Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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Miércoles con muchas propuestas en Bilbao. Descartamos a Peter Hammill, también a The Fakeband tributando a Dylan, y empezamos la tarde en el FNAC con la grácil, tímida y cercana Russian Red (Lourdes Hernández), neocantautora española con un melisma vocal arrobador. Estrenaba su segundo disco, ‘Fuerteventura’, en un recinto repleto de veinteañeros disciplinadamente sentados en el suelo, y lo hizo en dúo desnudo y acústico. En 24 minutos repasó seis temas, una ensoñación etérea de la América de los 50 con añejo country flotante (‘Everyday, Everynight’), ecos de Brenda Lee encadenados al dramatismo de los grupos de chicas de los 60 (‘I Hate You But I Love You’), la melancolía eterna de Hank Williams (‘Fuerteventura’), algodonoso pop-a-billy actualizado (‘January 14th’), arreglos vocales entre la cámara y la new age (‘Nick Drake’), y una versión de Los Campos Magnéticos argentinos (‘All My Little Words’), la única en castellano, parámetro de su potencial natural. Enamoradora.
Cerramos el día en el Kafe Antzokia, viendo a la superbanda del nigeriano Femi Kuti, el primogénito del creador del afrobeat Fela Anikulapo Kuti. Vino con una formación multitudinaria, un lujo para un club que solo medió su aforo con veinteañeros perrofláuticos, muchas mujeres bailonas y casi ningún africano (cuatro contamos). La colorista big band (cinco metales, batería y percusión, bajo y guitarra, teclados) vestida de naranja y adornada por tres bailarinas con bikini, pareo y collares, descargó pilotada por Olufela Olufemi Anikulapo Kuti, vestido de verde, agitándose como un hechicero en trance, alternando los instrumentos (saxos, teclas...) y comunicando con el personal (él decía la-la-lá, nosotros lo-lo-ló).
Sin parar protagonizó unos 18 temas en dos horas exactas que apretaron en el afrobeat aunque los metales no sonaron nítidos. El fragor fue constante, se impuso el groove bailón (el verdadero waka-waka), palpitó el ritmo del funk jamesbrowniano (‘Beng, Beng, Beng’), se sugirieron el rap y el dub, hubo un par de reggaes (‘Dem Bobo’, uno), el jazz se tapó (¡ese solo de saxo de Femi soplando una nota sostenida más de un minuto!) y el embajador de la Unicef Kuti nos hizo alzar las manos (‘Sorry Sorry’) y sermonéo buenista, como en ‘Africa For Africa’, donde cantó sobre hermandad y pidió eliminar los confictos intestinos, lo que dio pie al filósofo Fito Anikulapo Pato a sentenciar: «Desde Bob Marley seguimos igual».