Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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Buen ambiente y expectación latente el jueves en el Bilbaína Jazz Club para comprobar la interacción entre el contrabajista tejano de 32 años Edward Pérez y sus dos escuderos israelíes, los tres avecindados en Nueva York: nuestro admirado pianista Shai Maestro (habitual de Avishai Cohen y capaz de extraer diversos sonidos y ninguno titilante al teclado eléctrico del club) y el impactante baterista Ziv Ravitz (quien cosechó unas tres ovaciones tras sendos ataques de perfección mecánica en el que sus cuatro extremidades parecían formar parte de los parches). El trío ofreció dos pases, el primero de 5 piezas en 53 minutos, el segundo de 7 piezas en 65 minutos con dos bises (el último, un improvisado ‘26-2’ de Coltrane). Operaró muy conjuntado, empastado, llenando huecos, sin dilatarse más allá de lo necesario, sin descollar un miembro en demasía sobre otro, elaborando con la misma pericia folk oriental, sentidas baladas after hours (‘Realidad triste’, pero en portugués), modernismos (‘The Year Of Two Summers’), un estupendo, elevado solo de contrabajo dotado de un infrecuente dominio de las melodías a cargo de Pérez (‘Lejana’), funk rematado con reggae improvisado (¡los hebreos se dejaron llevar e imaginaron dub!) y una balada gospel en el primer bis que nos recordó al ‘Georgia On My Mind’ (‘Holy Holy’).
Actuaron con complicidad visible entre los dos israelitas y constante pureza facial de Pérez, quien ponía los gestos de Kepa Junkera, incluso sacando la punta de la lengua. El propio Pérez nos adelantó así como sería el bolo y los paréntesis son nuestros: «Llevaré una variedad de temas propios a Bilbao, incluyendo una canción de cuna para mi sobrina (‘Sweet Tea’, con lucimientos de piano y batería), un tema funk al que Shai me ha vuelto adicto (‘I Never Though’, largo, primero esquelético, luego urbano, después también telefílmico y con el infeccioso epílogo reggae con ecos bateristas dub), un tema inspirado en una combinación de folklore búlgaro y afroperuano (‘Festejo For Sofia’, con percusiones, ondas de clásica, etc.), uno inspirado en un cuento de hadas (no caemos cuál puede ser), u otro titulado ‘Ciclogénesis explosiva’ y basado en mis experiencias en una previa gira por País Vasco (este le salió temperamental, incisivo y circular, con otra borrasca baterista). Lo que más me gusta de las giras es la oportunidad de tocar un mismo repertorio de seguido, siempre buscando nuevas formas de tocar los mismos temas. El grupo lleva tiempo tocando estos temas y estamos ya a un nivel de familiaridad con este repertorio que nos permite reinventar los temas cada noche». Y la gente acabó encantada.