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Las 4 caras de Estambul

hay vida más allá de Taksim

Las 4 caras de Estambul

En la ciudad turca conviven los jeans y las camisetas ajustadas con el chador y la sharia, reflejo de un país dividido entre laicos e islamistas

30.06.13 - 19:07 -
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Hay vida más allá de Taksim. La céntrica plaza de Estambul, escenario histórico de las mayores protestas que ha vivido el país, recupera la normalidad después de más de dos semanas convertida en epicentro de la protesta nacional contra el Gobierno. Los autobuses de dos pisos para recorridos turísticos paran ahora frente a las escaleras del parque Gezi y los guías explican que todo empezó con una acampada en este lugar, la última zona verde del centro de la ciudad, a modo de protesta por los planes del Gobierno de levantar un centro comercial.

El monumento de la República vuelve a lucir limpio de banderas y carteles de la oposición, lo mismo que el gran centro cultural Ataturk, cubierto con dos enormes banderas nacionales y un retrato de la persona que le da nombre, Mustafa Kemal Ataturk, el padre de la Turquía moderna y laica que el gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) trata de islamizar para horror de esa parte de la población que se ha echado a las calles de todo el país. Ya no hay acampada ni barricadas, ahora la protesta es en silencio y de pie, mirando al enorme retrato de Ataturk y leyendo algunos de sus textos. Una protesta que, hasta el momento, la Policía permite siempre que no altere el tráfico.

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La activista alemana de origen turco Mine Dost baila en biquini mientras participa en un acto de protesta en la plaza Taksim.

Los hoteles de la zona están semivacíos. La temporada de verano promete ser dura. Cafeterías, restaurantes y tiendas próximas a Taksim levantan sus persianas sin perder de vista la plaza por si estallan nuevos choques y hay que cerrar de forma acelerada. "Es un desastre para el turismo. Necesitamos un acuerdo entre las partes, no una solución por la fuerza. Los problemas pueden repetirse en cualquier momento", lamenta Murat Bilgin, responsable de una cadena de pequeños hoteles en los alrededores del epicentro de la protesta, una zona célebre por sus bares, terrazas y discotecas abiertas hasta el amanecer.

La sensación de calma tensa y la fuerte presencia policial se relajan según se desciende por la calle Istiklal (independencia) hacia el puente Galata. Una larga avenida peatonal con una línea de tranvía. Aquí se encuentran las tiendas de las primeras marcas internacionales. El trabajo de limpieza ha sido intenso. Apenas quedan pintadas contra el primer ministro y los escaparates apedreados vuelven a lucir cristales. Es el lugar de compras para los que huyen del regateo del Gran Bazar y prefieren pagar los precios fijos.

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La calle comercial donde venden copias de 'marca'. M. A.

Eminonu. El bazar turco

Cruzar el puente de Galata supone un viaje a otra Turquía. En Eminonu no hay rastro de la protesta. Desde aquí se puede subir a las grandes mezquitas o entrar al Gran Bazar, destinos obligados para los 30 millones de turistas que llegaron al país en 2012 (incluidos los cerca de 500.000 españoles), pero también se puede callejear por zonas comerciales más turcas como Sabunçu, en la parte trasera del zoco de las especies. Aquí acuden las mujeres turcas para comprar los artículos para las despedidas de soltera (henna, flores y vestidos tradicionales), las madres que quieren preparar todo lo necesario para la llegada de un bebé, o los ciudadanos que quieren adquirir los famosos 'ojos turcos' de cristal azul para combatir el mal fario. !Hay manifestaciones en todo el mundo, lo que pasa es que nuestros jóvenes tienen más adrenalina en sus cuerpos. Por dos semanas de problemas no se puede poner en entredicho el trabajo de un Gobierno que ha abierto las puertas de Turquía al mundo", opina Yalein Karakia, vendedor de 'ojos turcos' de todos los tamaños y calidades imaginables y "a precios locales, no de turista", insiste.

