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ESCENA

Concha Velasco es una prostituta vieja, coja y herida en este terrible drama dirigido por Josep Maria Pou
02.11.09 -

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'La vida por delante' (Santurtzi y Bilbao). Penurias de Madame Rosa
Concha Velasco es Madame Rosa. Una mujer que es capaz de decirle al chico que la acompaña, y al que ella acompaña también: «Quiero que tires mis restos al campo, entre la maleza. No quiero que los médicos me estudien ni me toquen». Madame quiere que la dejen morir en paz cuando llegue el día y que se olviden de ella, que nadie toque su cuerpo para bien ni para mal. Quiere liberarse del todo, al fin. De su historia de violencia, de los campos de concentración, de los hombres que la manosearon cuando era prostituta. A quien le cuenta su vida es a Momó, un joven inmigrante que vive escondido, preguntándose por qué el futuro que buscaba no aparece por ninguna parte.
En la casa de esta mujer herida, y en quienes viven con ella como último refugio en una ciudad hostil, encuentra un rincón para seguir soñando. Porque aún tiene ‘La vida por delante’. El texto de Romain Gary (1914-1980) se hizo con el Premio Goncourt en 1975, bajo el pseudónimo de Emile Ajar, y tiene una versión cinematográfica, ‘Madame Rosa’. Pese a los años transcurridos, la historia de estos marginados y la dureza del entorno siguen estando vigentes.
Ironía, ingenuidad y amor se unen para describir una realidad muy dura en la que hay muchos temas candentes: la soledad, el racismo, el desarraigo, la eutanasia, la violencia, la vejez… Momó tiene toda la vida por delante, si le dejan, pero Madame está de vuelta. Y no se queja. Prisionera en Auschwitz, prostituta, coja, enferma, acoge a muchachos descarriados en un suburbio de París. Su pensión es el punto de encuentro desde el que reflexionar sobre el mundo.
Construir un físico
«Ella es muy conflictiva, pero me aporta mucho. Me aporta la dignidad de la convivencia con seres humanos. Respetar las razas, las culturas, las religiones y las ideologías. Lo decimos con mucha facilidad, pero cada vez lo respetamos menos. No es verdad, no nos queremos, no nos comprendemos. No. Hablan mal de los programas del corazón en la tele, pero ¿tú has visto el espectáculo que dan los políticos?», ha dicho Concha Velasco sobre su personaje.
Ella misma ha construido ese físico, no quería maquilladores ni figurinistas. «Mucha gente me pregunta si llevo relleno bajo las ropas. Nada. Simplemente me dejo, ando como Madame Rosa, que tiene una herida en la pierna. Me la maquillo yo y he conseguido tener una de verdad, de tanto simularla», explica.
La combinación, el sostén y la peluca que lleva la acompañan desde los ensayos; casi todo lo que la hace ser Madame lo ha comprado ella yendo a los grandes almacenes para empaparse del personaje. Quería que fuera algo propio. Salvo una bata, lo demás me lo he comprado, hasta las zapatillas».
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