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Lleno el jueves en el Kafe Antzokia para ver a la estrella del rock americano exilada en Francia Elliott Murphy, que esta vez actúo en cuarteto, con una banda íntegramente francesa en la que destellaba su escudero Olivier Durand a la guitarra, en punteos electroacústicos que devinieron los mayores picos emocionales de una noche de bondades diluidas entre otras razones por la excesiva prolongación temporal, y es que a Elliott le gustan los conciertos largos y el jueves debido a ello murió de éxito.
Elliott y su Normandy All Stars (buf, el bajista parecía de Burning) oficiaron durante 155 minutos (dos horas y media y cinco minutos más) en los que cayeron 27 piezas. La cita se puede dividir en dos partes: el bolo normal de 17 piezas y 103 minutos, y luego los bises encadenados hasta el hartazgo; no en vano bastantes espectadores se largaron antes de acabar. La primera parte ofreció numerosos temas nuevos que está componiendo un fecundo Murphy a medias con Durand. Tras un prólogo a dúo de ellos dos, el cuarteto al completo enlazó cuatro temas ágiles y rocanroleros (‘Green River’, ‘Sonny’...), con poses y tensión... y expectativas creadas razonablemente.
Desmotivado
Luego la cosa se refrenó con dedicatorias a su madre de 83 años (‘Pneumonia Alley’), la primera invitación a corear a Naroa, una amiga que se ha echado Elliott en Bilbao (‘Ophelia’), y éxitos suyos recientes, caso de ‘Last Of The Rock Stars’ o un ‘On Elvis Presley’s Birthday’ que no alcanzó la emotividad de ocasiones precedentes. Y entre ovaciones y palmas del respetable se cerró esta desigual primera parte con un desmotivado ‘Diamonds By The Yard’, que ya es decir (Pato juzgó que sus clásicos primigenios le quedaron regular porque los atacaba muy deprisa).
El concierto hasta aquí fue muy parecido al CD+DVD que incitó a comprar a la salida, el titulado ‘Alive In Paris’ y editado por Karonte, o sea que se puede conseguir en las tiendas. Los bises, suministrados por el diletante artista sin salir de la escena, los propinó Murphy con nueva estética: chaleco sobre el torso desnudo para mostrar los bíceps (‘de brazos no va mal’, juzgó Rocío), pañuelo calado sobre la lacia melenita rubia a lo Axl Rose y posturita springsteeniana. Entre los meandros de los bises excesivos hubo momentos dulces como ‘Come On Louann’ (el muy seductor pidió en los coros ululantes: “Es bonito. Una vez para mí. Sólo las chicas”), insistencia en invitar a su amiguita bilbaína (‘I Wish I Was Picasso’), devoción del respetable (“We love you”, “eres grande, Elliott”, le gritaron varios maromos), una versión del ‘Gloria’ de Them/Van Morrison que pareció de fogueo, y varias piezas esporádicas y sin amplificar, con Elliott cantando a pelo y las dos guitarras sonando sin enchufe hasta alcanzar el cénit en la última, un ‘Drive All Night’ que sirvió para paliar la sensación de un bis indigesto y que Elliott lo gozó a tenor de la mirada iluminada que se le escapaba ante la rendida admiración del respetable bilbaíno.