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El paraje volcánico almeriense, libre de tormentos urbanísticos, ofrece tranquilas calas y aguas limpias
29.04.09 -

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Cabo de Gata (Almería). Naturaleza a salvo
Aunque parezca mentira, en la costa mediterránea aún quedan algunos lugares en los que el viejo Mare Nostrum mantiene viva su riqueza natural, donde las playas permanecen casi vírgenes, libres de apartamentos-colmena y mastodónticos hoteles atestados de veraneantes. Uno de estos rincones perdidos en el mapa de los touroperadores es el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar. Antes de emprender el viaje, debemos aclarar que llegar hasta allí no resulta demasiado cómodo, pero merece la pena darse la paliza si se está buscando paz y tranquilidad en un entorno de infinitos paisajes volcánicos, en los que sólo crecen palmeras, cactus, chumberas y pitas, que se precipitan desde altos acantilados a un mar azul intenso, donde el buceo resulta una delicia para los amantes de este deporte.
El Cabo de Gata, escenario junto al desierto de Tabernas de míticas joyas del cine, como ‘Lawrence de Arabia’, ‘El bueno, el feo y el malo’ o la tercera entrega de ‘Indiana Jones’, es el sitio ideal para no hacer nada. Por eso, una vez allí, lo mejor es sacudirse el estrés y dedicarse sin prisas ni agobios a conocer sus playas y calitas de fina arena y aguas cristalinas.
Entre las más bonitas están la de Monsul, en el pueblo de San José, donde Sean Connery espantaba las gaviotas para derribar al avión nazi que perseguía a Indiana Jones; la de Los Muertos, de difícil acceso y peligrosa por sus corrientes, pero de una belleza asombrosa; y la de Los Genoveses, una de las preferidas por los nudistas. La cala San Pedro también merece una visita, por ser uno de los pocos reductos hippies que quedan en España. A ella sólo se puede acceder en barco o a pie, por cuatro kilómetros de estrechos senderos.
Pescadito y cerámica
Los pueblos de la zona son pequeños, apenas cuatro calles con las típicas casas blancas de pescadores y ruinas que recuerdan su pasado musulmán. En todos ellos hay una oferta limitada, pero muy interesante, de hotelitos y casas rurales, cuyo lema es el respeto al medio ambiente. En sus restaurantes y chiringuitos, el lujo no es otro que el pescado fresco y el trato familiar.
La localidad más importante es Níjar, famosa por su cerámica y sus jarapas, mantas artesanas confeccionadas a partir de retales de vivos colores. Y para conocer algo de la historia que atesora este lugar, nada mejor que ir a Rodalquilar, en el centro del Parque, y visitar sus antiguas minas de oro, que despertaron la codicia de fenicios, griegos, romanos y árabes.

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