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La icónica roquera, en lucha contra el conformismo, actúa en Santana 27
21.07.08 -

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Patti Smith (Bilbao). «Hay que alzar la voz»
Algo más de un año después de presentar en Donosti su disco de versiones ‘Twelve’, regresa Patti Smith y, con ella, el recuerdo de ese limbo de luminarias de las letras y el rock que durante los 70 discurrían por la bohemia neoyorquina: Ginsberg, Burroughs, Carroll, Warhol, Mapplethorpe, Sam Shepard, Dylan, Tom Verlaine, John Cale... Todos ellos siguen ligados a la aureola de mito de la cultura popular que acompaña a esta andrógina y descuidada presencia que los años no han alterado.
A sus 62 años, Patti Smith ejemplifica la defensa del rock y el arte en madurez. No reniega de quienes la inspiraron en su adolescencia –«Blake, Rimbaud, Carroll, Callas o Dylan lo siguen haciendo»– y, aunque los años pueden haber transformado la pasión y la fuerza con la que hace tres décadas transmutaba las palabras en energía, mantiene su necesidad compulsiva de expresarse. «Soy viuda con hijos mayores y tengo menos responsabilidades –explica–. Es una sensación parecida a los primeros tiempos, la diferencia es que ahora soy más sabia y la expreso más en mi trabajo que en mi modo de vida». La mujer con más rabia interior del rock de los 70 puede parecer ahora menos estridente, pero hasta compañeros de viaje críticos como Víctor Bockris, biógrafo por antonomasia del underground neoyorquino y editor en 1972 de su primer poemario, dicen que conserva aún los rasgos centrales de su arte: «Una loca e impredecible fantasía, una relación conflictiva con la religión y una gran rebeldía contra el conformismo y los roles tradicionales por razones de sexo».
La artista que marcó con su magnética presencia el desaparecido templo del punk CBGB atraviesa una etapa intensa: «A mi edad, te das cuenta de que ya has pasado la mayor parte de la vida. Pero trato de no pensar en la muerte, a la que he visto de cerca. Aún no estoy preparada, me quedan muchos libros por leer y muchas cosas por hacer». Compositora, poetisa, escritora, pintora, fotógrafa y ‘performer’, la intelectual y feminista Patti se considera trabajadora del arte y su agenda está cuajada de eventos en América y Europa, muchos de carácter público o institucional como su retrospectiva fotográfica parisina ‘Land 250’ o la muestra multidisciplinar programada en Artium. Sin embargo, no cree que ni ella ni el rock estén «institucionalizados», por mucho que recibiera la Medalla de las Artes y las Letras del Ministerio de Cultura francés (por su difusión de poetas como Rimbaud o Genet) o fuera incluida en el Salón de la Fama del Rock.
Siempre diferente
Y es que Patti sigue convencida del poder movilizador del rock. Sea actuando en favor del Tíbet o las victimas del Katrina, sumándose a la gira Vote For Change, denunciando Guantánamo o apoyando al partido verde de Ralph Nader. «El rock es parte ya de la industria del entretenimiento, pero yo lo entiendo como un género ligado a los deseos de la gente que engloba arte, poesía e inconformismo. Ahora todo ese arte está amenazado por el corporativismo comercial, pero sigo teniendo fe en el individuo. El rock volverá a ser poético y revolucionario. Lo que hace falta es más gente que alce la voz. Hoy hay demasiados que sólo van buscando el dinero y la respetabilidad que creen que el arte les puede dar. Pero el arte es otra cosa».
La definición que hacía de su música en sus comienzos –«el rock de tres acordes fusionado con el poder de la palabra»– sigue siendo válida para esta artista integral. Su último trabajo es ‘The Coral Sea’, registrado en directo con Kevin Shields, de My Bloody Valentine, que aporta los colchones abrasivos sobre los que Patti recita. A Bilbao, en cambio, llega dentro de una gira de conciertos «siempre diferentes» junto a los fieles Lenny Kaye (guitarra) y Jay Dee Doherty (batería), Tony Shanahan (guitarra y teclados) y su hijo Jackson (guitarra).
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