Cantabria en calesa
Cuándo: Todos los días, con cita previa.
Precio: Paseo de 45 minutos, 40 euros por coche. Paseo de 90 minutos, 70 euros por coche (10% de descuento a los compradores de la revista GPS).
El precioso valle de Ribamontán al Mar está situado en la zona oriental de la bahía de Santander. Uno de sus mayores tesoros es su entorno natural: colinas, caminos vecinales y senderos que desembocan en prados, arboledas o playas, que permiten disfrutar de excelentes paseos. Ahora tienes la oportunidad de descubrir los secretos de este valle de una forma original y diferente: nada más y nada menos que montando en calesa de caballos. El paseo transcurre entre los municipio de Galizano y Carriazo, ubicados sobre una llanura de verdes campas bordeadas por el río Miera, al sur por frondosos bosques y al norte por el mar Cantábrico. Naturaleza con los cinco sentidos.
Si no tienes nociones sobre cómo montar a caballo, no te preocupes: un cochero te guiará y disfrutarás de los caballos y el paisaje en su estado más puro sin necesidad de estar pendiente del equino. Tampoco falta ser un amante de los caballos, el paseo te embelesará por sí mismo. Subir en uno de estos carruajes te hará sentirte como si estuvieras en otra época. ¿Te lo vas a perder?
Los coches -traídos desde Sevilla- recuerdan al pasado pero con los avances de hoy. Se han construido con materiales nobles y resistentes, además de elementos que aportan lujo y cierto glamour y que te harán sentir como un auténtico rey: asientos de cuero blanco y negro, madera pintada, farolillos, el maletero o la decoración floral. No falta de nada. Tampoco el hilo musical para que disfrutes del trayecto en su máximo esplendor.
Al son de los cascabales
Las rutas parten desde una típica casona montañesa en el pueblo costero de Galizano, tierra de canteras, carpinteros, herreros, y sobre todo, labradores y jornaleros, y que hoy en día aún conserva una importante tradición artesana. Durante el recorrido podrás escuchar las explicaciones del guía que dirige la caballeriza, a la vez que suenan los cascabeles y el galope de su caballo. Son 45 o 70 minutos -dependiendo de la modalidad que elijas- por senderos en los que podrás observar una vegetación frondosa, montes y laderas, con el mar como telón de fondo. Incluso se divisan la ciudad de Santander y los Picos de Europa. Una paisaje con un colorido muy diverso e intenso. Es lo que tiene el valle de Ribamontán al Mar: el azul suave del cielo, el oscuro del mar, los verdes de las praderías, los marrones de los montes, montañas, bosques, los rojos de la puesta del sol... Un marco incomparable.
Además, es una zona marcada por su carácter ganadero, que recuerda el pasado a través de los antiguos silos de labranza donde la hierba se metía para secar con un procedimiento artesanal laborioso, establos con vacas lecheras y pequeñas huertas e invernaderos de familiares, donde se producen tomates, lechugas y otras hortalizas como las berenjenas, cebollas, zanahorias, calabacines, judías verdes, además de patatas o frutales.
Casonas y palacetes
A su paso por Carriazo, la capital de valle, encontrarás casonas y palacetes de estilo montañés y colonial en grandes fincas con jardines pertenecientes a empresarios o políticos, como la familia Botín, que utilizan esta zona como retiro estival atraídos por la tranquilidad, el clima, las montañas y las playas de la comarca. El valle de Ribamontán al Mar posee bellísimas playas salvajes y las podrás divisar desde la calesa, ya que el paseo discurre junto a los espectaculares acantilados que jalonan esta parte de la costa cántabra. Eso sí, si te dan miedo las alturas, no te asomes demasiado porque quitan el hipo.