Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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Intenso y compatible jueves de conciertos de tres cuartetos ante audiencias mixtas y con numerosos momentos mágicos y felices. Abrimos boca en el Campos, en la tercera cita del primer ‘Izar & Star’, donde estrellas locales reinterpretan a estrellas universales. Ante medio aforo actuaron los bilbaínos Sonic Trash (ex Ya Te Digo), que versionaron a la Velvet Underground con actitud alternativa y dos buenas guitarras Telecaster. El ‘Rock ‘n’ Roll’ les quedó regular (pero no mal, incomparable, no más) y demasiado indie el ‘There She Goes Again’, pero en 51 minutos y doce títulos supieron manejar los difíciles momentos narcóticos y lisérgicos (hinduísta ‘Venus In Furs’, muy bien resuelto ‘Heroin’ con sus sube y baja), reforzaron con ritmo rock algunos éxitos (‘White Light / White Heat’), alegraron otros (‘What Goes On’, ¡estupendas guitarras!) y alcanzaron su cima con una superrocanrolera ‘Guess I'm Falling In Love’.
Para estrellas, los Cuatro Fabulosos de Liverpool, a los que los ingleses The Cavern Beatles clonaron a la perfección en sus pinitos en un casi lleno Kafe Antzokia. Aparecieron con botines, uniformados con trajes fieles y peinados con flequillos (¿el de Paul McCartney no era bisoñé?), y oficiaron con cara de felicidad, saltitos reprimidos y tan educados que nos regalaban reverencias de agradecimiento. El respetable era transversal, las chavalas abundaban, un niño flipaba en el lateral del escenario, y todos cantábamos uuuhhh, yeah-yeah y demás. En su primer pase, en una hora clavaron 19 piezas que nos retrotrajeron en el tiempo. Los cavernícolas se salieron en ‘All My Loving’ (la gente la coreó entera y Pato aseguró que se debía a que Los Manolos la popularizaron y sonaba en todas las romerías), ‘She Loves You’ (brazos en alto extáticos) o ‘Help’ (más chillidos), el zurdo McCartney cantó el ‘Yesterday’ a solas con la acústica, y las versiones les quedaron superauténticas: cool Chuck Berry (‘Roll Over Beethoven’), rocabilesco Carl Perkins (‘Everybody’s Trying To Be My Baby’) y apoteósico el final chillón y negro con el casi tex-mex ‘Twist & Shout’ (Isley Brothers) y el alborotado ‘Long Tall Sally’ (Little Richard). Para el segundo pase se cambiaron los trajes, atacaron el repertorio adulto muy bien pero sin magia (‘Day Tripper’, ‘Taxman’...), y nos piramos para mantener el sabor de boca.
Y la estrella del jazz contemporáneo Kurt Rosenwinkel frisó el colapso del aforo del Bilbaína Jazz Club en nuestro cierre de la jornada del jueves. Su segundo pase, de cinco o seis piezas en 67 minutos (bis incluido) y tras la medianoche, le reveló como un mago de la guitarra melódica, más vivaz que su maestro Metheny, menos divagante que su influencia Bill Frisell y cuando quiere tan suave como George Benson. Tocando sobre una pedalera que parecía una exposición robótica, tarareando con los labios y parpadeando sin parar, el yanqui Rosenwinkel fue capaz de arrasar con bop tropical, sugerir con swing astral y centrifugarnos con fusión mientras se apoyaba en un cuartero con piano de cola (un extra en el club) y un baterista negro (Justin Faulkner) que levantaba ovaciones boquiabiertas.