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Pedaleando las crestas que rodean el Valle de Mena

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Pedaleando las crestas que rodean el Valle de Mena

Una larga excursión por las montañas de este rincón del norte de Burgos, un entorno rico en patrimonio histórico, natural y arquitectónico

11.10.13 - 10:46 -
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Pedaleando las crestas que rodean el Valle de Mena
La ruta nos ofrece vistas espectaculares del valle menés.

La sierra de La Magdalena se extiende desde Villasana de Mena hasta las cercanías de El Crucero, en Burgos. Se trata de una cadena montañosa que no tiene una gran altura pero que, por la morfología de su cordal resulta muy atractiva, ya que forma un balcón natural con imponentes vistas sobre el Valle de Mena. La ruta de hoy crestea por estos montes a lo largo de más de 40 kilómetros, atravesando bosques de hoja caduca, pinares y cuidados nucleos rurales. Una excursión larga y con algunos tramos muy técnicos, pero que nos llevará a conocer hitos como el Camino Real de La Magdalena o el nacimiento del Cadagua, así como también podremos ver uno de los tramos ferroviarios más bonitos de España.

Nuestra jornada arranca en el pueblo de Revilla de Pienza, ubicado a menos de una hora en coche de Bilbao. Nos surtiremos bien de agua porque no hay muchas fuentes en la parte inicial de nuestra excursión. Ascenderemos desde la zona de recreo de esta pequeña población para coger una senda que nos hará pedalear entre campos de labranza. Atravesaremos un trigal por la linde de la finca, lo que nos servirá para calentar los músculos, pues la principal subida del día la vamos a afrontar en estos primeros kilómetros.

Pronto llegamos a la carretera BU-552. Apenas pedalearemos unos cientos de metros por el asfalto para girar a mano izquierda e introducirnos en un bosque bajo de encinas. Comienza la aventura. Nuestro primer objetivo será encaramarnos a la cantera de El Ribero. Subiremos, obviamente, por la parte trasera, por el lado del monte que aún no ha sido explotado, lejos de los enormes escalones de roca. El ascenso no es sencillo. Más por una cuestión técnica que por su exigencia física, que, no obstante, es bastante elevada. El suelo está repleto de piedras. Tendremos que concentrarnos en aporrear los pedales y sortear con el manillar los obstáculos.

Con todo, el esfuerzo merece la pena ya que el entorno es magnífico. Tenemos frente a nosotros una vista de la sierra por la que nos vamos a mover. La tranquilidad que se respira en el camino es envolvente y relajante. Esta primera parte de la ruta es muy solitaria. Es probable que no te cruces ni con montañeros ni cazadores ni lugareños. Tras coronar la cantera (kilómetro 5), con vistas hacia El Crucero y el Pico Bedón, afrontaremos un pequeño descenso que nos conducirá a una nueva subida. Esta vez, la cuesta resulta más fácil de remontar. La pendiente se ha suavizado y la tierra ha aparecido para alfombrar el aspero pedregal.

Pronto llegaremos a una puerta para ganado. La atravesaremos y nos aseguraremos de que quede bien cerrada. Comenzamos aquí a crestear por un paisaje de coníferas y piedra. En algunos momentos disfrutamos de vistas espectaculares sobre Bercedo. Hay puntos donde el camino se arrima al precipicio. Seguimos pedaleando con calma, degustando el frescor de la mañana. Sopla un ligero viento frío que nos hace olvidarnos de que el sol ha comenzado a apretar hace un par de horas en lo alto.

El paisaje cambia tan pronto como giramos a la derecha. Nos introducimos ahora en un vasto pastizal que tiene una curiosa peculiaridad: el constante paso del ganado ha labrado un estrecho sendero sobre la hierba. Resulta divertido seguirlo a toda velocidad. En la zona hay también simas y hondonadas naturales. Alguna de ellas bien pudieron ser utilizadas antaño para dar caza a los lobos. Más adelante, tendremos la posibilidad de desviarnos ligeramente de nuestra ruta para contemplar la lobera de Castrobarto.

El pastizal está cerrado en su flanco derecho por la cumbre del Brazuelo (1.075 metros), que será el punto más elevado de nuestra excursión (kilómetro 13). Para subir hasta su punto más alto tendremos que ir ganando altura poco a poco, en dirección a la antena que nos servirá de referencia. No hay un camino bien definido, sino que varios pequeños senderos van acercándonos progesivamente hacia lo cúspide del pico. En cualquier caso no tiene pérdida. El último repecho es duro y técnico pero anticipa una bajada larga y agradecida.

