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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 febrero 2012

Ocio

MÚSICA

Los ‘magos’ celebran su XX aniversario con una gira «más desnuda» que repasa sus primeros discos
04.05.09 -

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Mägo de Oz (Barakaldo). «El público es nuestro jefe»
Mägo de Oz (Barakaldo). «El público es nuestro jefe»
Para celebrar el vigésimo aniversario de su gestación, la banda de folk duro madrileña se embarca en una gira por salas que recreará sus tres primeros LPs: ‘Mägo de Oz’ (94) y sobre todo ‘Jesús de Chamberí’ (96) y ‘La leyenda de La Mancha’ (98). Serán seis músicos en tarima y nos lo explica todo el líder, el baterista Txus, que nos habla desde la ‘terracita’ de su casa madrileña, "en el barrio de Begoña, de inmigrantes vascos”.
–¿Cómo cambió vuestra vida con los tres primeros discos?
–Cuando un artista logra por fin publicar un libro o, en este caso, un disco, le cambia la vida, pero no a nivel monetario o materialista, sino que se cumple un sueño: publicar. Los artistas morimos si no decimos lo que llevamos dentro, si no lloramos sobre un papel, un lienzo o una partitura todas nuestras penas. ‘Jesús de Chamberí’ fue una carta de presentación, y con ‘La leyenda de La Mancha’ sí dimos un salto cuantitativo bastante grande, porque fue el primero en que empezamos a vender muchos miles de copias y a hacer giras por todo el Estado español. Ahí sí nos cambió la vida y llego el vértigo de decir: ¡hostias, que esto va en serio!
–¿Ahí os convertisteis en profesionales?
–La gira de ‘La leyenda de La Mancha’ fue nuestra última no profesional. En ella nos queríamos divertir y llevábamos eso de sexo, drogas y rocanrol por bandera. Hay anécdotas... Imagínate chavales de veintitantos años, hoteles que nos prohibían la entrada en Valencia y La Mancha.... Hicimos verdaderas locuras. Y cuando salió el disco de ‘Finisterra’ (00), el de la famosa canción ‘Fiesta pagana’, sí que ya nos volvimos un poquito más aburridos, en el sentido de profesionales.
–O sea más serios. Lo acaban de declarar Depeche Mode: si estás siempre de farra, no aguantas en el negocio.
–Claro, claro. Aparte de que, normalmente, cuando alguien está todo el rato de farra, es porque quiere olvidar algo. Tiene una pena muy grande e intenta taparla, acallar sus demonios de alguna manera. En ese sentido tengo una personalidad bastante autodestructiva. Siempre me estoy peleando con la vida, siempre estoy persiguiendo mis sombras, y la verdad es que soy una persona que con todas sus fuerzas intenta ser feliz, aunque la vida a veces te golpea fuerte. Pero la verdad es que no nos podemos quejar, porque al menos vivimos de lo que nos gusta. Salir a pescar a las 6 de la mañana es bastante más duro.
–Esos primeros discos eran conceptuales.
–Sí, sí, sí... Todos, desde ‘Jesús de Chamberí’ hasta ahora. Yo siempre he visualizado cada disco como una pequeña película o novela. Queríamos dar algo más al público. No hay ninguna razón oculta, simplemente queríamos ser un poco más originales y ya teníamos una propuesta musical que se salía de los parámetros del Estado español. También nos apetecía, ¿por qué no?, narrar cada disco como si fuera una peli. Que la gente con el libreto tuviera un guión, que esas letras se pudieran seguir como una historia.
–¿Cambiarías algo de estos discos viéndolos desde el presente?
–Ju, ju, ju... ¡No! Yo no cambiaría nada. Creo que somos el producto de nuestros errores y de nuestros aciertos, y eso te da personalidad, te hace crecer como persona. Yo en la vida me he equivocado bastantes más veces que acertado, y creo que cada arruga que tengo en la cara es una marca, un beso que he dado, una mentira que he dicho, alguien que me ha dañado o me ha dicho adiós. Y cada cana es un concierto vivido, una gira, un amor que se te ha ido... Creo que jamás cambiaría las cosas de mi vida.
–¿Cómo serán estos conciertos?
