
El recorrido dura cerca de tres horas.
José María y José Miguel Larrínaga tienen esa risa franca que ilumina las caras de quienes disfrutan haciendo lo que hacen. Son padre e hijo, ambos conducen un 4x4 y cualquiera de ellos puede llevarte a vivir una intensa jornada de aventura a través de los caminos por los que antiguamente cruzaban los raíles mineros del Puerto de Muñecas, en Sopuerta. La ruta en vehículo es parte de un paquete que Enkartur ofrece a los turistas con la intención de combinar cultura, historia y diversión. Además de las tres horas que dura esta especie de rally controlado por el monte, la oferta incluye visita a la Ferrería El Pobal en Muskiz y al Museo de la Minería del País Vasco en Gallarta, para que nadie se marche sin tener clara la importancia que el hierro adquirió hace siglos en la zona.
Precisamente es en el aparcamiento de la antigua factoría de mineral donde se inicia el recorrido en vehículo, tras haber paseado por sus salas. Basta con conocer el nombre de la empresa encargada de realizarlo, Los Cazaventuras, para adivinar que la experiencia promete. Incluso es apta para miedosos. «Lo prioritario es la seguridad. Llevamos tres años haciéndola, la conocemos al dedillo y no hay peligro», asegura José Miguel aferrado ya al volante de su todoterreno. Aún así, por si a alguien le puede el respeto, hay tres paseos alternativos con diferente grado de dificultad, «aunque casi todo el mundo opta por el complicado, incluso los críos».
Montaña rusa
Lo cierto es que es fácil no temer nada cuando José Miguel presume de formar parte del equipo 4x4 de Euskadi en el Dakar. Más fácil aún al escuchar alguna batallita de su experiencia en la carrera africana y en otras a lo largo del Sahara. Le crees pero, como siempre, no del todo hasta que lo ves. Pasado Sopuerta, ya en pleno Puerto de Muñecas, adapta la tracción de las ruedas a la pista forestal. El paisaje es digno de pausa. La localidad cántabra de Mioños a un lado, justo delante del mar, los montes vizcaínos al otro. Tras el reposo paisajístico, al pasar sobre los primeros pedruscos, es cuando el trayecto empieza a menearse… mucho.
A pocos metros llega la hora de la verdad, la de creer a ciegas en su capacidad o convertirse en ateo, cuando ante un desnivel del 30%, lo que el común de los mortales llamaría una pedazo bajada, el morro del coche cae atraído por la gravedad y la pericia del piloto sortea baches, rocas y barro a base de volantazo. El cuerpo se agita como en una batidora mientras te preguntas quién ha sustituido la tranquila campiña por una montaña rusa y encomiendas tu alma al buen hacer del conductor y al destino, para acabar disfrutando como el niño que sube por primera vez a una barraca.
La adrenalina hace el resto. Empiezas a cogerle el gusto a eso de pegar acelerones para atravesar charcos profundos mientras el agua salpicada embadurna de barro los cristales. Disfrutas comprobando como el coche esquiva un tronco que, ¡oh dios!, quién tuvo la idea de poner ahí. Sonríes con el derrape final que hace girar al vehículo y deja en tu cara una expresión de tontaina alucinado. Y te rindes porque sabes que, a partir de ese momento, la experiencia te ha conquistado, que quieres más y, a ser posible, difícil.
Aunque siempre hay gente para todo. «Recuerdo a unos americanos que más que con el coche se sorprendían porque descubrieron caballos salvajes y no se creían que fueran libres. Hasta me hicieron seguirles un rato para poder hacerles fotos. O a unos clientes que se empeñaron en bajar a coger moras».
Por tierras de ingleses
Lo de encontrarte con los caballos tiene su aquel, aunque no son los únicos animales que pueden verse por la ruta. Jabalíes, corzos y, por supuesto vacas, surgen camino del pueblo de Alen, antiguo asentamiento minero donde se extraía el mineral rojizo que regalaba la tierra y acababa enviándose, entre otros destinos, al puerto de Santurtzi para viajar sobre todo a Inglaterra, donde su calidad era muy apreciada. «Lo curioso es que los dueños de esas tierras baldías para la labranza las vendieron a precios muy bajos a empresarios ingleses, irlandeses y escoceses, más vivos en esto del negocio, y acabaron trabajando para ellos en condiciones muy duras campos que antes eran propios». Ironías de la vida, a la que le gusta virar de golpe como un 4x4.
Irónico resulta también que la localidad que siglos atrás funcionaba como centro neurálgico de la zona, con 1.500 personas censadas, cuente ahora con un solo habitante. Para llegar a este pueblo casi fantasma se atraviesan varios túneles de piedra por los que pasaban los vagones tirados por mulas. Los Larrínaga, socarrones ellos, han puesto nombre a uno: ‘el lavacoches'. «Justo en la mitad hay una pequeña cascada de agua que nos limpia los cristales». Lo dice José María, el padre, que se carcajea bajo el curioso túnel de lavado. «El recorrido se les debía hacer eterno. Llegar desde Muskiz, uno de los lugares donde depuraban el mineral, hasta aquí ahora cuesta veinte minutos, pero allá por el siglo XIX tardaban días», asegura el hijo.
Ya en Alen, al lado de las minas al aire libre, las vistas impresionan. Abarcan tierras de Bizkaia, Cantabria, Álava e incluso Burgos.
La mina Catalina
Tras una parada en la que husmear el entorno, donde existe todavía una pila de mineral o los restos de edificaciones que servían para guardar las vagonetas, la excursión continúa hacia los hornos de calcinación de Castaños. José María toma de nuevo la palabra. «Aquí se apilaba mineral con carbón vegetal para separar el hierro del cuarzo. El primero se convertía en herramientas, vigas y muchos otros objetos. El segundo se utilizaba como tinte. Todo esto formaba parte de la Mina Catalina, aún existe el edificio que albergaba las oficinas». Efectivamente ahí está, junto a los hornos que llevan inscrita su fecha de nacimiento, 1951 y 1956.
En ese lugar finaliza el viaje. «Al acabar la ruta solemos acompañar a los viajeros al restaurante donde prefieran comer. Y después de cumplir con el estómago se les acerca hasta el Museo de la Minería».
La ruta del hierro en 4x4 Encartaciones
Dónde: Encartaciones y zona minera de Bizkaia.
Duración: 1 día.
Cuándo: Martes a domingo. Mínimo 2 personas, máximo 16. Incluye visita a la Ferrería El Pobal, ruta en 4x4 y visita al Museo de la Minería del País Vasco
Precio: 75 euros hasta tres personas y 50 de cuatro en adelante.
Información y reservas: Enkartur, teléfono 946 802 976.