Oña arrojaba una renta de 100.000 maravedíes y sólo 50 años más tarde eran casi dos millones. En su callejas olía a dinero y desde ellas comerció una colonia judía, ubicada en la actual calle Barruso, por la que se accede a la localidad. La relación entre ambas religiones fue tan tolerante como beneficiosa.
Pero al contrario que Dios, los buenos tiempos no entienden de eternidades. La invasión napoleónica y la desamortización de Mendizábal hicieron las maletas a los monjes con el objetivo de aligerar la mudanza. La iglesia abacial de San Salvador pasó a manos del Arzobispado de Burgos, que protegió su patrimonio, del que el turista puede disfrutar gracias a una vista guiada. Y el monasterio, que fue Colegio Máximo y Universidad Pontificia, acabó convertido en centro asistencial desde 1968.
Arte oculto
Es precisamente durante esa visita guiada, que sería pecado capital perderse, cuando la grandiosidad de este rincón indispensable en el nacimiento de Castilla se abre paso entre las conciencias. Basta observar el paso de los siglos en sus paredes, ahora que las labores de restauración con motivo del próximo milenario –2011– hacen aflorar distintos estilos artísticos ocultos por años de yeso sobrepuesto. Detenerse ante el fresco que narra la conversión de María Egipciaca, antes prostituta y después santa, utilizado en el siglo XIV para enseñar el catecismo al pueblo analfabeto. Escuchar la historia de Fray Pedro Ponce de León, inventor del lenguaje de los sordos, al que erigieron una estatua en la escalinata de acceso al templo. Contemplar la atrevida bóveda gótica de 400 metros cuadrados o el órgano barroco con más de 1.100 tubos. Disfrutar de la sillería –84 piezas construidas en 1475– ejecutada por los propios benedictinos cuya crestería parece tejida en vez de tallada.
O maravillarse ante la mayor joya de las presentes, los Panteones Real y Condal, obra gótico-mudejar única en el arte funerario medieval europeo, construida en nogal y boj, que sorprende no sólo por la filigrana de sus adornos sino por la importancia de los inquilinos cuyo sueño postrero vela, monarcas, condes e infantes de Castilla y Navarra. Póquer de reyes bajo techo capitular.