
Plato de yam som o.
El último palacio de los Napoleón en París fue construido entre 1892 y 1896 por Roland Bonaparte, descendiente del emperador, que quiso poner a buen recaudo los recuerdos de familia y su preciosa biblioteca científica. El grupo hotelero Shangri-La ha comenzado la conquista de Europa desde este monumento situado frente a la torre Eiffel, desde el nobilísimo barrio de Chaillot. Desde los salones hasta el restorán La Bauhinia, se produce un viaje tranquilo de estilos y formas hacia el continente asiático: los sofás encarnados evocan la corte imperial china, rodeados de papeles pintados en tonos pastel y un derroche de delicadeza oriental rematada por una colosal lámpara de Murano.
Acaban de inaugurar el Shang Palace, un restorán cantonés en el que trabajan cinco chefs recién aterrizados desde China, encabezados por Frank Xu, auténtico portento que trabaja a las órdenes del insustituible Philippe Labbé, chef ejecutivo del hotel desde 2009. Vayan al bar y rodeados de maderas nobles y bronces, pidan cualquier cóctel de inspiración asiática, perfumados con raifort, wasabi, salsa de soja, pimienta de Sichuan o jengibre, empujados con una selección de Dim Sum.
La vedette de la casa
¿Mi sugerencia? Beban un Pink Lady, trago inspirado en la neoyorquina Elsie de Wolfe, neoyorquina pionera de la decoración de interiores. Leerán en el menú que algunos platos son especiados y se sorprenderán con una carta que alberga el mejor jamón de las dehesas extremeñas. El día de nuestra visita nos obsequiaron con una torta caliente de caza salvaje guarnecida con higos
El foie gras confitado con pimientas lo pringan de chutney de manzana verde, la vedette de la casa tiene forma de yam som o tailandés, que es algo así como una ensalada de pomelo con gambas, vinagreta de lima, coriandro y chiles, misteriosa como una ciudad perdida en el desierto. Sugestionados por este vaivén de culturas, déjense querer por las endivias glaseadas con crema de trufa blanca y vuelvan a electrocutarse con los singapore fried noodles, fideos de arroz hechos en casa con verdura crocante, coriandro, sésamo, pasta de curri y leche de coco.
Y paséense en góndola por la cristiandad con los gnocchetti en salsa de nueces y Parmigiano Reggiano y vuelvan a la pagoda-style con los otak-otak indonesios, especie de papillot de bacalao con pasta de curri amarillo, coco, lima y albahaca thaï. El curry laksa malayo de fideos con pollo, tofu y soja está soberbio y el hainan chicken rice, un poule-au-pot chinolis, cura el catarro de cuajo y les ahogará todas las penas de amor.