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El secreto de Villa

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El secreto de Villa

No deja de ser llamativo cómo consigue el delantero asturiano que le despidan siempre con cariño y le reciban en todas partes con los brazos abiertos

13.07.13 - 20:20 -
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En lo primero que pensé cuando me enteré del fichaje de David Villa por el Atlético de Madrid fue en la afición colchonera desplegando enormes pancartas de apoyo al ‘Guaje’ en el Vicente Calderón y cantando aquello de ‘Illa, illa, illa, Villa maravilla’. (Bueno, miento: antes que en esto, la verdad, en lo que pensé fue en que, por estas cosas de la vida y de nuestra idiosincracia tan particular, el fichaje de Kike Sola le iba a salir más caro al Athletic de lo que le ha salido al Atlético el del delantero asturiano, máximo goleador en la historia de la selección española). Pero, en fin, quiero decir que no tardé nada en imaginar a la hinchada atlética vibrando con su nuevo ídolo y en admirar lo bien que le han ido siempre las cosas a Villa en lo que se refiere al cariño y la gratitud que ha despertado en las aficiones de todos los equipos en los que ha militado.

El repaso es fácil. El ‘Guaje’ es un ídolo para la afición del Sporting, el club en el que se formó y en cuyo primer equipo disputó dos temporadas en Segunda División. También lo es para la hinchada del Zaragoza, al que llegó en 2003 y con el que debutó en Primera y ganó la Copa en 2004. Fue en las gradas de La Romareda donde se forjó el cántico al que me refería en la primera frase de este texto. Del Zaragoza, Villa pasó al Valencia, donde jugó cinco temporadas y se convirtió en el rey de Mestalla. Su siguiente estación fue el Barcelona, donde ha estado las tres últimas campañas y no ha dejado de sentir el cariño del Camp Nou. Han sido muchos cambios de destino, demasiados como para quedar bien en todas partes. Pues bien, Villa lo ha conseguido. ¡Hasta fue capaz de irse del Valencia y que allí le sigan adorando!

No todos saben hacer así las cosas, claro que no. Aquí mismo tenemos algunos ejemplos. Pensemos en dos ilustres exrojiblancos con quienes el ‘Guaje’ compartió concentración en el Mundial de Sudáfrica: Llorente y Javi Martínez. Sólo han cambiado una y dos veces de equipo, respectivamente, pero se han cubierto de gloria. El primero se ha ido del club en el que se formó desde los doce años mintiendo durante meses sobre sus intenciones incluso a personas a las que les debe casi todo lo que es, echando la culpa de su marcha al maestro armero y haciendo una temporada lamentable como despedida. Como para sacarle a hombros, vaya.

El otro, Martínez, también se lució. Negó públicamente que quisiera irse del Athletic cuando ya lo tenía decidido, intentó forzar un traspaso a la baja e incluso envió a su madre a Ibaigane para que enterneciera a Josu Urrutia y el presidente le diera permiso para marcharse por una cantidad mucho menor que su cláusula de rescisión. Y cuando el Bayern le informó de que estaba dispuesto a poner los 40 millones, no dudó en viajar a Munich sin permiso del club. Como se recordará, tampoco lo pidió para entrar en las instalaciones de Lezama unos días después, cuando ya no era jugador del Athletic. Prefirió colarse una noche saltando la valla. Sus amigos aseguraron entonces que estaban seguros de que el de Ayegui no tardaría nada en despedirse de los aficionados rojiblancos. Un año después, ni ellos lo esperan ya. Por cierto, que de todo esto no hayan dicho ni una sola palabra durante el último año los muchos aliados poderosos que Llorente y Martínez tienen en el periodismo deportivo madrileño sólo habla de cómo el amiguismo, la pereza y la desfachatez -también podríamos hablar de un rancio patrioterismo, pero tampoco es cuestión de ponernos perdidos de caspa antes de las vacaciones-, están consumiendo a esta profesión.

Qué contraste con David Villa, que va y viene por los clubes como un señor. En el caso del Atlético, además, el asturiano ha acabado fichando por una cantidad casi irrisoria teniendo en cuenta su caché, lo que sin duda multiplicará su aceptación entre la masa social colchonera. Al fin y al cabo, todos sabemos que a un objeto de valor le cogemos mucho más cariño si lo hemos conseguido a buen precio que si nos hemos dejado en su compra un ojo de la cara. La pregunta es cómo consigue Villa que le despidan siempre con una sonrisa y le reciban en todas partes con los brazos abiertos. ¿Cuál es su secreto para quedar siempre bien? Supongo que habrá muchas teorías al respecto. La mía es que el ‘Guaje’ es un tipo que va de frente. Sospecho que en Tuilla, como en todos los valles mineros, abunda ese tipo de gente. Y no sólo eso. Villa es un profesional de una eficacia contrastada, un futbolista que va de club en club con una maleta cargada de goles. Siempre da lo mejor de sí mismo y nunca defrauda. Villa, en fin, es una garantía. Y cómo se agradece que exista gente así en estos tiempos funámbulos y descreídos.

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