
El Txokolo prepara los pescados con auténtica maestría. / Arizmendi.
Entre los azpeitiarras que han dado calor y color a nuestra reciente historia musical, destaca con sobrados méritos el popular txistulari y formidable instrumentista Josemaría de Gurruchaga y Aldasoro, conocido como Txokolo, un tipo que dio origen a una saga de afamados músicos cuando nació en 1881.
Hoy, en un bajo de la donostiarra calle Manterola, a dos pasos de los juzgados de la calle San Martín, del Hotel de Londres y de Inglaterra o del mítico Lanziego, puede verse al gran Txokolo inmortalizado con su txapela, tocando su txistu, que por cierto, allá mismo custodian como una reliquia vaticana junto a su precioso tamboril; Iñaki Illarramendi y su mujer, Mari Carmen, pilotan el lugar desde hace casi treinta años, y ya pueden presumir de haber convertido su parrilla en todo un reclamo para los que buscan una cocina sin complicaciones, sabrosa y con la autenticidad del asador de toda la vida.
Las brasas incandescentes las controla Asier con mano firme, encargado de que permanezcan encendidas sin descanso. Iñaki y Toñi ayudan en cocina a la jefa y Simone atiende a los clientes, acercando hasta la mesa esa cocina sin bobadas que tanto gusta a mayores y pequeños.
Una excelente ensalada de tomate con aceite de oliva gordo y cebolleta es el mejor abrebocas para dar paso a la sopa de pescado, ya saben, excelente fórmula para medir la calidad de una casa de comidas, ¡slurp!, ¡slurp!, hagan el favor de respirar entre bocado y bocado, ¡qué rica!
Carne y pescado rico, rico
Mientras, el revuelto de bacalao desalado, con su sofrito de cebolleta, es buena alternativa a la tradicional tortilla cuajada, pues se asombrarán con el color fosforescente de los huevos que se traen desde Aia. Luego, se hace imprescindible morder una tajada de bacalao a la brasa o frito con pimientos. Alucinarán con las anchoas, inmaculadas, plateadas y bien prietas, cocinadas con prudencia, muy jugosas, perfumadas con su tradicional refrito de ajos, de toma pan y moja que engorda; y déjense seducir por un buen pescado asado o una excepcional chuleta torradita con pimientos verdes fritos y ensalada verde, verdaderamente deliciosa.
De postre, tartas, helados, quesos, escocés o, para los más intrépidos, una cuajada de oveja sin pasar por la nevera… y el deseo verdadero de que el asador Txokolo cumpla años y siga siendo ejemplo de la cocina más sencilla, resuelta sin amaneramiento, ¡viva Rusia!