
Carrilleras con ajo y patatas rotas / Foto: Maika Salguero.
Napoleón III y Eugenia de Montijo, emperadores franceses y viejos conocidos de estas páginas, recuperaron el castillo de Artega, en plena ría de Gernika, como agradecimiento al ser nombrado Eugenio Bonaparte como «vizcaíno de origen», decisión que adoptaron las Juntas Generales en 1856. Levantaron un palacio neomedieval adosado a un magnífico torreón, convencidos de que las viejas dependencias no eran merecedoras de convertirse en residencia digna de sus dueños, homenajeando de tal forma a la ‘grandeur’ gótica francesa de las épocas de mayor esplendor.
En su sótano y planta baja ubicaron bodegas y fogones dotados de todo lujo de detalles propios de la tecnología de la época y hasta camarines para alojar a pinches y personal de cocina. En las plantas nobles acondicionaron zonas de recibo, dormitorios principales, capillas y salones, unidos por una escalera de caracol que atravesaba el torreón angular de arriba hasta abajo, como una espina dorsal.
El reino de la parrilla
Muertos doña Eugenia y mesié Napoleón, pasó la torre a manos de la duquesa de Alba, hermana de la emperatriz, y bien entrado el siglo XXI, la propiedad llegó a manos de Garbiñe Azkuenaga, que lo gestiona hoy reconvertido en un precioso hotel y restaurante. Se agradece que pongan en práctica una cocina con pocas pretensiones, cuyo centro fundamental es la parrilla, las terrinas de foie gras con toques de brasa, salmón ahumado Keia servido en tacos, croquetas cremosas de bacalao, arroces, sopas, bacalaos al pil-pil o a la vizcaína y pescados asados, servidos sin fuegos de artificio.
El rabo de vaca lo estofan a la manera tradicional, servido con crema de apionabo, mientras las carrilladas, muy tiernas, se escoltan con ajos y muchas patatas rotas, bien chafadas. Capítulo aparte merece la chuleta de excelente calidad, asada sobre hierros incandescentes. Mi única recomendación es que pidan platos calientes para que no se les enfríe y la acompañen de lechuga tierna, aliñada con aceite de oliva y cebolletas.
Y si les traiciona el sueño, podrán disfrutar de cualquiera de las trece habitaciones de la casa, así que sean Borbones y alójense en las más caprichosas, ubicadas en los torreones exteriores.