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La lana de Ermenegildo

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La lana de Ermenegildo

Zegna ha hallado un tesoro en las paticortas ovejas merinas de Australia. Con su piel fabrica los trajes más exquisitos

14.07.13 - 21:42 -
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La lana de Ermenegildo
Las ovejas merinas son de cuello y patas cortas.

Zegna vive pendiente de dos hilos: de Stefano Pilati (Milán, 1965) y la lana. El diseñador italiano representa el definitivo enganche con la modernidad. Pilati tomó las riendas de una de las casas más tradicionales de su país después de su desgraciada estancia en Saint Laurent Paris. Sufrió de lo lindo los ocho años que permaneció al frente de la dirección creativa de la mítica firma francesa. Una cascada de rumores y maledicencias le colocaban al final de cada temporada fuera de la compañía, a la que sin convertir en una superventas siempre mantuvo en la cumbre del estilo. Hedi Slimane, uno de los seres más extraños y misteriosos de la moda, terminó de moverle la silla hasta que Zegna lo puso de nuevo en circulación. Pilati tiene por delante un complicado reto: modernizar una compañía con una imagen demasiado clásica.

Recuperado para el negocio, el otro hilo del que pende el futuro de Zegna es su tradición. Es imposible desligar esta casa, fundada en 1910, de sus simpáticas ovejas merinas: compactas y con el cuello y las patas cortas. Así son estos maravillosos ejemplares con los que fabrica trajes de corte impecable que lucen algunos de los hombres más poderosos. Cada colección supone en realidad un viaje al mundo de la lana.

Los directivos de Ermenegildo Zegna suelen viajar una media de doce veces al año a Australia. No por casualidad, sino porque allí, dicen, se encuentran los hombres y las ovejas que producen la mejor lana del mercado. Según los especialistas, la lana merino es la más fina, versátil, duradera y resistente al pliegue. Con sus delicadas fibras dan forma a una exquisita sastrería. Cada tejido se compone de 'muelles en espiral' que se estiran sin romperse. Son fibras tan resistentes y elásticas que pueden ser dobladas 30.000 veces "sin peligro de rotura o daño", según explica Gildo Zegna, director ejecutivo.

Los italianos tienen una sensibilidad especial para conseguir los tejidos más deseados mediante un compromiso ético con las comunidades dedicadas a su recolección. Como Zegna, Loro Piana, otra firma de culto transalpina especializada en el cachemir, forma parte de las sagas concienciadas con la sostenibilidad en la obtención de las mejores materias primas. El todo vale a cualquier precio no figura en el catálogo de sus principios.

Los Zegna empezaron su viaje por Australia a principios del pasado siglo. A Ermenegildo, el patriarca, siempre le interesó comprobar in situ el origen de los tejidos, pero mucho más cómo vivían los campesinos que criaban aquellas ovejas. Entendía que con ellos arrancaba la cadena de producción y que merecían la misma atención que los empleados que trabajaban en su lanificio de Trivero, una pequeña región del Piamonte.

Albergues para niños

"Esto es una cadena. Tú cuidas el animal, pero hay otros que cosen, cortan, dibujan o hacen la campaña promocional. Lo importante es que toda la cadena tenga su rentabilidad", recordaba hace unos años Paolo Zegna. La compañía dispensa a las ovejas merinas el mismo cariño que a las manadas de vicuñas peruanas, otro disputado rumiante en la industria de la moda. Hubo un tiempo en que esta raza, con la que se fabrican ternos cuyo precio puede alcanzar fácilmente los 20.000 euros, estuvo al borde de la desaparición. Los campesinos mataban a las vicuñas para vender toda la piel de contrabando. Gracias a un acuerdo con el Gobierno peruano, Zegna aseguró la pervivencia de esta especie al tiempo que garantizaba una mejor vida a los criadores y a sus descendientes, a los que procuró la construcción de albergues para que los niños durmiesen cerca de las escuelas. Las vicuñas también han salido ganando con el pacto. Comen los mejores alimentos y en lugar de matarlas son esquiladas cada dos años.

Con los criadores de las ovejas merinas, descendientes de los incas, se ha pactado un arreglo similar. Zegna promulgó el Manifiesto de Fibras Naturales. Este compromiso le ha permitido estrechar lazos con los pueblos andinos y tener la posibilidad de elegir "la oveja o cabra y hablar con el cliente antes de hacer un traje por encargo". Pocas empresas de moda pueden presumir de mantener un contacto tan directo y sincero con sus proveedores. "Antes se hacían las cosas mejor, y podemos volver a intentarlo", sostienen fuentes de la compañía. El programa suscrito con los productores australianos está inspirado en los principios del movimiento 'Slow Food': defensa del valor de lo local y el más profundo respeto a los ciclos de la naturaleza.

En terrenos sin arbustos

La operatividad de este singular acuerdo se ajusta al cumplimiento de unas reglas rigurosas. Los criadores tienen totalmente prohibido trabajar con transgénicos y mantener a las ovejas hacinadas o encerradas sin luz. Zegna, por su parte, mima a los animales como si las criara entre en algodones. Los rebaños nunca pastan en terrenos con arbustos para evitar que se rocen la piel.

Así es como Australia se ha convertido en un gigante ovino, pero lo que es hoy se lo debe curiosamente a España. En 1789 partieron las primeras treinta ovejas merinas con destino a Oceanía. Para celebrar la 50 edición de los prestigiosos Premios de la Lana, Zegna, en manos de la cuarta generación de la familia, abandonó sus cuarteles de Milán y se trasladó a Sidney a celebrar la efeméride. Es lo que tiene la moda, que aprovecha cualquier conmemoración para festejarlo por todo lo alto. Zegna, al que los negocios no terminan de irle demasiado bien en España -cerró sus tiendas de Bilbao y Valencia-, trata de reafirmar su posición en el mercado del lujo.

Fue la primera marca occidental en abrir, en 1991, una boutique en China. Sus ingresos superan los 1.100 millones de euros anuales. Además de renovar la línea masculina, el humillado Pilati trabaja en la reinvención de la franquicia femenina, Agnona. Esta vez cuenta con el apoyo de una saga que cree firmemente en su propuesta y el aval de la mejor lana del mundo: la de las ovejas merinas.

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