Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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Sendos cantautores rock actuaron el sábado en Bilbao: el paisano Edu Basterra, de bagaje jazz, estrenó su disco ‘Crónicas locales’ en un Campos lleno de forofos, y el yanqui Willie Nile, con deuda stringsteeniana, divulgó su álbum ‘The Innocent Ones’ en un electrificado Kafe Antzokia. Edu Basterra (Bilbao, 1959), alias Baxter, ofició nervioso a pesar de su experiencia y del respetable a su favor: sentada a mi derecha, su nonagenaria madrina; tumbados en el suelo, un montón de niños; de pie en torno a la barra, sus amigotes. En 81 minutos le dio tiempo a desgranar 19 temas en sexteto, acompañado por una banda electroacústica algo tímida, con una corista a su diestra y, semiescondido, un juvenil guitarrista amplificado que colocaba pulcros pero chulos arreglos y punteos.
Costumbrista y localista, en general Baxter no salió de Bilbao, se abrigó con la tierna nostalgia de su propio pasado (¡dos canciones sobre máquinas de petacos!), se arrimó bastante al pop irónico y directo de Sergio Makaroff, su primera persona a veces remitió a su ex patrón Fito, invitó a un saxofonista y al cantautor rock local Bilillo (quien se lució en su ‘Amor zulú’, la de «ya me he empachado de fidelidad a mis colores y a mi hogar»), proclamó que ‘La música no es gratis’, y en el final eléctrico los seis participantes se soltaron con R&B de Nueva Orleans (‘Mary Jane’), rock vía Frank Zappa (‘Duyunouguanaimin’), su último single (el algo indie ‘Martín quiere ser un superheroe’) y, en el bis, dos rocks rotundos, uno sureño (‘Mantis religiosa’) y otro entre Tequila y los Status Quo (‘Petacos’). Estuvo bien la cita, y cuando se les pasen los nervios estará mejor.
Firme y seguro como un canguro operó en el ansioso Antzoki Willie Nile (Buffalo, Nueva York, 1948), tan dominador de la escena que cuando bajó dos veces a tocar entre el público nos dimos cuenta de que es muy bajito y que quizá por eso luce un imposible peinado que le explota hacia el cielo. En 119 minutos intensos lanzó 21 piezas en las que buscó la épica noctívaga (‘Run’), soñó cambiar el mundo a base canciones (‘One Guitar’), miró al futuro (‘Give me Tomorrow’) y armado con su Telecaster remitió de mil maneras más a su maestro Springsteen: al Boss alegre y barraquero (‘House Of Thousand Guitars’), al solemne al piano (‘Streets Of New York’), al vitalista y folclorista que firmó el homenaje a Pete Seeger (‘The Innocent Ones’), etcétera.
En formato quinteto (los tres músicos yanquis estaban reforzados por teclados y guitarra españoles; estupendo el astur Jorge Otero a los punteos), rompiendo barreras idiomáticas mediante cercanía, sinceridad e himnos, comunicándose desde Nueva York al resto del mundo (ecos de vecinos como Marah, Jesse Malin, Mink DeVille, Elliott Murphy...), Willie Nile dedicó títulos a Roger McGuinn, Jeff Buckley y Bob Marley (éste un reggae tipo los Clash), cantó a la libertad (‘Singin’ Bell’, en plan Dan Baird), compartió militancia con Richard Thompson (‘Hard Times In America’, dedicado a los obreros... y obreras), se arrimó al pop inglés (‘Rich & Broken’), se puso stoniano (‘She’s So Cold’), se solidarizó con todas las víctimas del terrorismo (‘Cell Phones Ringing (In the Pockets of the Dead)’, la más ovacionada al ser presentada), e intercaló varias versiones con clase: muy bien resueltas ‘Police On My Back’ (The Clash) y la extática ‘People Who Dies’ (Jim Carroll), y no tanto ‘Rave On’ (Buddy Holly) y ‘I Wanna Be Sedated’ (Ramones). Fueron dos horas con apenas altibajos que nos dejaron un agradable sabor de boca. Al acabarlas Willie se ofreció a firmar CDs y demás en el puesto de la entrada... Qué majo.