Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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El torrencial cantautor-pianista argentino Fito Paéz (Rosario, 1963) actuó en solitario el lunes en el Teatro Campos ante un cuarto de aforo, poco más de 200 espectadores, cifra escasa para su leyenda, pero público entusiasta y entregado al cantar desafinado y al dar palmas emocionado: «palmas no, que lo arruinan todo», conminó en una ocasión el artista. En 81 minutos Fito hizo 18 piezas, revelando algunas muestras de su maestría al piano de conservatorio y de valentía al abrir el bis solicitadísimo durante tres minutos entonando a capella y sin micrófono ‘Yo vengo a ofrecer mi corazón’.
Trajeado y encorbatado, con pelo rizado y barba (¡había un doble suyo en la platea!), Fito enamoró a sus fans de ambos sexos, se salió al piano (ese truco de barajar en ‘Dar es dar’) y en la primera mitad cantó regular, como cansándose al final de los temas. Después nos confirmaron que actuó un poquito enfermo y su falta de fuerza fue evidente en títulos como ‘Llueve sobre mojado’ y ‘11 y 6’. O sea que el músico se defendió mucho mejor al piano: clásico en ‘Desarma y sangra’ de Charly García, inspirado en Nueva Orleáns en ‘Y dale alegría a mi corazón’ y empapado de rock and roll barrelhouse en ‘El chico de la tapa’.
No obstante, a partir de la décima pieza Fito pareció funcionar mejor y se impuso a sus limitaciones, quizá recuperado por entrar en calor y beber mucha agua. Tornóse dramático (‘Tumbas de la gloria’), emocionó con sus hits (‘Un vestido y un amor’, la de «te vi»), resolvió un cover tan difícil como ‘Gracias a la vida’ de la chilena Violeta Parra, se desbordó sentimental en el blues ‘Al lado del camino’ (su mejor pieza), rocanroleó de nuevo en plan su paisano Morís (‘A rodar’) y cerró el bis triple con otro hit redondo, el pop ‘Mariposa technicolor’.