La punkynobleza de Bilbao
Nació en Bilbao en 1975, y ya hace unos cuantos que vive en Madrid, donde ‘Un paso adelante’ le sirvió para convertirse en un actor conocido que ha ido labrando su carrera sobre todo en el teatro. Eso no le deja tiempo para pasar por Euskadi, así que la nostalgia es mucha: «Echo mucho de menos la energía de Bilbao y su gente, lo que yo llamo la punkynobleza. Madrid me gusta, pero es la jungla», dice. En Navidades recaló en casa, para estar con la familia y los amigos, «ver el mar» y para «ir de potes por el Casco Viejo agarrarme algún pedo mañanero de esos», se ríe. Las tardes, «en casa de amigos». Y luego a vagabundear, «como hacía antes. Por Basurto, porque he nacido allí, también por Berango, Larrabasterra, Gorliz... Por supuesto, acercarme a la ría, a esa poesía decadente que tiene. Ya queda poca, a ver si nos dejan algo entre tanta cosa bonita», anima. «Con las chimeneas y las fábricas, siempre me ha recordado a la ciudad de los niños perdidos», describe.
«Blanca Portillo es arte»
Barroco Teatro Arriaga (Bilbao)
Fecha y hora: Del 11 al 13 de enero (20.00 horas).
Precio: 5,60/20 euros.
Asier Etxeandia ya había trabajado con Tomaz Pandur en ‘El Infierno de Dante’, y desde entonces está convencido de que más que un director es un artista capaz de poner en escena sentimientos. ‘Barroco’, que el actor bilbaíno interpreta junto a la ya mítica Blanca Portillo, puede reunir los más bellos y los más atroces. Porque en este ejercicio de deseo y pasión, el Vizconde de Valmont y la condesa de Merteuil están condenados a amarse y asesinarse eternamente.
-En pocas palabras...
–’Barroco’ es una versión de ‘Las amistades peligrosas’ para la que es importante conocer a su director, Tomaz Pandur: es un artista total, el director con el que más a gusto he trabajado. Él pone a los dos personajes en una tierra de nadie donde están obligados a repetir para toda la eternidad su historia. Algún tipo de dios ha decidido que vuelvan a cometer las mismas atrocidades, a ser los mismos animales, a luchar como dos bestias como castigo.
-Se ha hablado de un duelo de titanes sobre el escenario, entre Blanca Portillo y tú.
–La lucha tiene otros protagonistas. El ángel guardián que interpreta Chema León, la escenografía, la música, el vestuario. Es una obra de teatro redonda, a veces performance, a veces pesadilla, otras es un sueño. Es algo muy puro, lo más hermoso que he hecho en mi vida. Con Pandur he encontrado mi forma de expresarme.
-¿Por qué? ¿Qué tiene?
–Él juega siempre con la verdad, no tiene miedo y profundiza en temas muy difíciles de abordar: lo divino, el amor, la búsqueda... Está muy cerca del cine por esa obsesión de cuidar hasta el mínimo detalle, el movimiento más pequeño. Quiere transmitir emociones, apretar las tuercas al público. Y lo hace con estructuras que no parecen lógicas, no es un teatro naturalista. Hace referencia a lo que guardamos en nuestro inconsciente y nos convierte en voyeurs. Más que una historia, cuenta un sentimiento. De repente salta el resorte en el espectador y se levanta diferente a como se sentó.
-¿Y el actor?
–Yo suelo utilizar una imagen que me parece la que mejor lo explica. Es como tener una pesadilla. No sabes por qué pasa lo que pasa, pero los sentimientos están muy claros. Si ríes, ríes con más ganas; si lloras, lo mismo. Si tienes miedo, es miedo de verdad.
Coreografía de Duato
-¿Qué hace ‘Barroco’ con el espectador?
–No te deja indiferente. Es una historia atroz, de personajes que sufren y que hacen sufrir, que han hecho mucho daño y están encerrados en eso. Es la pasión totalmente envenenada, y la catarsis. Algo tan bello como doloroso. Y la gente se levanta de la butaca queriendo amar mejor, amar bien, de forma sana, sin manipulaciones.
-La escenografía es un personaje importante.
–Es un decorado minimalista, un búnker cuyos muros tienen vida propia, se mueven con sus pasiones, parece que respiran su propia personalidad.
-¿Y la coreografía de Nacho Duato?
–Ha limpiado cada movimiento escénico, no es sólo una coreografía. Ha puesto en pie la alegoría de la lucha entre los dos protagonistas, en la que el mínimo gesto de un dedo ya es información para el espectador.
-Y vuelves a cantar en el escenario, como en ‘Cabaret’.
–Dos temas, pero la mezcla está tan trabajada que no recuerda a un musical. Es que huíamos del musical. Este papel es un antes y un después en mi carrera y en mi vida. Después de pasar por las manos de Blanca, de ver cómo se entrega, nada puede ser igual. Entre todos hemos formado un equipo no de trabajo, sino de vida.