Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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Una paella espacial de jazz fusión y new age orientalista cocinó el percusionista hindú Trilok Gurtu el lunes en un desangelado Teatro Arriaga durante lo que fue la inauguración de la nueva temporada del programa municipal 365 Jazz Bilbao. Y la paella con aromas escapistas y efectos a veces espiritistas la elaboró junto a una banda que, según él bromeó en su presentación, parecía sacada de las páginas amarillas debido a su proveniencia global: teclista y saxofonista japonés, orondo afrobajista de la Isla Reunión índica francesa, guitarrista malagueño-hamburgués, violinista itálico que soportaba gran protagonismo, más el líder indio.
Juntos, en 90 minutos clavados, los mismos que se indicaban que duraría el concierto en el lobby del teatro, dibujaron un repertorio al principio atenazado por la escasez de respetable, luego más fluido debido a la interacción musical entre el quinteto, y en el epílogo hasta palmero, populista y participativo. Cada miembro aportaba sus pinceladas al cuadro, así el nipón se ponía funkie a lo Bill Evans o muzak a lo Grover Washington Jr., el violinista jugaba con gitanismos onda Stéphane Grappelli en concordancia con el líder, el guitarrista poco podía colar similar a John McLaughlin / Pat Metheny, el bajista sostenía el ritmo y el preciso Trilok Gurtu los miraba a todos, dirigiéndolos, y varias veces se marcó solos no demasiado morosos (estupendo el que inventó sonidos ventosos y acuáticos ceremoniales, magistral su demostración final al cajón flamenco...) y casi siempre supo conducir sin aspavientos una cita en la que al final se dejó llevar por la comunicación directa con el público, al que espoleó en italiano, español e inglés.
Títulos como ‘Monk-e-desh’, ‘Passhas Love’, ‘Kuruksetra’, ‘Kalauati’ o ‘Maya’ jalonaron hora y media de paella con neofolk violinista, algún solo con frialdad de masterclass, progresividad espacial, new-age etnicista, scat vocal de un Gurtu que a veces se asemejó a Lola Flores, y su investigación percusionista. Al acabar, como llovía, Pato, quien durante el recital sólo alcanzó a expresar que Gurtu se peinaba como Georgie Dann pero en canoso, esperó y espió en el lobby, memorizando estos comentarios de la gente: “Dos decían qué coñazo, otros que lo habían flipado y otros que debían haber traído a las mujeres”. Como en botica, ya oyen.