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Visita al deslumbrante interior de la obra magistral de Gaudí, abierta ya al culto
26.01.11 -
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Sagrada Familia (Barcelona). El templo de la luz
El pasado 7 de noviembre, el Papa Benedicto XVI dedicó al culto la Sagrada Familia, la futura gran catedral del siglo XXI, en una ceremonia sobre la que se pusieron los ojos de medio mundo. Millones de ciudadanos se maravillaron frente a sus televisores con los espectaculares progresos de las obras de construcción del templo. El interior del edificio ya está completamente recubierto, un avance monumental que permitirá que se celebren misas y que invita a soñar con un no tan lejano final de las obras, porque la iglesia podría estar terminada para 2026, fecha del centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí.
Tras la solemne consagración, que supuso la puesta de largo del templo, convertido en basílica, la Sagrada Familia ha abierto las puertas de su prodigioso interior al visitante. Esta periodista se ha colgado la mochila de turista a la espalda y se ha dejado deslumbrar por los secretos que el monumento albergaba en su interior.
El recorrido
En estas páginas proponemos un recorrido por el fascinante universo que Gaudí proyectó para esta iglesia grandiosa, que él mismo definía como una Biblia de piedra. El monumento fue concebido en 1882 como un lugar para la paz y el reencuentro entre pueblos. Una «nueva Jerusalén», antídoto contra la tristeza, la desesperación, la violencia y el rencor. Cada detalle de la Sagrada Familia tiene una referencia simbólica, que el maestro trasladó en prodigiosas formas arquitectónicas que tomaban como inspiración al entorno natural. «El gran libro, siempre abierto y que debemos esforzarnos en leer, es de la naturaleza», sostenía.
Empezamos el recorrido deteniéndonos en el exterior del edificio. La fachada del Nacimiento, situada en la calle Marina, fue la primera en erigirse. Gaudí la vio prácticamente terminada antes de morir. También llamada de la Vida, del Gozo y de la Navidad, quiere ser una explosión de alegría por el nacimiento de Jesús. Sus conjuntos escultóricos recrean los primeros años de la vida de Jesucristo, con elementos de la naturaleza que evocan el gozo de la vida, como la tortuga o el ciprés, símbolo de la eternidad y del amor de Dios a los hombres.
Su optimismo desbordante contrasta con la sobriedad de la fachada de la Pasión, dedicada a la muerte y resurrección de Jesucristo. Con formas duras y sistemáticas, transmite el sufrimiento de Jesús en las postrimerías de su vida. Encargada al escultor Josep María Subirachs en 1986, su construcción ha estado colmada de polémica porque muchos han visto en ella un distanciamiento excesivo de la obra original de Gaudí. Pero el arquitecto modernista ya dejó dicho en su momento que quería que esta parte fuera «dura, pelada, como hecha de huesos».
La fachada de la Gloria aún está por construir pero de momento ha sido erigida una puerta diseñada por Subirachs con las letras AG de Antoni Gaudí en sus picaportes. Volviendo a la fachada de la Pasión podemos adentrarnos en el interior del templo. El visitante bien puede tomar aire antes de dejarse maravillar ante el colosal espectáculo que se brinda ante sus ojos. Un gigantesco espacio destinado a dar cobijo a 8.000 almas. Son 4.500 metros cuadrados dedicados al culto, dominado por un majestuoso bosque de columnas en forma de árbol, que con sus ramas de piedra soportan las fascinantes bóvedas u hojas en colores dorados y verdosos.
A 110 metros de altura
Llama la atención la envolvente luminosidad de la basílica. El impresionante conjunto de columnas permite liberar a los muros de su función de carga, eliminar los contrafuertes y arbotantes del gótico y aumentar la superficie dedicada a los ventanales. Porque Gaudí quiso superar la oscuridad de las iglesias góticas y apostar por la luz natural. Mención especial merecen las primorosas vidrieras diseñadas por Joan Vila-Grau, situadas estratégicamente para capturar la luz en diferentes momentos del día y teñir las columnas de diferentes colores, amarillentos, verdosos o azulados, dependiendo de la hora del día.
Preside la nave central el solemne altar realizado a partir de un bloque de pórfido, material procedente de Irán, en el que aún es posible contemplar sus estrías porque ha sido arrancado directamente de la mina. Una vez más, este detalle simboliza la conexión directa del templo con la naturaleza. En uno de los laterales de las naves se sitúa el espacio para el coro, elevado a 15 metros de altura y diseñado para acoger a 900 personas. Durante la ceremonia oficiada por el Papa fue estrenado por los niños cantores de la Abadía de Montserrat.
Desde el interior del templo se accede a través de ascensores o empinadas escaleras de caracol a dos de las torres dedicadas a los apóstoles, de 110 metros de altura, que ofrecen fantásticas vistas de Barcelona. Culmina la visita el museo subterráneo en el que se pueden contemplar reproducciones de maquetas originales de Gaudí o el taller de modelistas, artesanos que siguen la técnica de trabajo del arquitecto con la elaboración de modelos de yeso, necesarios para la construcción de la iglesia.
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