Conocida ya en los escenarios vascos, Lila Downs es una encantadora cantante de Oaxaca especializada en aportar ropaje contemporáneo a las rancheras, cumbias, sones y demás canciones tradicionales y cantineras del México mixteco y fronterizo. De los más de diez años «tendiendo puentes» con discos como ‘Border’ (01), ‘One Blood’ (04), ‘La Cantina’ (04) u ‘Ojo de Culebra’ (09) da testimonio el directo ’Lila Downs y La Misteriosa: en París’, que el lunes reproducirá con una banda gringo-latina que lidera su pianista, saxo, director artístico y marido, Paul Cohen.
-¿Será tu concierto de Bilbao parecido al disco en directo?
-Sí, será parecido a ese disco que tuvimos la fortuna de grabar en París gracias a un ofrecimiento de la Radio Nacional francesa. Haremos un recorrido por todos mis discos, canciones populares y de cantina, baladas y rancheras y cumbias como la ‘Cumbia del mole’, con la que tuvimos algo de éxito, junto con otras favoritas como ‘La llorona’.
-¿Qué balance haces de tu carrera?
-Bueno, ya no puedo hacer nada al respecto, el daño está hecho (risas). Sobre todo me siento afortunada por haber podido pasear por el mundo mis canciones y por haber llegado hasta aquí, que recientemente perdí a dos amigas como la gran Mercedes Sosa, con la que pude grabar en mi último disco (‘Ojo de Culebra’), y Lasha de Sela (cantante americana comparada con Lila). Era más joven que yo pero se le llevó un cáncer.
-¿Siguen teniendo las cuestiones sociales el mismo protagonismo en tus discos?
-En ‘Ojo de Culebra’ volvieron a tener importancia, tanto que fui censurada en Oaxaca y no pude presentarlo en mi región. La música nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre lo que pasa en un país como México, con buena parte de la sociedad frustrada ante la imposibilidad de cambiar. Soy una mujer comprometida con mi identidad y mi cultura, pero es algo que depende del rol que asuma cada uno. Me sentí identificada con la mujer latina corajuda y empecé a escribir canciones sobre el machismo, la inmigración o el racismo.
De tragos con Paddy
-Últimamente pareces una cantante más global. En tu disco versioneabas a Lucinda Williams y Blue Nile y has colaborado lo mismo con gente del folk como Kepa Junkera que del pop y el rock como Café Tacuba, Bunbury o Lamari (Chambao).
-No sé si más global, pero puedo representar a las cantantes de mi generación. Mis referencias musicales son muy diversas porque me crié en las culturas indígena y anglo y, por otra parte, me encanta trabajar con gente que admiro o de la que creo que puedo aprender, sobre todo si están muy alejados de los que hago. Es una pena que Kepa no pueda estar en Bilbao el día del concierto.
-También cantas un par de temas en el nuevo álbum de los Chieftains con Ry Cooder.
-Sí, dos sones conocidos de Veracruz y Jalisco (‘La iguana’ y ‘El relámpago’). Han hecho un disco maravilloso sobre los irlandeses que combatieron con México. La grabación fue una experiencia genial. De gente con su vitalidad siempre se aprende, pudimos intercambiar bailes y tomarnos unos tequilas. Y pude comprobar que a los irlandeses no sólo les gusta la Guinness. Tanto Paddy (Moloney) como yo somos expertos en canciones de cantina (risas).
-También colaboró la veterana Chavela Vargas, con la que te han comparado.
-Sí, tuve la oportunidad de conocerla hace tres años, cuando hice ‘La cantina’. Es un personaje casi mítico, me platicó mucho sobre la historia interna de las canciones que interpretó, me dijo incluso las cantinas y las circunstancias en que se escribieron cuando ella y José Alfredo Jiménez compartían borracheras. Fue un privilegio conocer a alguien que ha tenido una vida tan intensa y apasionante.
-Llegó a declararte su sucesora en vivo ¿no?
-En su concierto de despedida en México, fue un poco abrumador.