Manolo García gira para presentar su cuarto disco en solitario, ‘Saldremos a la lluvia’, de pop-rock étnico y ecologista con lírica alambicada tipo «el cobalto azul del huracán». Nos habla desde una torre del castillo de Almansa, en Albacete. «Estoy encaramado al peñasco este y miro el lugar donde se peleaban los Reinos de Castilla y Aragón contra los árabes del Reino de Murcia. Esto era tierra de frontera. Lo veo siempre que paso por la autovía y hoy he decidido subir».
–¿Te gusta conducir?
–Bueno, no especialmente. Me gusta moverme y prefiero el tren, donde te mueves pero puedes leer y gozas de más libertad.
–¿Qué coche tienes?
–Tengo coche a mi pesar. Me gustaría que no lo tuviéramos nadie. O que tuviésemos coches que no contaminasen. Y también movernos más lentos. Estas velocidades astronómicas... Cuando empezaron los coches y los trenes en el siglo XIX, corría el bulo de que a partir de 50 kilometros por hora la gente se volvía loca. Y creo que es cierto. Yo tengo un coche normal, de los que contaminan, como todos, y a mi pesar, pero claro, he de trabajar y no hay otra manera de funcionar. Y lo del avión me parece más inverosímil. Un pedrusco de 700 toneladas volando lo veo antinatural. Es un desafío a los dioses. Como todo lo que hacemos los humanos.
–¿Cómo va la gira? ¿Llenando?
–Se llenan las capitales grandes. Las ciudades más pequeñas, no. Se nota la crisis. En Madrid, Barcelona y Valencia vive tanta gente que ningún problema: algunos irán, je, je... Pero en capitales más pequeñas hay una bajada. En mi caso, del 20-30%. Pero bueno, vienen miles de personas.
–¿Cómo serán los conciertos de San Sebastián y Barakaldo? ¿Dos horas?
–Hablo más de calidad que de cantidad, y ésta la pone el público. Al ver a esa gente que te conoce y tiene tus discos, te sube la adrenalina. Así como tengo una vertiente introvertida, tímida, de pintor y de soledad, también necesito eso de contactar y comunicarme. El público encontrará una banda y un Manolo ilusionados, con ganas de tocar. El repertorio será del disco nuevo, de seis a diez canciones dependiendo de la noche, y también repasará mis discos anteriores e incluirá alguna de El Último por cortesía, sin hacer hincapié.
–Se va a reeditar lo de El Último de la Fila.
–EMI tiene siete discos y saldrán en una caja. Después de un montón de años nos llamaron para pretender, primero, una reunión y gira, pero no tuvimos ningún interés. Segundo, limpiar la cara de esos discos. Pensamos que incluso estaría bien remezclar alguno, pues los primeros se grabaron con un presupuesto muy bajo. Comíamos bocadillos, en serio te lo digo.
–La venta de discos va fatal, pero las giras funcionan: Amaral, Fito, Estopa... ¿Se compensa lo uno con lo otro?
–Tengo mis dudas. Y esto es como las manifestaciones: la Policía dice una cifra, el Ayuntamiento no sé qué y los convocantes no sé cuánto. Siento que estamos tocados y no hay forma de que esta profesión se una. Somos un montón de gente, supongo que con un ego muy grande, y no veo solución colectiva. Todos nos hemos pasado a tocar en vivo y también hay lío: evidentemente no cabemos todos en un país tan pequeño. Hay una lucha encarnizada entre promotores. Claro, en una población donde siempre ha habido dos o tres conciertos en las fiestas, ahora hay programados nueve al año. Evidentemente, alguien pincha. Y encima, la crisis.