En la cima del Brazuelo podemos parar a descansar y a observar las imponentes vistas, con los montes cercanos a Espinosa y a Ordunte frente a nosotros. Iniciamos un rápido descenso. No es complicado ni tiene curvas cerradas pero conviene tomar precauciones y moderar la velocidad. La bajada termina en otro pastizal, en el que hay una laguna artificial para que las vacas abreven. Pasado este punto giraremos a la izquierda para afrontar una subida que resulta bastante tendida (kilómetro 15,5).

Nos adentramos ahora en un paisaje salpicado de bosques de encinas y pinos. Tras pedalear unos 5 kilómetros, llegamos al puerto de La Magdalena (Kilómetro 21). Es el punto más accesible para atravesar la sierra del mismo nombre. Antiguamente era el nexo de comunicación más rápido entre los valles de Mena y Losa. El sendero empedrado guarda cierta relación con la calzada de piedra que construyeron los romanos. Restos de esta vía de comunicación, que unía la meseta castellana con Flaviobriga (Castro-Urdiales), aún pueden verse en varios puntos de la comarca. Antes de encarar el descenso podemos desviarnos y ver la lobera de Castrobarto, con sus sólidas paredes de piedra. El camino está señalizado desde el mismo alto, con un mojón de madera.

Tras disfrutar de las vistas del valle de Mena y sus cumbres cercanas, nos disponemos a afrontar el punto más técnico del día. Se puede bajar todo el Camino Real montado. De hecho nosotros lo hacemos. Pero se requiere cierto arrojo y una técnica depurada y cincelada a partir de muchas horas de bicicleta. Aún así no estamos exentos de dar con nuestros huesos en el suelo. Por ello, si no nos encontramos cómodos es mejor que descabalguemos y afrontemos este descenso de poco más de kilómetro y medio a pie. No es difícil echar la vista atrás e imaginarse la estampa de comerciantes y viajeros jadeantes afrontando la dura subida. Solían ir cargados de mercancías, en el mejor de los casos a lomos de mulas o caballos.

Pasados dos kilómetros, la bajada desemboca en un camino ya más ancho y transitable. Pasamos entonces por debajo de las vías de Feve, en una encrucijada a la que parece mentira que pueda llegar el tren. Luego giramos a la izquierda para llegar al núcleo rural de Cadagua, ubicado a unos cientos de metros del nacimiento del río. Sólo hay que desviarse ligeramente para ver las fuentes de este río que penetra en Bizkaia por Las Encartaciones. Merece la pena detenerse a contemplar un viejo puente que salva el curso alto de este cauce fluvial.

El descenso acaba en Lezana de Mena. Tiempo para observar sus casas señoriales y su espectacular casa-torre. Tras una breve pausa volvemos al monte. En camino serpentea entre verdes prados y densos bosques, en las cercanías del Santuario de Cantonad, antiguo complejo eclesiástico al que acuden ahora muchas parejas de la zona a casarse.

Tras bordear una granja desembocamos en una pista que, durante unos cientos de metros (kilómetro 29), discurre paralelo a la carretera general. Arribamos a Irús, donde comenzaremos a subir el puerto de El Cabrio por la vieja carretera. No hay peligro alguno, pero donde sí tendremos que tener cuidado es cuando atravesemos el nuevo vial. Lo haremos con cuidado y desmontados si hace falta. El camino nos lleva ahora por asfalto hasta Leciñana de Mena, un tranquilo núcleo urbano a los pies de El Cabrio.

Saliendo de este pueblo afrontaremos la última ascensión del día. No es muy larga pero sí intensa. La primera parte está pelada y el sol cae con justicia en verano, pero, tras atravesar de nuevo la omnipresente vía férrea, llegaremos a un hayedo tan tupido y oscuro como bello (kilómetro 34). Poco a poco vamos ganando altura, en dirección a Bercedo. La zona es muy apreciada por los micólogos. El tramo final nos devolverá a El Crucero, tras unos kilómetros de sube y baja. Un recorrido final que resulta algo tedioso en comparación a la excitante aventura que hemos vivido a lo largo de todo el día, hasta ese momento.

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