Falete debuta en Bilbao para estrenar tres trajes y su tercer disco, ‘Coplas que nos han matao’ (Columbia), que le salen aflamencadas, a veces salseras y siempre descarnadas y desbordantes. Nos atiende a última hora de la mañana, recién levantado y desayunado.
-¿Te consideras más cantante de copla o de flamenco?
-Yo diría que 50-50. Siempre la inclinación va más hacia la raíz, y la mía es más flamenca que folclórica, digámoslo así. Pero digo 50-50 porque amo los dos estilos de la misma forma.
-Todo el mundo puede cantar, pero ¿cómo se comunica?
-Haciéndolo de corazón es como tú expresas y le haces llegar al público que es realidad lo que estás contando, más que lo que estás cantando, cuidado. Si lo cuentas, si lo expones tal y como lo sientes, es más fácil que el público lo capte, ¿no?
-Has compartido cartel con leyendas como Juanito Valderrama. ¿Los artistas de antes son comparables a los de hoy?
-Distintos totalmente. Y que me perdonen mis compañeros: son muchísimo mejores que nosotros. Los artistas actuales, entre los que me incluyo, vamos a los sitios y ya nos creemos que somos algo. Afortunadamente nos lo ponen más en bandeja. Entonces pasaban más necesidades y fatigas. Las carreteras eran peores y ellos salían de casa dos días antes y no ganaban ni la cuarta parte que nosotros. Eran otros tiempos. Veo en ellos mucho más compañerismo del que hay hoy.
-El periodista Jesús Quintero, el Loco de la Colina, dice que tú vives y sientes como un artista. Además, que sufres como un artista. ¿Para que el arte sea bueno no hay como sufrir?
-Pienso que sí, porque los sentimientos están mucho más a flor de piel. Aunque seas una persona fuerte de carácter que no lo expresa a la sociedad, sí lo muestras en tu círculo reducido de familia y amistades. Entonces, si tienes cargas que te hacen daño, al subir al escenario te encuentras en tu propio mundo, en tu espacio, donde eres tú nada más. Lo echas todo afuera y sale bordado. Hombre, no es un sufrimiento constante ni mucho menos, porque nadie podría vivir penando.
-¿Por qué has sufrido la última vez?
-Por amor, lógicamente. Hace unos meses. Lo que pasa es que la mancha del amor con otra se quita.
-Un clavo saca a otro clavo: en el amor, las borracheras...
-Ja, ja, ja... Fue por amor, pero bueno, eso pasó, ¿no? Ahora hay género nuevo, que es lo importante.
-Has actuado hasta en Tokio. ¿Cómo son los japoneses?
-Increíbles, je, je, je... De verdad. El conocimiento que tienen de la cultura...
-No te atasques. Puedes decir ‘española’.
-No, no... Yo no me corto porque soy español. Todos somos españoles, aunque después de eso seamos vascos, andaluces, catalanes o lo que seamos. Yo primero español y luego andaluz, por supuesto.
-Ya.
-Pero es increíble el concepto que tienen los japoneses de la cultura nuestra en general. No te hablo sólo de flamenco, también de escritores, actores y de la gastronomía, que por cierto la vuestra es la mejor de España. A mí como la cocina vasca, ninguna. Me pasó una anécdota muy buena ahí, en Japón.
-Cuenta, cuenta...
-Una gente de la compañía empezamos a porfiar sobre una soleá, que es un palo del flamenco. Y vino un japonés y él nos aclaró quién había creado ese cante, en qué año y los distintos estilos de soleá que hay. Yo le dije a una de mis compañeras: “A mí me da vergüenza decir que soy español”. Es una vergüenza que una persona que vive a tantos miles de kilómetros de distancia sepa de nuestra cultura más que nosotros. Ellos son unos enamorados muy auténticos y verdaderos.
-¿En qué partes de España se te recibe mejor?
-Hasta hoy en cualquier sitio. Yo siempre he dicho que no soy el típico artista patriota. En cualquier parte he recibido ese olé a tiempo, ese aplauso en el momento debido, el calor del público desde que se ha abierto el telón del teatro o desde que yo he subido al escenario. No tengo predilección por ningún lado en el que yo me encuentre mejor, como en casa. Hasta hoy, gracias a Dios, en cualquier parte he sentido mucho amor del público.
