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MÚSICA

Les bastaron unos meses para convertirse en leyenda. Casi treinta años después, se despiden... ¿para siempre?
11.08.08 -

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Stray Cats (Barakaldo). Tupés, tatuajes y rock
No fueron los primeros en reivindicar el frenesí del rockabilly surgido de maridar el blues y el country. Gente como Crazy Cavan, Dave Edmunds, Matchbox o Robert Gordon había mirado antes al rock de los cincuenta sin lograr poner al día su espíritu rebelde. La necesaria sangre fresca revitalizadora del género llegó en los ochenta con ellos, con la inesperada y arrolladora eclosión de los Stray Cats.
En los días del punk tardío y el primer tecno-pop, nada apuntaba a que tres imberbes americanos de entre 15 y 17 años, que no habían crecido en Memphis o el orgulloso sur sino en Nueva York, acabarían por triunfar en medio mundo y obligarían a la entonces naciente MTV a explotar su arrogante y juvenil estética greaser de tupés rampantes, tatuajes gatunos, guitarras Gretsch y vibrante y afilado rock and roll cincuentero.
Corría 1979 cuando Brian Setzer, hasta entonces guitarrista de los Bloodless Pharaohs, se unía al contrabajista Leon Drucker, alias Lee Rocker, y el erguido baterista minimal Slim Jim Phantom (James McDonnell). Convencidos de que en Estados Unidos les costaría trascender la escena revivalista o el circuito subterráneo de las anacrónicas bandas de bareto, decidieron irse a Londres con lo puesto.
En el suelo
El hoy icono del rockabilly y el swing Setzer recordaba en su última visita en solitario que llegaron a dormir en el suelo de la agencia de contratación que acabaría haciéndose con sus servicios. Pero sus primeras actuaciones, alineados frente al público, fueron elevadas a la categoría de acontecimiento por la prensa musical británica, siempre veleidosa y propensa a las novedades. En un abrir y cerrar de ojos firmaron contrato y dieron el bombazo en 1980. «Fue increíble, en poco más de seis meses pasamos de escuchar a los Stones en casa de nuestros padres a girar por todo el país como teloneros suyos», evoca Slim Jim Phantom.
De vuelta en Estados Unidos, Stray Cats descubrieron que en sus cuentas de Suiza no había pasta porque su mánager les había timado. Lograrían emular el éxito en su país con tres años de retraso gracias a un recopilatorio de sus dos primeros trabajos, pero allí no dejaron de ser un grupo adolescente y, como tal, su impacto pasó pronto. El escaso eco de su tercer disco precipitó la separación de un trío para el que todo ocurrió demasiado rápido y demasiado pronto.
Setzer se embarcó en una intensa carrera en solitario que le llevó a propiciar el revival del swing en los 90 y, recientemente, a rendir tributo a Sun Records y flirtear con la música clásica. Tanto él como Phantom –que se casó con la actriz y modelo Britt Ekland– han aparecido en la gran pantalla en filmes como ‘La Bamba’ o ‘Bird’, y los tres han seguido tocando de una forma u otra, pero ahora han decidido poner un nuevo epílogo a su legendaria formación con una «definitiva» gira de despedida que concluirá casi tres décadas después de sus inicios en Long Island.
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