Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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Un lujo, un privilegio fue el poder ver a Ian Anderson, el líder de Jethro Tull, con banda en un recinto pequeño como la sala BBK de Bilbao. Actuará dos días con el aforo completo y maduro, y nosotros acudimos el lunes y vimos entre el público a Félix Linares y Gontzal Mendibil. El locuaz Ian Anderson operó durante 112 minutos, presentó las canciones, reveló sentido del humor, danzó bufonesco y operó cual maestro, que fue lo que le gritó alguno al acabar el concierto en la ovación en pie: maestro de las letras, de la interpretación a la flauta y la guitarra acústica, de la escena teatral... En su show sonaron 17 piezas de folk progresivo («siempre nos han etiquetado como rock progresivo, pero creo que hacemos más bien folk-rock», introdujo una vez Anderson) a lo largo de un repertorio pulcro, creciente, canónico, brillante, efectivo, perfectamente ejecutado y preferentememente fiel.
En el repertorio predominaron las piezas clásicas de Jethro Tull. Además se introdujeron algunas variaciones instrumentales de música clásica para lucimiento del teclista y el guitarrista, y alguna pieza inédita de Anderson en solitario, como ‘A Change Of Horses’, con aire hindú y hasta junkeriano por el acoredón. Se empezó bien: fusión para ‘Living In The Past’, imágenes de BSO en el instrumental ‘In The Grip Of Stronger Stuff’, el heterodoxo blues de su debut ‘Beggar's Farm’ con un punteo a la Les Paul del teutón Florian Opahle en plan el llorado también por nosotros Gary Moore...
Se colegían trazas folk, se colaban agresivos arreglos progresivos y se fueron alcanzando momentos brillantísimos, gloriosos casi, sobre todo en el pináculo de la cita, la revisión de ‘Thick As A Brick’, un tobogán donde se notó que Anderson no llegaba con la voz, pero que lo sabe disimular. ¡Y con qué humor al acabarla rechazó los aplausos entregados! Para el final reservó ‘Budapest’, con los músicos demostrando virtuosismo, y un ‘Aqualung’ que lamentablemente ha cambiado en demasía mutándolo en afrancesado, restándole electricidad y rematándolo con una rave folk percusionista. Y en el bis cayó ‘Locomotive Breath’, con otro solo blues del joven teutón. En el pasado lustro Silvia, Torkel y Pato han podido ver a Jethro Tull en diferentes ocasiones, y coincidieron en que el bolo bilbaíno de Anderson estuvo mucho mejor que con la banda madre, eso que comparten dos músicos ambas formaciones: el teclista O’Hara y el bajista Goodier (y a veces el chaval de la guitarra, Opahle).