Salud y paseos
Los beneficios de los cristales de sal de Añana son reconocidos internacionalmente desde 1851. Los salineros presentaron el fruto de su trabajo en la Exposición Universal de Londres y fueron premiados con una mención honorífica y una medalla de bronce. Esta sal, además de producirse en un paisaje cultural con más de 1.200 años de historia, cuida nuestra salud, ya que posee un equilibrio natural de minerales y es rica en oligoelementos. Pero no es el único tesoro de Añana, ya que la villa medieval esconde calles frescas y bien cuidadas. Su hermosa iglesia, dedicada a Nuestra Señora de Villacones, custodia un retablo del siglo XVI. Destacan también las casas solariegas como la que alberga el restaurante Casa Palaciega de los Ozpinas (Plaza de los Ozpinas, 8. tel éfono 945 351 304). Los que deseen quedarse más de un día, pueden pernoctar en la coqueta Casa Gesaltza (Perruchico, 1A. teléfono 663 088 258. ). .
Visitas guiadas Salinas de Añana
Cuándo: De 10.00 a 13.00 y de 17.00 a 19.00 horas.
Precios: 4 € para adultos, niños de hasta 12 años gratis.
La historia del Valle Salado de Añana se remonta a más de 200 millones de años atrás, cuando el actual emplazamiento de las salinas estaba cubierto por un gran océano que al secarse dejó una capa de sal de varios kilómetros de espesor. Con el paso del tiempo, esta capa se cubrió con nuevos estratos que la ocultaron definitivamente. Debido a la diferencia de densidad entre capas (algo parecido a lo que sucede cuando mezclamos agua con aceite), en algunos puntos muy concretos de nuestro territorio la sal ascendió a la superficie terrestre. Es ahí donde encontramos las salinas de interior.
Así nació uno de los tesoros naturales más bellos y ricos del País Vasco, integrado por manantiales, canales, pozos, eras y almacenes de sal que diariamente proporcionan en torno a 260.000 litros de salmuera con una concentración cercana al punto de saturación. Explotadas desde la época romana, las salinas fueron una auténtica mina de oro en la Edad Media. Tanto que sus habitantes tuvieron el honor de obtener el primer título de villa de Álava, en 1140, concedido por Alfonso VII de Castilla.
Tras el declive del siglo XX, debido al fin del monopolio de la producción a nivel nacional, un ambicioso plan de revitalización esbozado por la Fundación Valle Salado de Añana ha dejado atrás esa etapa para recuperar el valor de este bello y único enclave, uno de los pocos que luce totalmente blanco en pleno mes de agosto. Así que anímate y no dejes pasar por alto uno de los lugares turísticos de referencia en territorio alavés, que combina naturaleza, arquitectura medieval y una gastronomía de categoría.
Entrada por El Torco
La entrada al Valle Salado se realiza por uno de los antiguos almacenes públicos de sal denominado El Torco. Es un edificio de dos plantas con forma de barco invertido compuesto por un gran número de pequeñas láminas de madera unidas con machihembra curva, de modo que se facilita la formación de la superficie curva del elipsoide. Aquí se puede reservar la visita guiada, obtener información sobre el valle a través de paneles y soportes audiovisuales, observar una muestra con sales del mundo, adquirir productos o conocer más a fondo la actividad salinera.
El itinerario recorre los manantiales de Santa Engracia, La Hontana, El Pico y Fuentearriba, surgencias que suministran la salmuera a nivel de superficie de manera natural y continua. Seguimos por los canales o ‘royos’ que transportan el agua salada a través de conducciones de más de tres kilómetros de longitud. Si en origen gran parte de ellos eran simples zanjas en el terreno, con el tiempo fueron sustituidos por troncos de madera, generalmente de pino.
La ruta sigue por los pozos o depósitos, el corazón de las granjas de sal. El mineral se recogía en las eras llamadas balsas, las blancas superficies horizontales que componen el idílico paisaje de Salinas. Estas franjas vivieron su máximo esplendor a mediados a siglo XX, cuando en el valle llegó a haber en explotación 5.648 eras.
Bajo ellas se sitúan los almacenes, último punto del proceso de extracción del mineral. Estas edificaciones aprovechan los huecos entre los muros de las terrazas y las plataformas de evaporación, facilitando su llenado. Su función es la de albergar la sal hasta el momento de su transporte a los almacenes públicos situados en el exterior de la explotación, desde donde se distribuye para llegar a nuestras mesas.