
Bacalao a la plancha con aceite de albahaca.
Cuando me preguntan qué demonios es la república del Bidasoa, el enclave en el que se sitúa el restorán de hoy, imagino la cartografía de mi niñez y recuerdo el jardín de Villa Kurlinka, lugar frondoso en el que jamás vi volar moscas, ni frailes, ni carabinero alguno. Pío Baroja deseó un pueblo sin moscas que pudiera presumir de su limpieza, un pueblo sin frailes que exhibiera un sentido del humor saludable y soñó con caminos libres de pasma, en los que el cuartelillo fuera reemplazado por kioscos o bibliotecas.
La primera vez que el escritor Pierre Loti avistó la bahía del Txingudi, se refirió a ella como un paraíso similar al Bósforo, de tal forma que, instalado en su orilla, le inspiró la redacción de su obra ‘Ramuntcho’, configurando buena parte de la novela y envolviendo a sus protagonistas. Algo similar a lo que ocurre con el Jaizkibel, que protege a Hondarribia del mar Cantábrico y alberga mi casa familiar.
A dos pasos de allí se levanta el hotel más hermoso de Euskadi, el también Jaizkibel, ocupando el jardín de la derruida Villa Mendi-Alde o Casa del Alemán, que es como la llamaban en el barrio, rodeada de castaños, cerezos, hortensias y un cedro fabuloso que es vigía silencioso de la finca. Disfruten por tanto de la vida y de sus oportunidades y vuelen hasta el hotel de Diego Rodríguez para gozar de cualquiera de sus 24 habitaciones, el espectacular solarium o la cocina de Igor e Ibon, que escoltados por Luciano y Miguel en los fogones, junto a Mila y todo su equipo en la sala, proponen una cocina sin pretensiones, muy bien condimentada y a precio de ganga.
Corderito local
Comerán fabulosamente un menú compuesto por platos la mar de sugerentes: desde un gazpacho poco domesticado, auténtico y agreste, servido con costrones y crema helada de aceite de oliva, hasta una verdura de temporada, guisantes o espárragos, empapados con huevo escalfado. Busquemos también los raviolis fritos rellenos de txangurro con sopa de pescado, el milhojas de tomate natural con anchoas, la merluza asada con ajoarriero, el bacalao con pisto o un solomillo tierno con champis al ajillo y puré de patata. ¡Ah!, los domingos asan un corderito fuera de serie, del caserío Galtzata Oiartzuarra, guarnecido con ensalada verde y patatas.
Entre los dulces despuntan la crema de vainilla cuajada en tarro de cristal y la refrescante infusión de frutos rojos con helado ‘blanco nuclear’, inmaculado como ese porrón de novias felices que celebran su boda en esta casa única.