Festival Internacional de Santander
Fecha: Del 1 de agosto de 2008 al 1 de septiembre de 2008.
Entradas: www.generaltickets.com
Tomen asiento, cojan un bolígrafo y déjense llevar por el instinto. ¿Qué les apetece? No, no se trata de un menú. Pero casi: es el programa del Festival Internacional de Santander (FIS). No hay cosa que despierte más ilusión en los aficionados que un surtido de espectáculos, apretaditos, con estrellas de relumbrón y títulos que invitan a soñar: Zubin Mehta, Anne Sophie Otter, Orquesta Filarmónica de San Petersburgo, Lucía Lacarra, ‘Otelo’, la Novena de Beethoven, ‘Petrushka’... Y, si encima uno se encuentra de vacaciones, bueno, la tentación se dispara. ¡Uno se apunta a todo lo que pilla! O, al menos, lo intenta; las grandes figuras no se dejan ver todos los días por nuestros lares.
El FIS es un lujo al alcance de la mano. Y deja huella; vaya si deja huella. Todavía me acuerdo de la noche del 28 de agosto de 1984, cuando las gradas que se montaban entonces para el festival en la Plaza Porticada casi se vienen abajo. Qué exitazo. Y en mitad de ese delirio, el tenor salía a saludar con una sonrisa de niño de Primera Comunión y la pajarita un pelín torcida. El último ‘bis’ había sido la romanza de ‘La Tabernera del Puerto’; ya saben, esa que dice ‘Los ojos que lloran no saben mentir, las malas mujeres no miran así...’. Guau. El cantante era José Carreras y estaba en estado de gracia. Qué tiempos. También se me ha quedado grabada aquella escena de ‘El corsario’, con un Julio Bocca que se detenía en el aire un par de segundos y caía con la elegancia de una pluma de faisán. Ah, y qué decir de aquel jovencito Ivo Pogorelich, que nos brindó un ‘Para Elisa’ tan, tan frágil que daba apuro aplaudir.
En fin, que la memoria nos puede dar muchas alegrías. Hace tiempo que no frecuento el FIS pero lo sigo muy de cerca. Y cada vez que echo un vistazo al programa, recuerdo a su director, José Luis Ocejo, un músico fantástico (responsable de la Coral Salvé de Laredo) que sabe poner orden, allí por donde pasa, sin necesidad de levantar la voz. José Luis es monje trinitario pero estuvo a punto de dedicarse al dobladillo y el pespunte, porque un tío suyo tenía una sastrería en Cuba y, bueno, que casi se nos va a La Habana. Por fortuna se quedó en tierras cántabras, y no ha dejado de deleitar al personal como organista del Santuario de la Bien Aparecida (Ampuero). Es un hombre hiperactivo y, en el trato, un caballero andante. Gran virtud para lidiar con todo el mundo. Y así, el FIS va sobre ruedas...