
Información
Cómo llegar
Caranceja es una pequeña aldea perteneciente al municipio de Reocín, a medio camino entre Torrelavega y Cabezón. Desde Bilbao, por la A-8 hasta la salida 238 en Quijas y dirección Cabezón de la Sal (130 kilómetros). Desde Vitoria (190 kilómetros), basta con dirigirse a Bilbao y continuar luego por la autopista del Norte.
Ejercicio y naturaleza
La comarca ofrece al visitante la posibilidad de hacer senderismo o dar un paseo en bicicleta de montaña por el Parque Natural de Saja-Besaya, donde hay rutas de todo tipo de dificultad. El punto de partida más adecuado es el hermoso pueblo de Bárcena Mayor, desde donde parte una pista que se adentra en el hayedo. El límite lo marcan tus fuerzas. Los paseos ecuestres también son otra estupenda opción para conocer el paisaje. Ecuestre Saja (t 608708938). El hotel Palacio de Caranceja dispone entre sus instalaciones de dos hoyos de golf para entrenamiento. Sin embargo a menos de 20 minutos existen los campos de Santa Marina, Oyambre y Abra del Pas.
El pueblo y su entorno
El hotel se encuentra situado cerca de algunos de los parajes más bellos de Cantabria. La playa de Oyambre es una visita obligada. Un increíble arenal dorado de 1.800 metros que permanece casi virgen, gracias a la protección y el abrigo que le proporciona el Parque Natural. Si eres más de monte, piérdete por los bosques del Parque Natural Saja-Besaya y disfruta de las excelentes vistas panorámicas desde las zonas más altas. También puedes pasear por pueblos como Bárcena Mayor, Ucieda, Santillana del Mar o la bella localidad de Mazuercas, conocida por haber sido la cuna de la escritora Concha Espina. Todos a menos de 30 minutos de Caranceja. Mención especial merecen las cuevas del Soplao. En su interior se encuentran algunas de las imágenes más bellas que puedan contemplarse, mientras viajamos a bordo de un tren minero.
Los productos estrella
El cocido montañés es el plato emblemático de Caranceja y los pueblos vecinos. Un buen lugar para comprarlo es Delicatessen La Ermita (t 942704300), en Casar de Periedo, a cinco minutos andando del hotel. Allí está la fábrica, pero también venden al público. Los más golosos disfrutarán con los postres más típicos de la región como la quesada, las corbatas o los sobaos pasiegos de la pastelería Adeymi (t 942701662), en Cabezón de la Sal, una tienda de toda la vida donde se pueden encontrar también otros productos típicos como quesos y licores. En la carnicería Quintana (t 942700095) venden su propia carne de vacas tudancas, la raza autóctona de esta zona.
Palacio Caranceja Reocín (Cantabria)
Dónde: Caranceja, 33. Reocín.
Precios: Una noche, dos personas por 175 euros. Dos noches, 250.
Más información: 942 709 871 y www.palaciocaranceja.com.
No te conformes con ver a los cocineros por la tele y atrévete a aprender en directo, en un lugar encantador y bajo la atenta mirada de un chef que te introducirá en los secretos de los fogones. En GPS te proponemos varios locales para hacer tus pinitos con el mandil, con el aliciente de que su ubicación te permitirá difrutar de cultura y paisajes.
En el acogedor hotel cántabro Palacio Caranceja el apacible ritmo semanal se ve trastocado los sábados, cuando llegan los aprendices.
Antes de la cena, los cocineros Iván y Beatriz invitan a sus huéspedes a descubrir un sinfín de secretos culinarios. Más que un curso de cocina al uso, es un ‘showroom’ culinario en torno a todo tipo de platos y recetas, siempre sencillas y fáciles de preparar. Este hotel con encanto, un antiguo palacio rehabilitado del siglo XVII, está ubicado en una localidad próxima al Parque Natural Saja Besaya, en plena naturaleza y rodeado de bellos pueblos montañeses y a escasos minutos por carretera de Santillana del Mar, Comillas o San Vicente de la Barquera. Propone estancias con cursos de cocina, que incluyen una o dos noches de alojamiento, desayuno, una tarde de cursillo en el que se preparan tres o cuatro recetas diferentes, cena con los platos preparados y un regalo de bienvenida.
El taller de los sábados -gratuito, por cierto, dentro del pack gastronómico- arranca sobre las 7 de la tarde, los asistentes empiezan a llegar y a ponerse el delantal que les regala el hotel de recuerdo, además de un cuaderno y un bolígrafo para anotar las explicaciones. Iván y Beatriz dan clases magistrales en torno a productos de la tierra como el solomillo de Tudanca o las anchoas de Santoña, que compran en los pueblos de alrededor, y comparten consejos e ideas con sus alumnos durante aproximadamente tres horas.
Consejos esenciales
Si en el menú toca preparar carrilleras, nuestros chefs te enseñarán a dar a este plato una presentación adecuada utilizando, por ejemplo, un pequeño molde donde se introduce la carne bien desmigada para darle un aspecto más cuidado. «Son detalles que en casa pasan desapercibidos y no se les dedica tiempo suficiente», nos dice Beatriz.
¿Qué toca cocinar bacalao al pil pil? Pues lo preparamos mejor a temperatura baja que así quedará aún más sabroso. Para el pollo, la carne o el pescado empanado, también tienen sus secretos y se los cuentan a sus cocinillas: le gusta rebozarlos con frutos secos, que se mezclan con pan rallado bien picaditos y tienen un sabor completamente diferente.
¿Y si de primero preparamos una espuma de coliflor? ¿Nos va a dejar una peste insufrible en toda la cocina? Una solución es echar unas gotitas de leche en el agua mientras la coliflor se cuece. Y así un sinfín de consejos para que cuando cocines en casa, no se te escape detalle alguno y te luzcas ante tus invitados. El menú suele variar, pero siempre hay un primer plato –frío o caliente-, un segundo –carne o pescado- y un postre.
Aperitivo y cena
Antes de empezar la función, también hay un pequeño aperitivo, sencillo de cocinar, que se degusta a medida que se elaboran el resto de platos. Suele ser un guacamole, alguna salsa, algún aliño... Te puedes dejar llevar, pero también les puedes proponer preparar cualquier receta. «Estamos abiertos a todo. Solemos preguntar el nivel para ver un poco por dónde tirar», aseguran.
Son las diez de la noche, hora de cenar. Al final, después de una tarde lidiando entre fogones, los asistentes degustarán los platos elaborados y lo harán acompañados de su ‘profe’ en un ambiente de lo más distendido. Y para que no se les olvide nada, recibirán un recetario con los textos escritos acompañados de fotografías de los platos que han aprendido a cocinar.