
Besugo al horno. / Lobo Altuna.
Según cuenta el escritor israelí Amos Oz, existen dos soluciones para cualquier tipo de conflicto: la chejoviana y la shakespeariana. Parece ser que los protagonistas de las obras de Chejov, según Oz, sobreviven lamentando sus errores, añorando lo perdido. En las obras de Shakespeare, por regla general, triunfa la justicia. El Kaia Kaipe es asador shakespeariano, que quiere decir que ningún bicho con cáscara o caparazón regresa a los viveros ya que muere achicharrado sobre las brasas de la parrilla o el agua de mar en plena ebullición.
«Un rodaballo mal asado, es un rodaballo que ha muerto en vano». Con esa leyenda como norma de la casa, exhibida con orgullo en el blasón de la familia, llevan padres e hijos atendiendo el lugar desde hace casi 50 años, en un ambiente marinero con la espectacular panorámica del puerto y el mar Cantábrico que vio nacer al mismísimo Juan Sebastián Elcano, hijo de Getaria. El lugar comenzó siendo un bar de cazuelitas; Ignacio Larrañaga y su mujer María Arruti alquilaron una antigua lonja junto a la iglesia parroquial. Ofrecían banderillas, besugos y merluzas preparadas en cazuela... En 1968 se unieron al negocio los tres hijos del matrimonio, Pilar, Juan Mari y María Rosa y ya en 1972 abrió sus puertas el Kaipe, en los mismos bajos del edificio, ampliándose el comedor habitual con una parrilla a pie de calle y una hermosa terraza con increíbles vistas. Los tres hermanos trabajaron manga con hombro en el negocio, hasta que María Rosa y su marido Andoni Arregui, un par de años más tarde, tomaron las riendas del restaurante asador.
Lo mejor allí es confiar nuestro destino a Igor, primogénito de la familia y sheriff parrillero. Si viven atormentados, vayan a verlo y ahoguen su penas en salpicón de bogavante y colas de cigala rebozadas, ¿están mejor?, ¿sí?, aticen pues al camarón, a la almeja limón, al percebe y a la centolla gallega, no sin antes negociar el grueso de la jamada: un sorbo de sopa de pescado, chipirones a lo Pelayo, kokotxas de merluza rebozadas, ijada de mero o mejor aún, su majestad el rodaballo a la parrilla, con su capa de ajilimojili y armiño.
Pediremos flan, helado de queso, crema de vainilla o unas buenas natillas, mientras cuatro capitanes portarán marcialmente al catafalco los restos de la zampada –cáscaras, espinas y huesecillos–, y el festín será honrado con sones militares, ritos de guerrero, café cortado, cigarro habano y cubalibre de ron cubano. Saldremos en marcha solemne, seguida de una salva de cañón, ¡viva Getaria!, no olviden que el Kaia-Kaipe es shakespeariano por sus cuatro costados. ¡Larga vida!