Una dulce ex amiga que ya no sale con nosotros (qué alegría la de Pato, qué pena la mía) comentó un día: “Nunca vuelvas al lugar donde te has enamorado”. Y uno, al que le pierde el cinismo, contestó: “Pues yo puedo ir a todas las partes”. Sin embargo, esa femenina reflexión nos rondaba la cabeza con motivo de la nueva gira de Marah. Cuatro veces les hemos visto y dos fueron magistrales. Memorables. ¿Esta vez se repetiría la emoción, que ya saben es un sentimiento profundo? Hummm... ¿por qué no? Como sostiene Springsteen: “El rock and roll es lo único que no me ha decepcionado?”. Ni a nosotros. Por eso nos desembarazamos del hastío del abandono y nos dispusimos a ver tres veces en dos días a Marah. Así, con un par, ¿qué pasa?
La primera etapa era el jueves en Santoña. Tras la insoslayable ronda gastronómica por las tabernucas, entramos en el Tropicana y no vimos a nadie de Bilbao, pero sí a gente de Reinosa (El Diablo, La Mona), Torrelavega (Fonsín, que se echó novia hace seis meses, muy guapa ella) y de la Pozona (que es como los cántabros del interior nominan a la capital, Santander). Habría unas 200 personas, nos hicimos hueco delante, claro, y con prevención (y aprensión, sí) nos preparamos para el reencuentro. Ya al primer vistazo los prejuicios rebajaron las esperanzas: ahora Marah son cinco y del sexteto del año pasado sólo restan los dos hermanos Bielanko y la chica de las teclas. Ella aumenta su participación en el sonido, la falta de la tercera guitarra se hace notar en un sustrato que no palpita volcánico todo el rato, y la nueva base rítmica tiene un cariz mercenario demostrable porque el bajo no sudó ni una gota.
“Ya nada será lo mismo”, pensamos, pero no por eso íbamos a dejar de divertirnos. Quién sabe si incluso a emocionarnos. El bolo duró hora y 23 minutos y tuvo dos partes diferenciadas. La primera fue de tanteo, con altibajos, descargas eléctricas y repliegues románticos. Evidentemente, no era lo mismo: los mercenarios se implicaron menos y de los líderes, el hermano mayor, Serge Bielanko, con el pelo corto, no perdía ojo a su querido hermano menor, David, que se asomaba con menos riesgo a tocar la guitarra al borde del tablado y que sudaba como un cabrón con ese gorro de lana y esa parka atada hasta arriba.
Hola, motherfuckers
Bueno, sonó la introducción de fondo, subieron los músicos al tablado y nos dejamos llevar. Serge saludó con un ‘hola motherfuckers’, David con gestos de boxeador (Rocky, paisano suyo de Filadelfia, es una de sus influencias), y se arrancaron con ‘Coughin Up Blood’. Ya, no es la explosión de antes, pero tiene un pase. Aun así, David espetó que “hoy es la noche, ¿estáis preparados?”. De sobra, tío. Y cayó ‘East’, un soul-rock a lo Graham Parker mermado por la patente falta de hermandad en el quinteto actual. La cosa rulaba profesional, como ensayada: ‘The Castfisherman’ con corpus funk, ‘Angels On A Passing Train’ en la escuela Elvis Costello, ‘Round Eye Blues’ mascada a lo Springsteen y ‘The Dishwater’s Blues’ con el bueno de Serge bajando con su armónica entre el público y la peña sonriendo contenta próxima a él. ‘City Of Dreams’ evocó a Dylan y a los Waterboys y, pum, la primera implosión emocional llegó a la octava canción, ‘Santos de madera’. En la novena los Bielanko se refrenaron y en formato reducido hicieron ‘Songbirdz’ después de que Serge nos contara que llevan dos semanas fuera de casa pero ya le parecen catorce años.
Al acabarla nos propusieron si queríamos rockear otra vez y por fin se generó la apoteosis. ¡Para eso habíamos ido, tíos! El concierto cambió de actitud y el rock reinó. ‘Angels Of Destruction’ se balanceó como el Springsteen callejero, luego todos juntos saltamos felices en ‘Point Breeze’ y al de una hora y cinco minutos Marah acabaron cruzando el rockabilly con el soul en ‘Wilderness’. El bis tuvo tres temas. ‘Sooner Or Later’ les quedó justito, pero se redimieron con ‘The Closer’’ y la febril interacción vocal entre los dos hermanos, que nos llevaron al paroxismo, antes de despedirse con un ‘New York, New York’, que les quedó verosímil. En Bilbao seguro que se superan, je, je...