Es complicado avanzar entre la masa de gente. En los escaparates de las tiendas de telas anuncian la venta de ropa y la confección de cojines del estilo que se usa en la telenovela 'Sultán el Magnífico', que lleva tres años en pantalla y se ha convertido en una cita obligada todos los miércoles a las ocho y media de la tarde. El revival político del imperio otomano impulsado por Recep Tayyip Erdogan tiene su lado mediático en esta serie que arrasa en los hogares turcos. Este es también el lugar para comprar relojes, aparatos electrónicos o falsificaciones a precios turcos. Selim vende bolsos Dolce Gabbana, Gucci y Prada, "son modelos exclusivos, no réplicas. Todo Made in Istanbul", matiza este vendedor de 40 años que ha retirado de su escaparate "todos los modelos de Hermes porque la Policía llega acompañada de abogados de la firma y podemos ir a la cárcel".

Fatih. Bastión islamista

El ajetreo de Eminonu, su vida comercial y el tránsito de turistas desaparecen en apenas unos minutos en taxi. En las proximidades de la mezquita de Fatih, primer templo otomano de relevancia de la ciudad, aunque fuera de los recorridos turísticos, Mariam Tembel vende túnicas negras al estilo de los chadores iraníes. Lleva diez años al frente de la tienda 'Tekbir' y asegura que "el negocio va mejor que nunca y todo gracias a este gobierno que ha traído el bienestar a Turquía". Mariam se presenta como votante del Partido Justicia y el Desarrollo (AKP) y seguidora de un primer ministro que "ha recuperado los valores del imperio otomano".

En las calles de Fatih las carnicerías anuncian que sus productos son Halal (alimentos aceptados según la sharia, código de ley islámico) y que trabajan siguiendo todas las normas islámicas. La gente no oculta su inclinación por el partido en el poder y tiene ganas de hablar con la prensa extranjera para mostrar "la imagen de la Turquía real, lo que se ha visto en Taksim solo es una parte muy minoritaria de esta sociedad", opina Ramazan Caçlar, licenciado en Ciencias Internacionales y natural del barrio.

Responsables municipales de Fatih como Mahmoud Fidan critican al AKP por 'moderado' y lamentan que en Turquía no sea posible la creación de un partido "auténticamente islamista que se rija por la sharia". Fidan, que advierte que Ataturk "no es tan querido en esta zona", ve a los manifestantes como «"ente de clase media y alta, alejada de la religión. Forman parte de la élite que ha dirigido el país desde la creación de la república, pero esto se ha acabado con Erdogan. Ahora los turcos de Anatolia, los turcos de las zonas rurales tienen voz y voto".

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Turistas, en un típico café de Kadikoy, un distrito muy tranquilo. M. A.

Kadikoy. Salto a Asia

Quince minutos en barco separan a los dos 'estambules'. Kadikoy es el puerto principal del lado asiático y su bazar también se ha levantado contra el Gobierno que, como en Taksim, quiere construir una gran superficie. El pequeño comercio cuenta con el apoyo de la municipalidad de distrito, en manos del opositor CHP (Partido Republicano del Pueblo), y "desde hace dos meses nos movilizamos contra este plan que amenaza a una forma de mercado con siglos de historia, lo que pasa es que aquí no ha llegado la prensa internacional", asegura Ali Kiziltepe, dueño de una herboristería, que como el resto de las personas a este lado del Bósforo coincide en que "la vida es más tranquila y barata que al otro lado". En este distrito viven medio millón de personas.

El símbolo de Kadikoy es el toro y este animal tiene una estatua en la plaza de Altiyol (seis rutas), una especie de 'Taksim' asiático donde los 'chapuleros' (indignados) que no cruzaban el Bósforo se concentraban para protestar contra el Gobierno y la represión policial. Los días de las movilizaciones han pasado y vuelve la tranquilidad a los bares, teterías y cafeterías como las de la calle Serasker, donde se ha recuperado la tradición del café turco, que "hasta hace un par de años la gente tomaba en casa.Ahora también lo piden en la calle", comenta el responsable de Cafés Fazil, establecimiento abierto en 1923. Una taza de este café, espeso como la harina y que no se corta con leche, cuesta cuatro liras (1,60 euros al cambio), lo mismo que un expreso en uno de los establecimientos de la cadena estadounidense Starbucks, un precio de lujo para la mayoría de turcos que sigue prefiriendo tomarlo en sus domicilios para leer los posos con calma. En esos posos muchos tratan de descifrar el futuro de un país dividido.

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Barrio de Fatih. Las mujeres visten chador en este barrio islamista. /M. Ayestarán.
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