-Oye, ¿cuál es tu plato favorito?
-Mira, a mí me gusta mucho más el pescado que la carne. De cualquier tipo y de cualquier forma: frito, guisado...
-¿Qué opinas del de piscifactoría?
-Yo no quiero eso. Igual que el pollo que lo engordan en nada de tiempo, que no me lo den. O igual que el cordero criado con pienso: no lo quiero. Me gusta comer bien. Siempre me ha gustado y pienso que se nota, je, je...
-Alimentan a los animales con pienso y al final comemos pienso.
-¡Esa es la historia! Los engordan con esa mierda que les echan, luego nos los comemos nosotros y así nos ponemos. Aparte de que comemos demasiado, claro. Porque nos gusta.
-¿Se han reído alguna vez de ti por estar gordo?
-No lo sé. En mi cara nunca lo he notado. Haciendo las cosas con educación y respeto no debes ser rechazado ni mirado de forma rara por lo que tú hagas, seas o sientas. Nunca he percibido rechazo y, si lo hubiese notado, yo no me iba a callar, ¿sabes qué te digo? ¡Porque yo no me callo ante nada! Tampoco me iba a afectar... El que está gordo es porque quiere.
-¿El médico te aconseja adelgazar?
Visito muy poco al médico. El especialista de la garganta, el que más veo, me recomendó que me ponga a dieta, por salud, y le respondí que no me da la gana. Todavía hay tela para vestirme y todavía tengo fuerzas para mover mis kilos. Pero un día me levanté y me propuse hacer un poco de dieta. Y nada, en un mes y dos semanas, simplemente cenando un poquito menos, he perdido siete kilos.
-¿Cuánto pesas?
-Ahora peso 114 y mido 1.78.
-¿Y qué comerás hoy?
-Todavía no lo sé porque no he ido a la cocina. Me han puesto el café en la mesa y no he entrado a ver qué se cuece.
-¿Vives con tus padres?
-No, no. Yo vivo en mi casa y lógicamente tengo servicio y eso. Mi madre se viene conmigo por temporadas.
-¿Y dónde vives?
-En el centro de Sevilla. En una casa palacio. Una maravilla del siglo XVII. Con el primer dinero bueno que gané, lo primero que hice fue comprarme mi casa. Pagando un kilo y pico de hipoteca todos los meses, también te lo digo. ¡Que no la tengo ‘pagá’! ¡Que me quedan 30 años! Al menos, que no me falte salud...
-Tienes tres discos. El primero, ‘Amar duele’.
-Para mí fue un sueño hecho realidad. Mis tres álbumes van en la misma onda y de todos he conseguido el disco de oro. De oro real. Con piratería hubiesen alcanzado el platino.
-Le siguió ‘Puta mentira’.
-Fue algo que me propuse hace mucho y lo conseguí: que Manuel Alejandro me hiciese un disco.
-El nuevo es ‘Coplas que nos han matao’.
-Este es más Falete. Si tú analizas, hay una ranchera, pero yo la canto por rumba, un palo flamenco. Si hay un tema de Chavela Vargas, lo llevo al flamenco por los matices de mi voz. Es la onda. Como hacía Bambino en sus años, que cogía todos los temas sudamericanos y los versionaba por bulerías, por rumbas. Si cantaba un bolero, más que latino era sureño de aquí abajo. Es un flamenco festero, para entenderlo bien.
-¿Cómo será el concierto del Arriaga?
-Repasaré los tres discos en hora y 45 o dos horas. Llevo dos guitarras, un teclado, dos percusiones, cuatro voces de coro, un bailaor... La verdad es que el espectáculo es muy bueno. Hay una parte instrumental, sólo de los músicos; otra parte en la que el bailaor hace un baile y terminamos en un fin de fiesta, sin micros ni nada, todos a’lante, un poquito a la antigua usanza, digamos. Este espectáculo lo llevo haciendo desde enero y no cansa. Se me hace ameno.