–El repertorio repasa los tres primeros discos. Es Mägo de Oz muy desnudo: sin el ‘support’ de coristas, gaiteros, flautistas y teclados, esa fanfarria que llevamos habitualmente. Aquí estamos Mägo de Oz del principio, más desnudos. Esto nació con la idea de que chavales de 14-15 años que son fans de Mägo tuvieran la oportunidad de ver el principio, de dónde salíamos. Y la verdad es que a nosotros nos está viniendo muy bien, pues, aunque nunca huyó de nosotros la humildad, sí que nos estamos dando un baño de cara al ego, tocando en salas pequeñas, incómodas, donde el camerino es el que hay y no puedes pedir más. Y a nosotros, acostumbrados a tocar en estadios y plazas de toros, nos viene muy bien tragar humo y polvo y ver las sonrisas de la gente muy de cerca.
–No es la primera vez que hacéis giras más modestas. Lo cual dice bastante de vuestro amor por la música.
–Sí, sí... Nosotros de vez en cuando hacemos terapia. Después de giras multitudinarias y todo este rollo que es muy trivial, pues la música está llena también de marionetas, cajas de sorpresas y gente muy vacía, de besos regalados sin merecerlos, de vez en cuando nos apetece volver a ganarnos el respeto de la gente en salas, sudando mucho, y eso lo solemos cumplir cada dos o tres giras. Yo no me considero una estrella del rock, sino un obrero de la música en la que mis jefes, mis patrones, son cada chaval que compra una entrada para un concierto o que se gasta equis euros en un disco. Ellos son los dueños de Mägo de Oz y me merecen todo el respeto, porque en definitiva son los que pagan todas las facturas de Txus. Intento darles lo mejor de mí y para eso a veces es necesario hacer ejercicios espirituales.
–Sois muy trabajadores. En año y poco habéis editado el álbum oficial ‘La ciudad de los árboles’, el directo ‘Barakaldo D.F.’ y ahora esta gira. ¿Habéis parado alguna vez cuatro o seis meses?
–No. Qué va. Llevamos al menos doce o trece años sin saber lo que es parar. Imagino que, cuando saquemos el próximo disco, ‘Gaia III’, que será el final de la trilogía que empezamos hace años, sí nos tomaremos un descanso. Esto es porque Mägo de Oz, aun llevando veinte años, aun teniendo nueve discos de platino y uno de diamante por haber vendido un millón de copias, mantenemos la ilusión de los primerizos de grabar cosas y enseñárselas al público. De estar vivos. Yo creo que, cuando llegas a un estatus grande, lo más fácil y peligroso es acomodarse, y yo jamás querría acomodarme. Creo que a la gente hay que darle cosas.
–Es raro que en un grupo el batería sea el líder. ¿Como has llegado a esa posición?
–A mí la palabra líder me suena a Pinochet, a Franco, y nunca me ha gustado demasiado. Quizá soy la persona más conocida, porque yo monté el grupo, soy el letrista y compongo muchas canciones musicalmente también. Pero creo que lo importante es el éxito de Mägo de Oz. Que al de tantos años no nos hayamos separado y no haya broncas entre cantantes y baterías y guitarras es porque gestionamos bien los egos. Esto es como un equipo de fútbol, y el que es bueno metiendo goles es José, el cantante, el 'frontman'. Por ejemplo, yo en directo paso a un tercer plano. Hay que gestionar bien talentos y egos para que cada persona se sienta muy importante en la labor que está haciendo. Tan importante es José como Fran, el guitarrista rítmico, que lleva toda la base de fans y el tema de la página web, como el último técnico que está afinando una guitarra. Eso lo aprendí jugando al fútbol: hay que conseguir una meta entre mucha gente y el resultado final es lo importante, no quién lo haga.
–¿Baterías a los que admires?
–Ah, muchos, muchos: Nico McBrain de Iron Maiden, me encanta. Neil Peart, de Rush... Stewart Copeland, de Police, que me parece el mejor batería de pop que ha habido nunca... El batería de Dire Straits, que no recuerdo cómo se llama (Pick Whiters), me gusta muchísimo... Pero, fíjate, no admiro tanto a los baterías como a los compositores. Yo soy más de hacer canciones. Si me preguntan, digo que la batería la toco porque es el vehículo con el que debo mostrar mi música, pero soy más compositor.
–¿Compones con guitarra, con piano...?
–No, no, no... ¡Con la boca, ja, ja, ja...! Lo grabo todo en cintas. No sé escribir música, empiezo a dar vueltas a melodías y armonías, y así es como compongo.
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