Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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El Bilbaína Jazz Club cumple esta temporada los 20 años. Sus rectores opinan que sobrevivir tanto tiempo ya es un triunfo impresionante y anuncian que están dispuestos a tirar la casa por la ventana para celebrarlos. Como prueba de tal promesa, el jueves actuó en el club el saxofonista avecindado en Nueva York Eric Alexander (Galesbur, Illinois, 1968), un maestro del hard bop. En el primer pase, de 70 minutos, hizo cuatro standards escudado por los queridos habituales de la escena catalana: el contrabajista Ignasi González (mejor que nunca por su fiel contención), el baterista Steve Pi (cada vez que viene parece un músico distinto, nunca se repite y siempre crece) y el pianista Fabio Miano (excelente cuando sucedía los solos del protagonista).
Alexander abrió con una pieza de unos 20 minutos y nosotros, sentados a un palmo de él, podíamos oír su saxo tenor al margen de la microfonía. Elegante con su traje se tiró diez minutos soleando un chorro cálido de bob fluido, con claro influjo de Charlie Parker, una andanada que no paraba, que nos dejaba traspuestos, con Pi y González siguiéndole con los ojos cerrados. Semejante acción sostenida anunciaba la ovación que llegó cuando Alexander se retiró del centro, el respetable aplaudió a rabiar sin parar, la banda mantuvo la pieza (se trataba de ‘La noche tiene mil ojos’), y Pato tendió al agradecido artista un botellín de agua.
Fue una pasada. ¡Y el tema aún no se había acabado! En su parte final Alexander intervino dando apoyos desde fuera del escenario a un trío que se superó a sí mismo bajo su batuta e inspiración. La segunda pieza, ‘Dis Here’, de Bobby Timmons, sonó ácida, con toques de Mancini, Herbie Hancock y Lou Donaldson, no en vano la versión más conocida es la de Cannonball Adderley. La tercera fue la balada ‘All The Way’, acreditada a Sinatra, y se cerró con el blues tejano de honky tonk ‘Hitting The Ground’ de Gene Ammons, con el público marcando el ritmo con las palmas.