De la huerta al tarro

El final del verano es el momento idóneo para hacer conservas caseras. Te damos las claves

NIEVES FERNÁNDEZ
Lo más habitual es embotar frutas y verduras./
Lo más habitual es embotar frutas y verduras.

Trabajar la huerta está de moda. Sea por la crisis económica o por una cuestión de alimentación saludable, cada día son más los que se sumergen en el apasionante mundo de la agricultura, lo cual les ofrece productos más sabrosos, más saludables y menos costosos, aunque, claro está, la tierra hay que trabajarla para que dé sus frutos. Eso sí, la satisfacción que se experimenta al recoger unos tomates, unas guindillas, unos puerros o unas lechugas de tu propio huerto es enorme y no te digo nada cuando esos manjares aparecen en tu mesa.

Comer productos de la huerta sólo tiene ventajas, pero también algún inconveniente que hay que saber esquivar con inteligencia. Desde luego, uno de los problemas que tiene el consumir productos de la huerta es la menor variedad en cada época del año en comparación con la oferta de alimentos procedentes de los invernaderos industriales, aunque este problema puede solventarse haciendo conservas de productos de los que podremos disfrutar fuera de temporada. Y además, aprovecharemos toda la producción que, de otra forma, se perdería. Precisamente ahora estamos en época de recolectar y meter en conserva algunos de los productos.

Además de verduras y frutas, también es habitual conservar otro tipo de alimentos como bonito del norte o potajes ya cocinados. Los alimentos deben estar suficientemente maduros y deben ser de temporada para aprovechar mejor sus cualidades. En todo caso, sea cual sea el producto que queremos conservar la clave del éxito para conservar bien los alimentos es una buena esterilización de los envases en los que los vayamos a guardar los alimentos. Evitar que no haya ni un microbio en el envase, que esté completamente seco y rellenar sin que queden espacios son aspectos fundamentales para una buena conservación.

Para conseguir una limpieza perfecta de los tarros, primero debemos lavarlos con agua y jabón y aclararlos; después hervirlos durante 15-30 minutos en una olla grande. Para evitar que aparezcan mohos en el interior de las conservas, los envases deben estar completamente secos. Lo conseguiremos metiéndolos en el horno una vez los hayamos esterilizado.Podemos usar los tarros que tengamos guardados de tomate, mermelada, aceitunas... Pero no es aconsejable reutilizar las tapas, hay que asegurarse que están en buen estado, sin óxido, ni golpes, ni restos de humedad. Aunque lo más aconsejable es comprar unas nuevas.

El cierre de los botes se debe realizar con cuidado, podemos utilizar un paño para lograr más presión. Después los coceremos al baño maría sin que el agua llegue a la tapa. El tiempo que dejamos hervir los tarros dependerá del producto. Una vez finalizada la cocción, los tarros se deben dejar enfriar en la olla. Cuando están suficientemente fríos comprobaremos que están bien cerrados herméticamente y que ninguno pierde líquido o ha quedado abierto.

Antes de almacenar los tarros hay que etiquetarlos con la fecha de elaboración y guardarlos en un sitio fresco, sin luz y bien ventilado. Hay que recordar que las conservas caseras se deben consumir antes de un año.

En definitiva, embotar los alimentos que nos ofrece la huerta supone una gran oportunidad para comer rico y sano muchos meses después de que los hayamos recolectado. La técnica es sencilla y con un poco de interés por tu parte, tendrás la huerta en tu despensa durante todo el año.

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