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La última ferrería activa de Bizkaia y el Museo de la Minería nos esperan en nuestra ruta
31.01.12 -
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Museos (Encartaciones). Con el sudor de su frente
El Pobal sobrevivió al correr del tiempo y pasó a convertirse en la última ferrería activa de Bizkaia. Su vida productiva se mantuvo hasta 1965 a golpe de calor y de martillo. Había nacido en el siglo XVI de manos de los Salazar, el linaje que dominaba la comarca encartada, aunque fue en el XVIII cuando vivió su máximo esplendor. Ahora es conjunto monumental, museo vivo donde comprender mejor la historia del hierro y de la gentes que comían de él.
El río Barbadún proporcionaba su fuerza moviendo la rueda hidráulica que activaba todo el proceso. Aún lo hace durante las demostraciones que se realizan para los visitantes. Suena, gracias al correr del agua, el ruido ensordecedor del fuelle de piedra cuyo aire alimenta el horno bajo de reducción. Cada paso de la demostración es idéntico al de antaño. El mineral entra en las llamas para conseguir mediante la calcinación hierro de ley, metal limpio, una masa que el martillo pilón golpea transformándola en vara. Lo hace con la fuerza de los 300 kilos que pesa su cabeza y la destreza del ferrón, que se encargará después de modelarla en la fragua.
En ese taller, hoy día como antaño, es la habilidad del hombre quien consigue dar forma al metal incandescente. Del horno alimentado con carbón vegetal a unos 1.200 grados surge una barra salomónica, muy utilizada en las verjas, que se retuerce aferrada al torno con el esfuerzo de los brazos del trabajador. También un simple clavo, pieza recurrente en las ferrerías, con variedad casi infinita y que, a pesar de su pequeño tamaño, hace sudar al ferrón con cada golpe que ha de propinarle para imprimirle cuerpo.
Grandes útiles para la industria, la agricultura o la guerra nacían en estas instalaciones. Además de objetos destinados al hogar, desde cazuelas hasta agujas con las que tejer las prendas en un mundo que, después de la demostración, se adivina mucho más frío y duro que el actual.
El conjunto
El complejo de El Pobal no solo cuenta con la ferrería. Un molino harinero, reconstrucción del original datado en el siglo XVII, forma parte de la visita guiada que el público realiza a este centro ubicado en un pequeño recodo a las orillas del río. Trigo y maíz pasaban por sus piedras, que el molinero ponía en marcha para obtener el pago por su labor, generalmente el 10% de la cantidad lograda.
El palacete tardo gótico del siglo XVI, antigua vivienda de los ferrones, acoge ahora la recepción del museo.
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