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Bonamassa, la fábrica del blues

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Bonamassa, la fábrica del blues

El famoso guitarrista neoyorquino se convierte en uno de los músicos más prolíficos de la historia con una treintena de discos y DVD editados en 13 años

13.07.13 - 16:42 -
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El caso de Joe Bonamassa es uno de los más atípicos de la industria musical actual. Cuando las discográficas se muestran más cautas que nunca y analizan con minuciosidad cada proyecto antes de meterse en un estudio, el guitarrista neoyorquino se ha convertido en el artista contemporáneo con más lanzamientos por minuto. Tan solo en los últimos meses, su frenética actividad ha dado lugar a la edicíón de un preciosista disco en directo grabado en Viena (por cierto, el primer acústico de su carrera), un álbum a dúo con Beth Hart ('Seesaw') y su último proyecto experimental, 'We Want to Groove', en el que el activo bluesman se alinea con otros acreditados instrumentistas en torno al grupo Rock Candy Funk Party.

La cosa podria parecer un brote descontrolado de ingenio y creatividad. Pero no. Si este año Bonamassa se ha atrevido a poner tres novedades casi simultáneas en las estanterías, el año pasado lanzó nada menos que cuatro referencias: un álbum en solitario que cultiva en gran parte su blues europeista, otro directo (el tremendo y espectacular concierto del Bacon Theatre de Nueva York) y dos discos con su otra banda alternaiva, Black Country Communion, orientada al hard rock y el blues rock, donde comparte protagonismo con Glenn Hughes, Jason Bonham y Derek Sherinian. O compartía, si se hace caso a las declaraciones de los miembros de este supergrupo de última generación donde las desavenencias han dado paso a un definitivo proceso de extinción. Pero broncas aparte, toda esta ingente labor ha situado al guitarrista neoyorquino en una posición envidiable y, como en la Fórmula 1, con el mayor número de puntos para hacerse con el título de músico más prolífico de la historia. Desde que grabó su primer álbum en 2000, Bonamassa ha publicado una treintena de discos y conciertos en formato de DVD, aparte de las colaboraciones que ha realizado en obras de otros artistas, desde Ozzy Osbourne hasta Paul Rodgers, el malogrado Jon Lord y Buddy Guy. Aunque las claves de su apabullante carrera hay que buscarlas en su amor a la música (tiene tiempo para impartir clases magistrales sobre blues a grupos de escolares con el fin de conservar la cultura musical tradicional) , un infatigable afan de experimentación y la suficiente humildad como para colaborar con multiples cantantes y músicos desde un segundo plano, algunas facetas de su biografía ayudan a entender el fenomeno.

Precocidad. Bonamassa nació en 1977 en el Estado de Nueva York. Pertenece a una estirpe de músicos. Su abuelo y su tatarabuelo tocaban la trompeta en bandas de jazz. Su padre, guitarrista, tenía una tienda de venta de este instrumento y utilizaba su casa como almacén, de modo que el joven Joe pasó su infancia tropezando con las guitarras. Su destino estaba decidido. Hasta el extremo de que a los siete años ya sabía perfectamente tocar la guitarra y a los once ingresó en un grupo con el que telonearía a B. B. King ¡con doce años!. Quienes quieran conocer cómo era el niño, musicalmente hablando, en aquella época, deben buscar el único disco editado por Bloodline, la banda que montó a la tierna edad de 14 años nada menos que con los hijos de Miles Davies y Berry Oakley. Por cierto, entonces Bonamassa vestía camisetas negras y una larga melena que a veces se recogía en una coleta, nada que ver con el estiloso cantante y guitarrista de camisa bien planchada y chaqueta oscura en que se ha convertido después.

Aprendizaje. Con su bagaje iniciático, cualquiera podría pensar que Bonamassa entraría en el circuito discográfico a toda velocidad. Sin embargo, no fue así. El género que practicaba Joe no era el preferido entonces por las discográficas comerciales (hablamos de los 90, la travesía del desierto para numerosos hijos del blues y el rock que, paradójicamente, luego han resucitado), tampoco encajaba en fenómenos mercadotécnicos como Hanson y él mismo, como parte de su herencia educativa, prefirió dedicarse a perfeccionar su técnica y absorber influencias. Capítulo este último que ha permitido al artista mantenerse en una especie de limbo clasificatorio. Aunque es un amante de los sonidos de los años 50 americanos y de los grandes bluesmen de la época, Joe ha vivido con auténtica devoción la tradición británica y, muy especialmente, la obra de Eric Clapton y de Jeff Beck, de quienes se confiesa devoto admirador, lo que ha dado lugar a que sus canciones posean una pátina técnica más propia del viejo continente, pero con el trasfondo de los sonidos más graves y rasposos del Delta. Por otro lado, tampoco es que en esos años se quedara en el sofá. Bonamassa participó en numerosas giras, la mejor forma de aprender, con estrellas de la talla de Stephen Still, para, a continuación, centrarse en educar su voz. De hecho, la primera oportunidad para grabar un disco en solitario la obtuvo de un antiguo productor de algunas de las mejores voces del jazz y el rock contemporáneo, asombrado del poder de la garganta de Joe para el blues.

Productividad. A partir de ahí, todo fue rodado. Bonamassa entró en un estudio de grabación en 2000 para registrar 'A New Day Yesterday' y la sensación es que ya no ha salido de allí. En su historial figuran una decena de álbumes en solitario, a los que se agregan los directos y los discos compartidos con Beth Hart y sus dos superbandas. Curiosamente, es uno de los músicos que, junto con B. B. King y en menor medida Johnny Cash, ha editado un mayor número de conciertos grabados. Y el primero en cuanto a DVD. El asunto puede explicarse por el hecho de que Bonamassa suele registrar todas sus actuaciones en vivo, y se trata de uno de los artistas que mejores réditos genera en los directos dada su espectacularidad y la legión de fans con los que cuenta. De ahí que su compañía no tenga reparos en distribuir cuanto material en vivo tenga a su alcance.

Colaboraciones. Algunos dicen que el guitarrista neoyorquino es un tipo egocéntrico y bastante difícil de tratar. Vale. Parece haber algo de cierto en esa crítica. Y de hecho, la colisión de egos se encuentra en el explosivo final de Black Country Communion, donde ninguno de sus componentes ha tenido reparos en despacharse contra sus excompañeros en prensa y radio. Sin embargo, parte de ese carácter puede residir en el hecho de que Joe es un erudito extremadamente riguroso en su música. Lo que resulta evidente es su contrastada humildad para colaborar de manera casi anónima en discos de decenas de artistas, aparte de apuntarse el primero a la hora de participar en proyectos experimentales o de nuevo cuño. Quienes han trabajado con él aseguran que es un perfeccionista extremo, aunque el tipo ideal que se entrega sin objeciones a un trabajo si se comparte su pasión por la música. La mejor prueba de ello son sus dos discos conjuntos con Beth Hart, otra volcánica y temperamental cantante estadounidense dotada de una de las mejores voces para el jazz y el blues. Ella fue la protagonista absoluta del musical dedicado a la vida de Janis Joplin, lo cual revela mucho de su carácter. Casualmente, poco después de la publicación con Hart de 'Seesaw' (uno de los mejores discos del año, sin lugar a dudas, guste o no el blues o el swing)', Bonamassa ha vuelto a principios del verano al circuito comercial con Rock Candy Funk Party, proyecto experimental en el que comparte cartel con cuatro virtuosos musicos (Tal Bergman, Ron De Jesus, Renato Neto y Mike Merriten) con el objetivo de recrear el funk instrumental de los 70. Pura gozada.

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