Mediocridad cotidiana
En ‘Espía a una mujer que se mata’, además de los temas obsesivos de Chejov, el ambiente de la pieza habla de la mediocridad, el peso de las circunstancias, la inercia de lo cotidiano y cómo todo ello ha convertido a los personajes en lo que nunca quisieron ser. Y pasa a tratar temas universales como el alcohol, el amor por la naturaleza, la búsqueda de la verdad a través del arte. «Dios, Stanislavski y Genet», en palabras de Veronese.
'Espía a una mujer que se mata'Barakaldo
Cuándo: 1 de noviembre de 2008 (20.00 horas).
Dónde: Teatro Barakaldo.
Director: Daniel Veronese.
Reparto: Osmar Núñez, Malena Figo, Marcelo Subiotto.
Entradas: 15/18 €. A la venta en taquilla, cajeros BBK y www.bbk.es.
«Pura carne. Sin grasa, sin hueso». Es lo que promete el director argentino Daniel Veronese para esta adaptación o más bien reinterpretación de la obra ‘Tío Vania’, de Chejov. Lo que quiere, y hace, Veronese es exponer ante el espectador una pieza teatral en estado puro, en la que el trabajo de los actores lo es todo. «Desarrollo una obra sin querer contar nada en concreto, los temas ya están ahí y es cada cabeza la encargada de sacar sus conclusiones. Si me empeñara en contar algo, seguro que me equivocaría. El público es tan diverso… Yo lo que quiero es hacer teatro», sentencia.
En este caso, como en anteriores, recurre a Anton Chejov. Veronese es un seguidor fiel de la obra del ruso, que no le va a la zaga a Shakespeare. «Durante toda su obra le da vueltas a los mismos temas, que son tan actuales ahora como entonces. Si es posible alcanzar la felicidad en esta vida, si tenemos o no lo que merecemos y si lo alcanzaremos algún día, habla hasta del medio ambiente. Tiene un discurso que podría ser de Greenpeace». Inmediato y cercano, «Chejov expone nuestras necesidades y nuestras angustias de este nuevo siglo. Es una obra de arte, un culebrón exquisito. La gente lo que quiere es que le cuenten historias y eso es ‘Espía a una mujer que se mata’».
Al director le sorprende la forma «tan cuidadosa de exponer sus ideas a través de los personajes. «En otros autores se nota que utilizan a los protagonistas para echar discursos», explica. Son cuatro hombres y tres mujeres –una joven esposa que ya no se permite soñar con el amor, un viejo profesor en decadencia, un médico rural con las ilusiones rotas, una vieja nodriza, una joven enfrentada al rechazo, un hombre lúcido que sospecha que cuando la vida falla se hace necesario vivir de espejismos– inspirados en los de ‘Tío Vania’.
Veronese ha vuelto a mirarlos dos siglos después y el resultado es una pieza desnuda, fuerte y directa, con conexiones con otro de sus montajes, ‘Un hombre que se ahoga’. De hecho, los dos títulos salen de la misma frase de Chejov: un hombre que se ahoga espía a una mujer que se mata. «Es un juego que me hago a mí mismo. La frase es tan poética, crea por sí sola un lugar, y me ha acompañado durante mucho tiempo. Es tan ‘chejoviana’...», explica el director. «El público queda intrigado con los títulos y se pregunta a qué se refieren».
La misma escenografía
En tiempos de crisis económica y personal, «aunque no creativa», también ha reutilizado escenografías. La de esta última pieza es la misma que la de ‘Mujeres soñaron caballos’, versión de ‘Tres hermanas’. «Es un juego: dos espectáculos distintos salidos de la misma frase y dos compartiendo decorados. También, claro, es una trampa que me hago a mí mismo para sentirme más seguro, para no romper con todo lo anterior», se ríe.
Lo importante, sin embargo, no es ese curioso trasfondo, sino «comunicarse con el público». Para ello es imprescindible un buen trabajo actoral. «Yo intento hacer teatro. Así que a mis actores les pido que se acerquen a la obra como si no supieran nada y dejando de lado los prejuicios. El teatro se hace haciéndolo, no pensándolo», anima. Sólo así «vamos a motivar al público».