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Raf: Un fraude con mucho tomate

SIN LETRA PEQUEÑA

Raf: Un fraude con mucho tomate

Si cuesta menos de 6 euros y su lugar de cultivo no es Almería, sepa que la hortaliza que acaba de comprar es un híbrido y no la variedad auténtica

23.02.14 - 20:34 -
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Raf: Un fraude con mucho tomate
Su color es de un verde intenso.

Resignados a comer un corcho húmedo insípido, que es en realidad el símil que mejor encaja con la mayoría de tomates que encontramos en los supermercados, saborear una ensalada de auténtico Raf es un placer de dioses. Siempre y cuando, claro está, sea auténtico Raf. Si pagó menos de seis euros el kilo y en su etiquetado figura Granada o Murcia como lugar de cultivo en vez de Almería, desengáñese: quizá tenga suerte y el tomate en cuestión tenga algo más de sustancia que un trozo de poliespán mojado, pero sepa que no ha comprado ese fruto de calidad excepcional de moda en la cocina y que tanto aprecian los gourmets más sibaritas.

Aunque el sector agrícola dedicado a su cultivo no maneja cifras del alcance del 'fraude', lo cierto es que una gran parte de la producción que se vende como Raf corresponde en realidad a sucedáneos que poco tienen que ver con el auténtico. Conocido también como la ‘pata negra’ del tomate, esta variedad se puso de moda hace ya unos años y fue recibida con entusiasmo por los enamorados del tomate con sabor a tomate. Porque seamos serios: todo aquel que tiene más de 40 años y ha tenido la experiencia inigualable de saborear el tomate-tomate, aquel que se cultivaba con mimo al sol sobre tierra y no en invernaderos sobre cubos de lana de roca, aquel que solo se arrancaba de la mata una vez maduro, sabe que poco tiene que ver con esos frutos clónicos que en la actualidad se venden como tales.

¿Pero qué es el tomate Raf? No tiene nada que ver con la Royal Air Force: su nombre es en realidad el acrónimo del término ‘Resistente al Fusarium’, con el que se alude a su capacidad a no ser infectado por este hongo, uno de los principales problemas de adaptación que sufrían las variedades tradicionales de tomate a las condiciones de alta humedad existentes dentro de los invernaderos, cuando estos empezaron a popularizarse cuatro décadas atrás. En origen, su cultivo se localizó en diferentes provincias del Levante español, pero donde alcanzó los mayores niveles de calidad organoléptica fue en Almería. En la actualidad, la producción del Raf ‘pata negra’ se limita a unas áreas muy concretas de La Cañada y Níjar.

El secreto radica en la justa combinación de las especiales características de salinidad del agua y la tierra de esta zona de Almería y su clima, que le confieren su inconfundible sabor dulzón. Su morfología es inconfundible: tiene una forma irregular, ovalada y achatada por los extremos, con profundos surcos que terminan en el centro. Su color es de un verde intenso con trazas que se aproximan al negro en su parte superior; si está muy maduro, y por tanto, muy rojo, habrá perdido buena parte de su encanto.

Vacío legal

El quid de la cuestión estriba en el vacío legal que rodea al Raf, ya que esta variedad no está registrada comercialmente ni existe una denominación de origen específica que la proteja. A finales de los años 90, comenzaron a desarrollarse híbridos que solo un experto es capaz de diferenciar a simple vista. ¿Son Raf? Estrictamente sí, puesto que cualquier variedad de tomate que sea resistente al hongo Fusarium puede denominarse así. Con estos mimbres, la picaresca está servida a través de un doble fraude: por un lado, el consumidor puede encontrar en el mercado presuntos tomates Raf por encima de los seis euros, un precio desorbitado para hortalizas muy normalitas y que deberían costar la mitad o menos; por otra, también hay tomates muy asequibles, a dos euros el kilo incluso, que presumen de ser Raf con el consiguiente desprestigio a la marca.

"El precio lo dice todo", resume Miguel Ángel Arenas, del Comité Regulador del Tomate ‘La Cañada’, integrado por siete empresas que hace unos meses lograron que las variedades cultivadas en esta región –entre ellas el Raf– fueran reconocida por la Unión Europea como una Indicación Geográfica Protegida. Según explica, por debajo de los seis euros "hay que desconfiar"; a partir de esta cifra se pueden encontrar distintas calidades hasta los 12 euros, que es lo que suele costar un Raf de quitarse el sombrero. La variedad de semilla para la producción sí está registrada por la empresa francesa Vilmorin pero, como destaca Arenas, si se "planta en un terreno no apropiado, el tomate resultante no tiene ni de lejos el mismo sabor que nuestro Raf".

A juicio de Arenas, toda esta ceremonia de la confusión va en detrimento del prestigio de la marca Raf y "genera desconfianza en el consumidor". "En la zona de Almería hay cierta cultura de consumir tomates Raf y la gente ya sabe lo que está comprando, pero fuera de aquí el consumidor puede encontrar cualquier cosa con esta denominación", advierte.

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